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ABC DOMINGO, 4 DE MAYO DE 2014 abc. es economia ECONOMÍA 55 de la industria francesa El triunfo del liberalismo Francia ve en este caso un símbolo de la histórica decadencia industrial gala J. P. QUIÑONERO CORRESPONSAL EN PARÍS El desmantelamiento o venta de Alstom a un grupo americano (General Electric) o alemán (Siemens) es para Francia algo peor que una catástrofe nacional. Es un temible símbolo de histórica decadencia industrial. Alstom es un símbolo histórico de un pasado industrial y tecnológico, amenazado por una tela de araña de crisis económicas, sociales, tecnológicas, industriales y culturales. Con Renault y Peugeot, entre otros grandes grupos industriales, Alstom encarna un jalón histórico en la mitología patriótica nacional: la gran empresa líder en antiguos sectores estratégicos de una Francia que se percibía así misma como una potencia industrial influyente en la escena mundial. Renault sigue formando parte del patrimonio industrial nacional. La venta parcial de Peugeot a China ha sido camuflada con argucias verbales, presentando la absorción china como una forma de desarrollo nacional, en el exterior REUTERS La crisis de Alstom impide el maquillaje verbal. La empresa ya estuvo a la venta por un euro durante el mandato presidencial de Nicolas Sarkozy (2007 2012) El agravamiento de la crisis, tras la llegada al poder de François Hollande (mayo 2012) ha acelerado todos los problemas de fondo. Y los directivos de la empresa comenzaron a negociar con General Electric de espaldas al Estado francés. La venta por desguace de un símbolo nacional a un gigante norteamericano tiene para el Estado francés la dimensión de una catástrofe simbólica, intolerable François Hollande Recibida la noticia en las peores condiciones políticas y económicas (catástrofe electoral, agravación del paro, el déficit y la deuda) el Gobierno francés intentó buscar una salida menos desastrosa, simbólicamente, sugiriendo a una empresa europea, alemana, Siemens, la venta de la joya industrial francesa. Vender Alstom a un gigante norteamericano es para un gobierno socialista francés algo peor que una humillación: el triunfo del liberalismo capitalista contra el intervencionismo de la magna tradición colbertista francesa. Vender la misma empresa a un gigante alemán pudiera presentarse como una alianza europea un triunfo del antiguo y difunto eje franco- alemán, el último avatar industrial de la mítica Europa carolingia presidida por un emperador francés (Carlomagno) pero todo apunta a que al final no será así. Posible sanción En el caso de que Alstom elija otro proyecto, deberá indemnizar a GE con un 1,5 del precio de adquisición Empleo GE se ha comprometido a mantener los puestos de trabajo en Francia Operación con repercusiones Una compañía que emplea a 4.000 personas en España L. M. ONTOSO MADRID Por su parte, después de mantener una reunión con el presidente francés François Hollande, el consejero delegado de GE, Jeff Immelt, comentó optimista después de anunciar la decisión de Alstom: tenemos un buen acuerdo y va a ser ejecutado comentó Immelt en París. Aseguró el directivo en este sentido que el empleo neto en Francia aumentará en torno a los activos de Alstom lo que contribuyó a calmar el nerviosismo que tienen los sindicatos franceses y del propio Hollande en torno a una posible pérdida de puestos de trabajo el país galo por esta operación. Los resultados de la posible operación sobre Alstom resultan difíciles de prever, pero no solo para la compañía gala, sino también por las implicaciones que podría tener en su filial española, que en estos momentos da empleo a cerca de 4.000 trabajadores. Si finalmente se concreta la adquisición por parte de GE o Siemens, esta afectaría a sus activos energéticos, uno de los puntales de su negocio en España. En Barcelona se encuentra la sede mundial de su división eólica y el centro global de I+ D. Cualquier movimiento de fusión conllevaría recortes en unas plantillas que ya han sufrido ajustes en los últimos años y en un sec- tor, el industrial, que no atraviesa en nuestro país por uno de sus mejores momentos, según alertan ya los sindicatos, preparados ya para cualquier movimiento que pueda afectar a las plantillas. Por otra parte, la formación de un gigante europeo de transporte y energético, como pretendía el Ejecutivo francés con el pacto galo- alemán, podría también tener un efecto indirecto sobre el sector de las infraestructuras español, ya que la unión de dos de las industrias más potentes del Viejo Continente intensificaría la ya de por sí fuerte competencia con que se encuentran los consorcios españoles que participan en concursos internacionales.