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14 OPINIÓN POSTALES PUEBLA DOMINGO, 4 DE MAYO DE 2014 abc. es opinion ABC JOSÉ MARÍA CARRASCAL UCRANIA En este escenario, donde todos mienten y dicen la verdad al mismo tiempo, solo volviendo a lo básico podemos evitar lo peor A crisis de Ucrania empieza a ser guerra civil ucraniana y los esfuerzos se centran en que no se convierta en guerra europea. La única buena noticia es la liberación de los observadores de la OSCE, pero el ejército de Kiev continúa su avance para aplastar la sublevación rebelde y estos siguen resistiendo, con bajas cada vez más altas por ambas partes, mientras quienes están detrás cruzan acusaciones. El oeste acusa a Putin de haber roto todas las reglas al haberse anexionado Crimea y alentar el independentismo de otras regiones, lo que es verdad. Putin acusa al oeste de haber alentado un golpe de estado en Kiev y depuesto a un presidente elegido en las urnas, que también es verdad. Occidente amenaza con sanciones económicas y Putin advierte que Kiev ha cerrado la puerta a la solución pacífica al despachar tropas contra su propio pueblo. En este escenario, donde todos mienten y dicen la verdad al mismo tiempo, solo volviendo a lo básico podemos evitar lo peor. Lo básico es: Ucrania está formada por dos comunidades muy diferenciadas, una orientada histórica, cultural e incluso religiosamente, hacia Europa; la otra orientada hacia Rusia, sin que ninguna de ellas renuncie a su herencia. Una Rusia formando parte de la UE solucionaría el problema, pero falta mucho para ello. Si llega. La intervención militar occidental está descartada por la cercanía de las tropas rusas, que les da una enorme ventaja estratégica. Aparte de ser una opción que muy pocos, de hecho, solo los extremistas de ambos bandos, desean. Las sanciones económicas harán daño a Rusia. Pero también a Europa. Dos cifras lo dicen todo: el comercio de la UE y Rusia alcanzó los 370.000 millones de dólares en 2012. El comercio ruso- norteamericano, solo 26.000 millones. Obama ofrece a los europeos gas norteamericano, pero mientras el dinero que recibe Putin por el suyo vuelve a Europa en compras rusas, el que pagaría por el norteamericano no volvería. Nada de extraño que los europeos se anden con cuidado no vaya a salirles el tiro por la culata. Ucrania no puede ser un modelo del nuevo orden mundial, porque no sería orden, sino desorden. Lo que ha fallado es la imprevisión por todas las partes, centrifugando un país sin apenas cohesión interna y los extremistas tirando en sentidos opuestos. Ganador, de momento, es quien tiene las mejores bazas, Putin, que ha aprovechado la oportunidad para quedarse con una buena tajada y amenaza con llevarse otra aún mayor. ¿Resistirá la tentación? Solo la vuelta al statu- quo anterior, con garantías de que Ucrania no va a ser ni una amenaza para Rusia ni parte de Rusia, es decir, su finlandización, podrá devolver el genio de la guerra a la botella. Ese proceso tendría que empezar en las elecciones previstas para el 25 de mayo, a celebrar en condiciones satisfactorias para todos los ucranianos. Es la única forma de que no haya otra guerra inesperada en Europa. Pero no sé si es demasiado tarde. L PROVERBIOS MORALES JON JUARISTI ECLIPSES El eclipse de las universidades anuncia el final de un tipo de poder fundamentado en la producción y el control del saber E l hecho innegable de la crisis terminal de la universidad es inseparable de la deslegitimación general de la autoridad política. Precisamente por eso resulta tan curioso que los poderes públicos hayan tomado la iniciativa de desmantelar una institución cuya función principal ha consistido, desde la aparición del Estado moderno hasta el presente, en asegurar la reproducción de la autoridad legítima. Parece un suicidio bastante estúpido. Quizá los poderes públicos estén buscando otra fuente de legitimidad definitivamente separada del saber, ahora que el saber o, más exactamente, los saberes se ha vuelto accesible a todo el mundo gracias a internet. El problema es que no hay otra fuente disponible. Desde la aparición simultánea del doble modelo de la universidad laica el napoleónico y el humboldtiano que vino a sustituir en Europa a la universidad eclesiástica tradicional tras el derrumbamiento del Antiguo Régimen, el saber constituyó la base del poder político, y de ahí que los gobiernos se arrogasen celosamente el monopolio de la enseñanza superior para controlar el proceso de reproducción de las élites. Ahora bien, dicho monopolio fue aceleradamente liquidado desde finales de la II Guerra Mundial por dos fenómenos de muy distinto origen ideológico pero que a la larga se revelaron convergentes: la autonomía universitaria y la extensión del modelo americano, es de- cir, el de la universidad como una dimensión más del libre mercado. El primero arrancó la gestión de las universidades al Estado en beneficio de las comunidades universitarias, un tipo nuevo de sociedad flotante que comprendía a profesores, estudiantes y personal de administración (en la práctica, un complejo de distintos sindicatos y grupos estamentales que se ponían de acuerdo para captar partes sustanciosas de los presupuestos públicos y que se tiraban los trastos a la cabeza a la hora de repartírselas) Inevitablemente, las universidades públicas derivaron hacia laboratorios de la lucha política, con sus claustros convertidos en simulacros de parlamentos. El segundo reprodujo en Europa la constelación de universidades privadas característica de los EE. UU. con la diferencia de que la escasez de recursos y la ineficacia del fund raising las condenaba a depender en buena parte de las subvenciones públicas. Los gobiernos se vieron así despojados del control directo de la enseñanza superior pero obligados a subvencionarla. Con todo, el sistema funcionó mientras la reproducción de las elites políticas dependió de las universidades nacionales. En los años ochenta enseñé en universidades públicas de México, el país donde se inventó la autonomía universitaria. Asistí a un cambio revolucionario: los grandes partidos dejaron por entonces de reclutar sus elites en El Colegio de México y la UNAM, y comenzaron a aparecer en sus cúspides graduados y doctores procedentes de las universidades estadounidenses de la Ivy League. En Europa, la americanización de las élites se generalizaría solo a comienzos del nuevo milenio, pero coincidió además con un descrédito de los saberes universitarios, que la proliferación de carísimos másters y de rankings arbitrarios trata en vano de paliar. Recomiendo a los interesados en este asunto un divertido ensayo de un profesor de Stanford, el filósofo francés Michel Serres, que acaba de aparecer en español: Pulgarcita (Petite poucette, en el original) publicado por Gedisa. No creo que sorprenda a los profesores. Ni siquiera a los estudiantes, pero acaso contribuya a que algunos políticos se caigan del guindo. Porque lo que Serres llama el Fin de la era del saber es también el fin de la era del poder. Ni más ni menos.