Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
72 GENTESTILO SÁBADO, 5 DE ABRIL DE 2014 abc. es estilo ABC MANUAL DE USO Kurt Kobain PEDRO LETAI C Siempre fue mayor que yo, y muchos quisimos ser él. Hoy me senté a escribirle algo y me di cuenta de que su imagen de pronto era más joven. Es lo que ocurre con las vidas al pararse. Coincidimos en el tiempo, irrepetible Cobain. ADÁVERES BONITOS. Extremadamente guapo, el tímido Cobain se fue entre pistolas y ángeles parando el reloj a la hora exacta de los 27 y dejando una nota en la que citaba a Neil Young: Es mejor arder que evaporarse Como Kerouac, habría preferido ser flaco que famoso, pero las dos cosas le enfermaron y a la hora de la verdad descarriló. BRIL DE 1994. Nos quedó esa foto tan triste, cuerpo a tierra; las Converse sobre el suelo como un final a A medias, la escenografía sin acabar. Nos lo contó la radio y viudos no necesitamos más para sentar la cabeza sobre una aburrida bohemia. IRVANA. Con Nevermind nos trajeron el grunge, que como la Casa toma- Kurt Kobain N TRATADO DE MALAS MANERAS El balón bien gestionado EMILIA LANDALUCE Blanqueamiento dental LO MEJOR El resultado. LO PEOR Si eres sensible, la sensibilidad. ¿DÓNDE? Clínica Smiling. Calle Hortaleza, 70. Madrid. PRECIO 600 euros (blanqueamiento) Una de las lacras que corroen este oficio de tinieblas el periodismo es la cursilería. No se trata de la pedantería, género aparte que consiste en relamer palabras hasta gastarlas en sandeces pretenciosas, sino de algo desgraciadamente más común. Pero cuidado, lo cursi no solo se ceba con obituarios, crónicas políticas o corazoneo, sino que en los últimos tiempos ha encontrado su principal exponente en ese gremio en el que moran por igual exfutbolistas metidos a comentaristas, con el consecuente cenutrismo, y esos machotes barbudos que leen Camba y gustan del boxeo, además de escribir muy bien. En efecto, el periodismo deportivo se ha apropiado del almibarado Gestionar Gestionar es, según la verbal, pese a que antaño era RAE, hacer diligencias conducensolo la obviedad su principal tes al logro de un negocio o de un característica: Arantxa solo deseo cualquiera necesita ganar dos sets para hacerse con el partido era Mejor, utilice: juegan, se paun clásico del tenis femenisan el balón... Jorge Valdano no. La bobería evidente, sin embargo, ya no basta a comentaristas y tertulianos deportivos y entre los últimos hitos de esa ya proverbial cursilería está la gestión. O mejor dicho, la gestión del balón que si se hace bien resulta en tiki- taka, otro concepto enervante. ¿Y si sale mal? preguntarán ustedes. Pues en jugar al pelotazo Vaya, como en los negocios. ¡Pues que fichen a Goirigolzarri! Precisamente, el palabro de marras se ha exportado de este campo semántico, en donde su uso está totalmente justificado. Está bien gestionar una empresa pero no un balón, que puede botarse, tocarse, pasarse e incluso sentarse encima... ¿Gestionarse? Jamás. Echémosle la culpa a Valdano, autoproclamado filósofo del fútbol aunque más bien se quede en psicólogo argentino de pacotilla. PROBANDO VOY Más vale un diente que un pariente ROSA BELMONTE LAS INSTITUCIONES El piano bar HUGHES Un punto de señorona tiene Madrid cuando acaba sus noches en el piano bar. No es el piano mecánico de las peripatéticas, pero supone ya un tipismo noctívago. Allí igual se encuentra a Rufus Wainwright que a una machucha (elijan varieté: milf, cougar, sindie... cantando Clavelitos espatarrada en lo alto como Michelle Pfeiffer en Los fabulosos Baker Boys Es el piano director de la melopea y tiene la función municipal de evitar que se cante en la calle Asturias, patria querida Madrid ha inventado el piano bar verbenero, un piano que pierde su nobleza intimista humillado en karaoke. Es como una tuna con piano (qué perversión que al beber nos sal- ga de dentro un tuno) y un coro que suena a los esclavos de Nabucco cantando una de Sabina. El pianista, que no es Hoagy Carmichael, tiene el aire embalsamado y exento del croupier o del barman. Un punto indefenso y sexualmente invisible que luego heredaría el pinchadiscos del guateque. El pianista quiere sonar como un organillo y tiene algo condenatorio y como castrado de no poder cantarle a ninguna clienta. Obligado a acompañar cada noche el My way de un borracho distinto, su trabajo es el más triste del mundo. Piano con más de barra que de instrumento, cuando lo visitamos miramos el fondo del gin- tonic y nos decimos lo de Jardiel: De haber algún espíritu elegante, ¿estaría aquí? Con los dentistas de ahora me pasa como con las librerías: quiero casi todo lo que tienen. Será alguna variante loca del Münchhausen. Nunca he tenido dientes torcidos, pero envidiaba a las niñatas con brackets. El desdentado don Quijote le dice a Sancho que en mucho más se ha de estimar un diente que un diamante. Y una piensa en George Washington, que cuando llegó a presidente solo tenía uno (un diente) Las dentaduras que le hizo John Greenwood no eran de madera, eran de elefante, marfil de hipopótamo, de caballo, de burro, de oro o de humanos. Pero como todavía no practico la estética de Washington, ni del Risitas, y aunque la única enfermedad que no tengo es la hipocondría, me conformo con lo poco que me puedo echar encima sin parecer chiflada. En Toddlers Tiaras el alucinógeno reality de concursos de belleza infantiles, ves cómo a las niñas sin paletas les ponen los dientes y se los quitan. Eso también lo quiero. Me lo enseñan. Se trata del Snap on Smile, una prótesis dental removible que sirve para dos piezas, para tres, para cuatro, para las que sea. Luego hay que quitarla y lavarla, como mi abuela su dentadura postiza. Por supuesto, es una prótesis hecha en EE. UU. meca de la sonrisa fabricada. Que inventen ellos, vale, que diría el (en eso) bobo de Unamuno, que luego ya nos aprovecharemos. También de las carillas reversibles Lumineers, con las que no hay que tallar el diente (a 650 euros la pieza) Yendo a lo sencillo, me hago un blanqueamiento, uno de esos procedimientos en los que se te queda cara de tonta. Como con las gafotas del oculista ¿así mejor, así peor? y tú con el aspecto de Paloma Segrelles) George Clooney empezaba así, con la dentadura expuesta, Crueldad intolerable y se pasaba la película mirándose los dientes blancos en los espejos. Una es tan floja que no aguanta más de media hora (tendría que ser una hora) Estoy allí con las gafas protectoras, las partes blandas protegidas y los dientes con el gel blanqueador de peróxido de hidrógeno expuestos a la lámpara Zoom. Al rato me siento como si me estuvieran pasando Calipos por las paletas. Por floja y sensible. Soy la Lydia Lozano de los dientes. Eso sí, en la Clínica Smiling te ofrecen sedación (con un anestesista) para cualquier tratamiento. Yo en estos casos (siempre) soy muy partidaria de Lucha Villa: ¿Sabes de qué tengo ganas? De dormir desde este viernes y despertar el domingo Tras el blanqueamiento, me paso el día haciendo el tonto como George Clooney en la película de los Coen. O como Pantoja. Dientes, dientes. Claro, porque ella ya se había arreglado la piñata.