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ABC VIERNES, 9 DE MAYO DE 2014 abc. es deportes DEPORTES 63 que no pudo con sus fantasmas Otro juguete roto del deporte español José María Chava Jiménez. Falleció en una clínica de Madrid en 2003, dos años después de retirarse del ciclismo por una depresión. Jesús Rollán. El jugador de waterpolo falleció en 2006, a los 37 años, cuando intentaba superar sus problemas de depresión y dependencia a las drogas en una clínica. Teófilo Benito. Especialista en mediofondo, moría en 2004 en trágicas circunstancias al lanzarse al vacío desde la habitación de un hotel. José Manuel Urtain. El boxeador no tuvo suerte en los negocios tras la retirada y acabó arruinado. Murió en 1992 al arrojarse desde un décimo piso. Después de retirarse, Yago Lamela nunca abandonó las pistas, donde solía ir a entrenar con los chavales tas y marchadores. Lo del salto de longitud parecía una extravagancia incluso en aquellos tiempos de vacas gordas. El asturiano lo tenía todo para convertirse en un animal carismático, pero su genialidad como deportista estuvo acompañada por la introspección y el gusto por la soledad. J. PAÑEDA Un chico tímido Su enorme calidad como atleta no le ayudó a escapar de la melancolía Juegos Olímpicos. Dejó el atletismo en 2009 después de sufrir varias lesiones en los tendones que minaron no solo su portentosa zancada, sino también su moral. En 2006 se sometió a un plan de reconstrucción física y anímica en la Escuela de Medicina del Deporte de Oviedo. Un año después se operó en Finlandia de una tendinosis con la esperanza de volver a la competición e incluso disputar los Juegos de Londres, pero tras la rotura de un ge- Destacó desde niño Su bautismo competitivo llegó a los 7 años de edad, cuando participó en una carrera de cross en su pueblo, aunque los técnicos de la Asociación Atlética Avilesina descubrieron que el chico tenía unas habilidades innatas para el salto. Con ocho años superaba los cuatro metros; con trece llegaba hasta los seis y con dieciocho ya era capaz de sobrepasar la barrera de los ocho metros. Labró su enorme prestigio en el Mundial de Maebashi en pista cubierta de 1999, cuando saltó 8,56 metros (récord de España) asustando a un Iván Pedroso que creía tener los deberes hechos. El cubano se fue in extremis hasta los 8,62 para llevarse el oro. La plata de Lamela significó el récord europeo bajo techo, que permanecería imbatido una década: el alemán Sebastian Bayer se lo arrebató con una marca de 8,71 metros durante los campeonatos de Europa celebrados en Turín. El asturiano se mantuvo en la élite hasta 2004, saltando habitualmente más allá de los ocho metros y protagonizando varios duelos con Pedroso, aunque las lesiones no le permitieron brillar en unos melo en un entrenamiento se rindió definitivamente. Descartó seguir vinculado al deporte y se dedicó a otras actividades: estudios de piloto comercial de helicópteros y de Informática. Hace tres años dio un susto al permanecer ingresado durante cinco días en la unidad de psiquiatría del Hospital San Agustín de Avilés como consecuencia de un cuadro depresivo. A su salida del centro sanitario se mostró animado y comunicativo. Me dio un bajón muy grande por la coincidencia de varias cosas negativas y mis padres se llegaron a preocupar mucho Sus progenitores- -en cuya casa volvió a instalarse tras regresar de Estados Unidos, donde cursó los referidos es- tudios de Informática- -le pidieron que acudiera al centro sanitario para tratar de resolver sus problemas. Estuve chungo, con una depresión bastante importante, pero me he recuperado muy rápido. El deporte me ha dado muchas alegrías, pero también muchos golpes; aprendes que lo importante es levantarte y seguir luchando. Y eso es lo que voy a hacer ahora, luchar para superar esto lo más rápidamente posible dijo tras salir del hospital. Su enfermedad ha sido llevada con exquisita discreción por los médicos y por su entorno. Pero el chico tímido no pudo llevar una vida normal más allá de su propia leyenda, la del saltador superlativo que desafió al gran Iván Pedroso. Un talento introvertido ANÁLISIS ABEL ANTÓN C oincidí con Yago Lamela en el Mundial de atletismo celebrado en Sevilla en 1999, que fue una gran fiesta para el deporte español, y el asturiano ya era una estrella. Venía de lograr su récord (8,56 metros) en Japón unos meses antes y la gente esperaba su concurso con muchas ganas. Recuerdo que tras el campeonato, en el que Yago consiguió la plata con otro gran salto de 8,40 metros, nos hicimos una foto él, Niurka Montalvo, Reyes Estévez y yo. Los cuatro españoles con medalla en ese torneo inolvidable. Una imagen que precisamente me pasaron hace unos días. Yago era un chico tranquilo y cordial, pero costaba sacarle las palabras. No era ese tipo de personas con las que entablas una gran conversación. Se veía que era difícil entrar en su mundo. Era muy introvertido y se veía que tenía ciertos problemas de personalidad. Le costó digerir el éxito, tal vez superado por el propio prestigio que supuso para él lograr un récord de España que todavía nadie ha batido. Lo que nunca esperas es que alguien pueda llegar a esta situación. Desconozco las circunstancias que han rodeado su muerte, pero es una tristeza terrible que le haya ocurrido a una persona tan joven. ABEL ANTÓN ES DOBLE CAMPEÓN DEL MUNDO DE MARATÓN