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70 GENTESTILO SÁBADO, 3 DE MAYO DE 2014 abc. es estilo ABC El último amor que lloró a Ignacio Sánchez- Mejías No fue su mujer, ni La Argentinita su amante, sino Marcelle Auclair, hispanista y fundadora de Marie Claire ANDRÉS AMORÓS El Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de García Lorca ha hecho famoso, en el mundo entero, este nombre. Creen algunos, incluso, que Federico lo inventó. Naturalmente, no es así. Ignacio fue un personaje fascinante: matador de toros, mecenas de la Generación del 27, autor dramático, conferenciante en Nueva York, crítico de sus propias corridas, Presidente del Betis y de la Cruz Roja sevillana... Los que le conocieron insisten en su enorme atractivo personal: Todo un hombre me han dicho Pepín Bello y Alfredito Corrochano, sus grandes amigos. No fue un efebo sino un hombre corpulento, que tenía notable éxito con las mujeres. Su vida sentimental se centra en tres: Lola, Encarna y Marcela. El 27 de septiembre de 1915, en Sevilla, Ignacio Sánchez Mejías se casa con Lola Gómez Ortega, hermana de los Gallos Tiene entonces 25 años y está aprendiendo el oficio, como banderillero, junto a Joselito para él, su maestro, su modelo, casi un dios. (Es patética la famosa fotografía de Baldomero en que se le ve, en Talavera, en 1920, con el rostro apoyado en la mano, como un pensieroso, junto al cadáver de José) Madrid, la visita en el piso de la calle General Arrando donde, hasta hace poco, ha vivido Pilar López, la hermana de Encarna: allí he visto yo retratos de él... En 1933, Ignacio y Encarna crean la Compañía de Bailes Españoles, que estrena un espectáculo ambicioso, Las calles de Cádiz con texto de Jiménez Chávarri (el propio torero) música de Falla y decorados de Ontañón. Pilar López me resumió el efecto que causó en el público madrileño: ¡Se armó la de San Quintín! Pero Ignacio seguía teniendo éxito con las mujeres. Me contó Rafael Martínez Nadal, el gran amigo de Federico, que, si el diestro iniciaba algún coqueteo, Federico, puritano, le reñía, en nombre de su amiga Encarna... La Argentinita Con Lola, Ignacio tiene dos hijos, Ignacio- -que también fue torero- -y María Teresa. Lola era gitana, bailaba con gracia, estaba muy enamorada de él... pero se le fue quedando atrás cuando el diestro amplió sus inquietudes culturales. No existía divorcio en España. Lola ocultaba su dolor con admirable dignidad. Me contaba Alfredito- -que pasó temporadas en Pino Montano la finca sevillana donde vivía el matrimonio- -que, a veces, de noche, el dolor de sus numerosas cornadas le impedía dormir a Ignacio: Lola bajaba de su habitación y le aplicaba pomadas calmantes... A partir de 1925, vive Ignacio su gran amor con Encarnación López Júlvez, La Argentinita la gran revolucionaria del baile español, al que logra dar prestigio internacional. (Un psicólogo debe considerar curioso que ella había tenido, antes, una cierta relación sentimental con Joselito el modelo de Ignacio) Encarna es gran amiga de Lorca: él la acompaña al piano en la grabación de las Canciones populares antiguas que ha reunido: El café de Chinitas Los mozos de Monleón Los cuatro muleros Las morillas de Jaén Federico, Encarna e Ignacio forman un trío de amigos. Ignacio pasa temporadas en de sobra a Ignacio para saber que, esta vez, es grave. Ella tiene un marido e hijos. Él, a La Argentinita Si llega a pasar lo que preveo, Encarna los mata a los dos Vuelve Marcelle a París, creyendo que la relación ha terminado. Pero Ignacio se presenta allí, en su casa y se encuentra con el marido: La declaración de guerra, entre los dos, fue muda pero brutal Luego, esa tarde, la lleva a escuchar a unos gitanos: Único contacto físico: un beso, en el taxi, que ha durado de Étoile a Montrouge. Quedamos en vernos al día siguiente Pero un capricho del Destino lo impide. En Sevilla, el administrador de los Bienvenida asesina a Rafaelito, el menor de los hermanos, que tenía 15 años y estaba con su amigo, Joselito Sánchez Federico, escandalizado Mejías, el hijo de Ignacio, en casa de este. Menos conocida es la historia de Mar- El juez llama a declarar al torero, que celita: Marcelle Auclair, una hispanis- tiene que volver precipitadamente. Y la ta francesa, que había pasado su infan- escritora francesa se asusta, recordancia en Chile y se casa, en 1926, con el es- do las palabras de su marido: Hay sancritor Jean Prévost (se divorcia de él en gre entre ese hombre y tú 1939) En los años sesenta, publica una En el verano de 1934, Marcela está en biografía de Santa Teresa de Jesús y un Santander, en los cursos de la Univerpar de libros sobre la felicidad, además sidad Internacional. El 5 de agosto, asisde fundar la revista Marie Claire En te, con sus amigos, a la corrida en la que febrero de 1933, Marcelle, que tiene 34 torea Ignacio, que ha vuelto a los rueaños, visita Madrid. Lorca le recomien- dos: Lleva un traje azul y oro, su perfil da que conozca a Ignacio, el andaluz de sombrío Minotauro tiene una grapor excelencia Él es nueve años ma- vedad hierática. Emana de él una fueryor que ella. Se conocen en casa de Jor- za tranquila que nos da seguridad ge Guillén, en la lectuIgnacio la descubre, ra que hace Federico, a en el tendido, al dar la Su primera mujer vuelta al ruedo. Esa noun grupo de amigos, de Lola, gitana, llevó Bodas de sangre che, la llama por telécon gran dignidad Años después, ella lo fono: Me quedan tres los devaneos recuerda en su libro contratos: mañana, en del torero Enfances et mort de La Coruña; el 10, en García Lorca Se senHuesca; el 12, en Pontó a mi lado. No decía tevedra. Cumplido eso, La Argentinita nada. Me miraba. Yo le dejo definitivamente Lorca se enfadaba miraba. Los dos, mudos, de torear cuando Ignacio heridos en lo vivo. Yo El Llanto estaba allí, en mi silla, cortejaba a otras y él me miraba. Sus ma ¿Lo pensaba de verdad mujeres nos temblaban. La idea o solo intentaba trande marcharme, al día siquilizarla? ¿Quería verguiente, se me había hecho insoporta- la de nuevo? No lo sabemos. Seis días ble... Acabada la lectura, nos encontra- después, el 11 de agosto, Ignacio sufre mos en la calle, Ignacio y yo, con los otros una grave cornada, en Manzanares: mueamigos, que no se atrevían a dejarnos. re en Madrid, dos días más tarde. En Federico gruñía: ¡Qué barbaridad! Pa- Santander, Federico le entrega a Marsamos toda la noche, parándonos de vez celita (así la llamaba) un cartón en el en cuando en algún café. Ignacio solo que ha pegado, con la ingenuidad de un bebió agua pero recitó poemas de Gón- niño, varios recortes y fotografías de Iggora, más ardientes que todos los lico- nacio. Luego, le dedicará un ejemplar res También, una preciosa canción po- de su gran poema: A mi querida amipular asturiana, que he podido locali- ga Marcelle. Este recuerdo de nuestro zar: ¡Ay, amor! Si la nieve resbala por inolvidable amigo. Con un abrazo de Feel sendero, ¿qué haré yo? derico García Lorca Al final de la noche, fueron a dar a un No hacía falta más. El poeta había vibaile popular, en La Bombilla. Allí, bai- vido de cerca su historia de amor. Gralaron juntos, al son de La verbena de la cias al Llanto Ignacio Sánchez MePaloma Al primer paso de baile que jías no ha muerto del todo. Y, hasta el fidi, Ignacio me paró en seco y, poniendo nal de sus días, en 1983, Marcelita guarda sus grandes manos sobre mis hombros, en su corazón el recuerdo de aquella me dijo: Aquí, soy yo el que mando despedida, en la Estación de Orsay: siemFederico vivió esto- -según su expre- pre le quedó París. Y una noche de amor, sión- -como un dramón Conozco en una verbena madrileña.