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70 CULTURA DOMINGO, 4 DE MAYO DE 2014 abc. es cultura ABC DOMINGOS CON HISTORIA EN BUSCA DE UNA IDEA DE ESPAÑA FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR Fuera de España una sublime podadera ha comenzado su labor: la guerra. En medio de sus cruentos defectos tiene ésta, por lo menos, una virtud: sacudir la inercia social echando por la borda toda institución caduca Lo que expresaba Ortega en febrero de 1918 venía afirmándose por quienes, como en el resto de Europa, consideraban la Gran Guerra mucho más que un conflicto entre imperialismos. Ofrecía, desde el punto de vista del regeneracionismo y el reformismo, la posibilidad de renovación política radical, de modificación de hábitos culturales y la oportunidad de inculcar en el pueblo un alto sentido de ciudadanía, asumido al calor de su dramática experiencia entre Para los intelectuales trincheras. La pasividad española había encodel 14, la intervención en lerizado a todos los intelectuales que, la Gran Guerra suponía salvo algunos tradicionalistas y el una gran oportunidad caso peculiar de Baroja, entendían la intervención al lado de Francia y Gran de regeneración política Bretaña como exigencia inexcusable de una nación que quiere hacerse respetar. No se trataba de exhibir la capacidad militar española sino de compartir con los pueblos más avanzados su momento de plenitud Peones sustituyendo patriótica, la hora de su apogeo na- a los trabajadores en cional. Incluso para quienes se sen- la huelga ferroviaria en Bilbao de 1917 tían muy alejados de la causa alemana, lo admirable era que aquel imperio reciente hubiera sido capaz de ofrecer a sus compatriotas la oportunidad única de reforzar sus sentimientos de ciudadanía. La neutralidad, que los intelectuales del 14 veían como una ocasión perdida, no impidió la crisis del régimen, ni evitó que se abrieran grandes esperanzas de reforma promovidas con el impulso desatado por los acontecimientos del continente, a los que pronto se sumamas Europa en llaen el norte de Francia, en 1916, ría la revolución rusa. ingleses el combate Soldados En el verano de 1917, el s trincheras tras scansando en su de Gobierno tuvo que afrontar una oleada de descontento que cruzó todo el país, aunque la crisis no lle- no de 1917... Todos estos factores se gara a cuajar en una alternativa al ré- añadían a la parálisis de los partidos gimen. La quiebra de la monarquía dinásticos, que ni podían ofrecer la liberal era evidente, sin embargo. Mo- garantía del orden ni querían lanzarvilizaciones de oficiales de las Juntas se a una tarea de renovación. Ramón Pérez de Ayala, ya plenade Defensa con ideas regeneracionistas autoritarias, el autonomismo ca- mente asentada su carrera de novetalán encrespado, traicionado por los lista, escribió en los estertores de la regionalistas al echarse en brazos de guerra y en la crisis revolucionaria la monarquía por miedo a la marea española sus primeras esperanzas y sindical; la huelga general del vera- su amargo desengaño, cuando la agi- Ante una Europa y una España en crisis Miguel de Unamuno, cuyo liberalismo estaba teñido de influencia cristiana ABC AN LOUIS HUGELM N ESPIGA tación no consiguió plasmarse en un cambio político. Como sus compañeros de discurso y convicciones, el escritor asturiano sostenía que la existencia de una idea nacional debía ser previa a la posibilidad de la regeneración. La prueba más concluyente de esta ausencia de conciencia política la proporcionan los sucesos del verano de 1917 reflexionó en mayo del año siguiente. Los españoles deseaban el cambio, pero no lo habían precisado en un proyecto común verdadero: La unanimidad de deseos es estéril, y aun nociva, sin la unanimidad de ideas No era distinto el pesimismo de Mi- guel de Unamuno, cuyo liberalismo procedía directamente de su inquietud cristiana que había logrado superar graves crisis personales y afirmarse en una briosa defensa de la libertad prometida por el mensaje de Jesús. Los españoles estaban disociados, rota su unidad moral por un unitarismo bárbaro y por el celaje de identidades localistas que impedían ver lo que demandaba España. El sentimiento de nacionalidad sólo lo da una conciencia de una misión histórica común y pública escribió en marzo de 1919, hablando de la guerra de Marruecos. El fracaso de la misión imperial española en los albores de la Edad Moderna había malogrado cualquier otro empeño nacional, ca-