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ABC DOMINGO, 4 DE MAYO DE 2014 abc. es españa ESPAÑA 31 Entrevista a Juan Ignacio Zoido Obligado a igualar su récord PERFIL J, FÉLIX MACHUCA Integridad ANÁLISIS JOSÉ JOAQUÍN GALLARDO Si Usain Bolt es la máquina jamaiquina capaz de alcanzar al tiempo para machacarlo con records absolutamente impensables para un artefacto de carne y hueso, Juan Ignacio Zoido nació para volver loco el tiempo histórico socialista en Sevilla. Bolt es una flecha dirigida hacia la meta. Zoido una fe inquebrantable que movió la montaña donde el socialismo hispalense rendía culto a su liderazgo absoluto. Fue un trabajo duro, extenuante, casi de obrero filipino en algún emirato árabe. Se labró una imagen por encima de las marcas políticas. Al margen de derechas e izquierdas. Era el hombre que necesitaba Sevilla para arreglar sus enquistados problemas. Y así iba a los barrios altos y a los más populares. Enseñando en su camiseta de campaña que él era la llave inglesa, el mono de trabajo, la tuerca encontrada, el hombre bueno que dejó su juzgado para arreglar el motor gripado de una ciudad atascada. Y arrasó en las municipales de mayo de 2011. Aquel juez en excedencia, al que la vida había golpeado donde más duele, con la muerte en accidente de tráfico de su hijo José María, le echó tanta casta, ganas y rabia a lograr su objetivo que se salió de liga. En las últimas municipales laminó el antiguo record socialista de Manuel del Valle en el Ayuntamiento sevillano. Puso el crono de su record en veinte concejales. Veinte. Una mayoría tan abrumadora que la oposición entregó la cuchara y se puso en manos de la psiquiatría para salir de la depresión. El problema fue que el alcalde Zoido tuvo que dedicarse más al partido en Andalucía que a Sevilla y sus problemas. El bocazo electoral de Javier Arenas en las últimas elecciones autonómicas, donde ganó pero no con el suficiente margen para gobernar, lo llevó hasta Madrid donde Mariano Rajoy le pidió por favor que se hiciera cargo de los destinos del PP andaluz en horas tan inciertas. Arenas estaba KO. Y Zoido aceptó. Cuando se le pidió que siguiera al frente del PP andaluz para evitar el desgaste de un congreso como el que encumbró, el pasado mes de marzo, al autodidacta Juan Manuel Moreno Bonilla, Zoido dijo que tenía una deuda pendiente con los sevillanos. La alcaldía. Y que volvía a ella tras dos años de entrega absoluta al partido. Rajoy torció el jopo. Aquel chico que nació en Montellano en 1957, en el seno de una familia de pasteleros, al que la muerte de su padre lo apartó de pilotar el negocio familiar, es hoy un alcalde feliz. Ha comenzado a devolverle a Sevilla la confianza que la ciudad depositó en él. Y se le ve en la calle, con los vecinos, buscando inversiones foráneas en una ciudad con telarañas en sus libros de cuentas. Vuelve a ser el hombre bueno al que abrazas en el bar de la esquina o de vuelta de Valencia con una peña sevillista loco de contento por ir con sus hijos, sí, sí, sí a Turín. En el horizonte tiene el reto de los grandes plusmarquistas: superarse a sí mismo. Que el crono marque nuevamente veinte concejales en su tiempo electoral. No es fácil. Pero para este juez de familia en excedencia la vida nunca lo fue. C onozco a Juan Ignacio Zoido desde hace más de 25 años y me consta que es un hombre íntegro y honesto a carta cabal, lo cual en estos tiempos no es poco en el ámbito de la política. Su personalidad está forjada en valores sociales y marcada también por su procedencia del mundo de la Justicia. Acabó dedicándose vocacionalmente a la política, convencido de que es una actividad fundamental de servicio público a los demás, a pesar de los ineptos y aprovechados que se cobijan bajo todas las siglas partidistas. Pongo de relieve también su talante dialogante y cercano y el hecho de que detesta visceralmente la corrupción política, las injusticias, los radicalismos y los muchos atropellos a la razón y a los derechos básicos de los seres humanos. JOSÉ JOAQUÍN GALLARDO ES DECANO DEL COLEGIO DE ABOGADOS DE SEVILLA