Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14 OPINIÓN POSTALES PUEBLA DOMINGO, 20 DE ABRIL DE 2014 abc. es opinion ABC JOSÉ MARÍA CARRASCAL LA URSS HA MUERTO ¡VIVA RUSIA! Se están poniendo las bases de la Europa del siglo XXI, con una Rusia que vuelve a ser la gran potencia del Este y exige que se la trate como tal S bueno o malo el acuerdo alcanzado en Ginebra sobre Ucrania? Si pensamos que no dice nada sobre la anexión de Crimea, ni sobre los 80.000 soldados rusos ante la frontera oriental, listos a cruzarla, nadie puede estar satisfecho. Pero vistas las alternativas, tenemos que reconocer que era lo máximo de podía alcanzarse. Porque las alternativas, la alternativa mejor dicho, era la guerra civil, que no iba a beneficiar a nadie, empezando por la propia Ucrania, pues quien se impondría con casi total seguridad sería Rusia, dada su ventaja estratégica. O sea, tenemos que contentarnos con el mal menor y ver lo positivo del acuerdo, que es el desalojo de los edificios oficiales ocupados por las milicias sublevadas en la Ucrania oriental, mientras el gobierno de Kiev se compromete a iniciar reformas constitucionales que darán a aquellas regiones mucha más autonomía de la que hoy tienen. Hasta dónde llegará ese desalojo y esa autonomía es algo que nadie sabe, siendo como es la clave del compromiso. Un compromiso que rechazan los extremos de ambos bandos, los ucranianos pro- rusos sobre todo, que se niegan a abandonar los edificios ocupados hasta que haya elecciones, que seguro ganarán. Que cedan dependerá de Putin, ya que su ayuda será crucial para que logren unirse a Rusia. De entrada, Putin ha dicho que no está interesado en esa anexión, dando a entender que, una vez asegurada Crimea como base de su flota en el Mediterráneo, se contenta con impedir que la OTAN no se acerque más a las fronteras de su país y en no disturbar la economía global, que podría causar grave daño a la suya. Y los analistas creen en su palabra... de momento, por ser lo que más le conviene. Pero ¿y si trata de ganar tiempo, mientras digiere Crimea y afianzan las autonomías de lo que él mismo ha llamado Novorossiya, la nueva Rusia la Ucrania suroriental, para quedarse con ella más adelante? Nadie puede predecirlo, pues posiblemente ni él mismo sepa si se darán las condiciones para dar ese zarpazo. De lo que no hay duda es de que, hoy por hoy, nadie quiere una guerra en y por Ucrania, excepto los extremistas ucranianos, que dependen de la ayuda exterior. Y mientras Obama y Putin no se la presten, no la habrá. Pero igualmente claro es que se están poniendo las bases de la Europa del siglo XXI, con una Rusia que vuelve a ser la gran potencia del Este y exige que se la trate como tal, no como aquella Unión Soviética que se caía a pedazos. Busca incluso un área de influencia en su torno, no un cerco inamistoso. Algo que sólo la potencia militar norteamericana puede frenar, ya que los europeos, obsesionados con nuestro Estado de bienestar, habíamos olvidado. Se habla de maniobras de la OTAN en Polonia y los Estados Bálticos. La tensión se traslada a la frontera Este. Esperemos que se quede en eso, en maniobras. ¿E PROVERBIOS MORALES JON JUARISTI BUENDÍA García Márquez logró algo que la novela en español no había alcanzado desde Cervantes: universalidad NTRE las interpretaciones de Cien años de soledad me parece especialmente sugestiva la que propuso en su día mi amiga Sultana Wahnón, que veía en la novela de García Márquez una historia en clave de los judíos olvidados de América. La saga de los Buendía, con su obsesivo temor al fuego y a los tormentos y su interminable diáspora, representaría a los criptojudíos que, desde la Península Ibérica, marcharon a América a lo largo de los siglos de la colonia, antes de la gran migración centroeuropea del XIX que llevó a cientos de miles de judíos asquenazis a los EE. UU. y a las repúblicas latinoamericanas. Los judíos olvidados del Antiguo Régimen indiano fueron españoles y, en mayor número aún, portugueses que huían de la Inquisición, aunque no dejarían de ser perseguidos por las secciones de dicho tribunal en los virreinatos trasatlánticos. Tal fue la suerte, por ejemplo, del sastre lisboeta António Machado y de varios de sus parientes penitenciados, torturados y, en algún caso, quemados en efigie por la Inquisición de la Nueva España. Muy probablemente, estos Machado del siglo XVII eran parientes de los antepasados de los poetas Manuel y Antonio Machado, que llegaron a la vieja España, desde Portugal, en la misma época y, seguramente, huyendo de los mismos peligros; es decir, de un pueblo de malsines y de una inquisición particularmente volcada en la persecución de los criptojudíos (al con- E trario de la española, que se encargaba, sobre todo, de la represión de herejes, ateos, bígamos y sodomitas) La profesora Wahnón, para quien el personaje del gitano Melquíades encubría apenas la figura de Ashavero, el Judío Errante, no sostenía, a lo Américo Castro, que García Márquez viniera ex illis ni que hubiera heredado una memoria familiar judía. No era necesario suponer nada de esto, porque la propia experiencia histórica americana implica la universalización de la experiencia judía del desarraigo y de la diáspora, y, por consiguiente, una afinidad asombrosa con la imaginación judía de la errancia. En términos estrictamente estadísticos, es más probable que un colombiano descienda de emigrantes sirios o libaneses que de judíos sefardíes, pero los arquetipos de la literatura americana en cualquiera de las dos grandes lenguas hispánicas, el español y el portugués, tienen mucho más que ver con la tradición judía que con la árabe islámica o cristiana. En tal sentido, el realismo mágico está más cerca de la Biblia y del Midrás que de Las Mil y una noches. Esta cercanía, esta trabazón espontánea entre la imaginación novelesca latinoamericana y la imaginación tradicional judía habría surgido en García Márquez de un modo inconsciente, como el resultado de la asimilación magnífica por parte de su autor de una lengua, el español de América y de una visión del mundo y de la historia inherente a aquélla. En El hablador, de Mario Vargas Llosa, la fusión de la imaginación mítica americana y del lenguaje de la tradición judía bíblica resulta asimismo magistral, pero es consciente, deliberada y minuciosamente construida. Ambos autores han logrado con aparente facilidad algo que los novelistas españoles han perseguido en vano después de que Cervantes lo alcanzara: escapar del casticismo y acceder a una de las muchas universalidades posibles. Las sagas de las novelas españolas se parecen todas a la de los Alcántara. En cambio, uno puede ver en los Buendía a cualquier familia desarraigada y exílica. A los Machado portugueses del siglo XVII, por ejemplo. O a los Machado españoles del XIX y XX, cuyos miembros iban y venían de América, de Guatemala y de Méjico, donde sus probables primos lisboetas triplicaban ya los cien años de soledad.