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ABC SÁBADO, 5 DE ABRIL DE 2014 abc. es opinion OPINIÓN 15 UNA RAYA EN EL AGUA EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA DEMOCRACIA Y FICCIÓN CONSPIRANOICA No negaremos que en el mamotreto de Urbano la monarquía salga rasguñada; pero llueven tales rasguños sobre heridas mucho más profundas imitación de las religiones, los sucedáneos religiosos exigen víctimas propiciatorias. Y la democracia no podía ser una excepción: a veces su sacrificio es estruendoso y cruento, como ocurre en la democracia americana con Kennedy; a veces es incruento y por lo bajinis, como ocurre en la democracia española con Suárez. A cambio de estas inmolaciones, la democracia encumbra a sus víctimas propiciatorias como mitos, formando con ellas un particular martirologio que mantiene viva la fe de sus prosélitos, y les rinde homenajes que son una parodia del culto religioso. Pero una vez encumbradas a la categoría de mitos, la democracia no puede evitar que sus víctimas propiciatorias sean pasto de ficciones conspiranoicas, como la religión no puede evitar que la memoria de sus mártires sea después desvirtuada en hagiografías rocambolescas. Son los inconvenientes de ser un sucedáneo religioso. Si la gran ficción conspiranoica de la democracia americana es el magnicidio de Dallas, donde se liquida a Kennedy, la gran ficción conspiranoica de la democracia española es la intentona golpista del 23- F, donde se liquida a Suárez. Ciertamente, entre los urdidores de su ficción conspiranoica los americanos cuentan con Oliver Stone, Don DeLillo o James Ellroy, mientras que los españoles tenemos que conformarnos con Jordi Évole y Pilar Urbano; pero cada uno hace lo que puede. El ma- A motreto que acaba de publicar Pilar Urbano ha levantado gran revuelo, provocando incluso que los damnificados emitan comunicados de prensa y lo tachen de libelo infame; en donde demuestran que no han captado el busilis del género de la ficción conspiranoica, que más que rasgarse las vestiduras exige capacidad para reírse de uno mismo, como hacía José Luis Garci en el mockumentary de Évole. Se nos opondrá que el mockumentary de Évole fue concebido para echarse unas risas, mientras que el mamotreto de Urbano desestabiliza las instituciones. Pero a la larga, el mamotreto de Urbano se mezclará en la memoria colectiva con el mockumentary de Évole; y juntos no harán sino abonar nuevas ficciones conspiranoicas y turulatas en torno a la intentona golpista del 23- F, que a imitación de las hagiografías rocambolescas servirán para alimentar la fe de los más crédulos, sin rozar siquiera la estabilidad de los dogmas (otra cosa, naturalmente, es que los dogmas de los sucedáneos religiosos tengan los pies de barro) Respecto a las instituciones, podríamos decir, parafraseando a Will Durant, que no son desestabilizadas desde fuera hasta que no se han destruido a sí mismas desde dentro. No negaremos que en el mamotreto de Urbano la monarquía salga rasguñada; pero llueven tales rasguños sobre heridas mucho más profundas. Escribía en ABC José María Pemán que la monarquía española había dejado de ser plenamente popular, paradójicamente, cuando pretendió ser (contra su natura) democrática: Este idilio de Monarquía y pueblo se desconcertó para España en la Restauración Desde entonces empezó lo que Maeztu llamaba la monarquía militar y burguesa Por primera vez la Monarquía española se debía a algo exterior a ella. Los militares organizaban pronunciamientos y los burgueses partidos y crisis. Y entre la Institución y esas fuerzas de presión se entabló un complicado sistema de pagos y facturas. Todos estaban cogidos en una red paralizante en la que todos eran deudores y acreedores del poder político Sinceramente, no creo que el mamotreto de Urbano ni, en general, la ficción conspiranoica, sea la factura más onerosa para una monarquía atrapada en la red paralizante de la que hablaba Pemán. IGNACIO CAMACHO THELMA O LOUISE Con su cimarrona insolencia fugitiva, a lo Thelma y Louise, Aguirre ha pasado por el carril bus a los antisistema ON esta mujer tan singular, genéticamente incapaz de dejar indiferente a nadie, cualquier anécdota es susceptible de convertirse en categoría. Ese arranque cimarrón de Esperanza Aguirre, ese desplante de chulería castiza y chamberilera, esa insolencia fugitiva ante los guardias la puede haber enterrado para siempre como posible candidata a la Alcaldía de Madrid... o haber catapultado su popularidad independiente, su fama arriscada de verso suelto liberal, su aura carismática de rebelde con causa. Cuando acabe de escrutar el futuro del ignoto candidato europeo, el gurú Arriola debería de encargar una encuesta para saber si en el asfalto de la Gran Vía se ha estampado la estrella de la eterna díscola del PP o se ha agrandado su tirón populista de lideresa indomable. Porque en teoría ningún político con aspiraciones ¡municipales! podría salvar su reputación de un incidente de desobediencia a la autoridad con atropello incluido, pero es que no estamos ni de lejos ante una política cualquiera. Se trata de una personalidad impetuosa, de una inquietud casi insurgente, un raro gorila blanco en la zoología uniformada de la dócil ortodoxia burocrática del partidismo. Y con ella nunca se acaba de saber si esa insumisión levantisca, esa arrogancia contestataria de aristócrata diletante, es el defecto de fábrica que la acabará arrojando al lado oscuro o el rasgo de estilo que la separa del adocenamiento corporativo para instalarla en una originalidad incontestable. Tal vez yerren por tanto sus rivales internas ya se sabe, hay adversarios, enemigos y compañeros de partido al precipitarse a condenar su arrebato amotinado para descarrilar con puñaladitas florentinas su ambición de postularse como alcaldesa. En principio está convencionalmente desahuciada; nadie puede aspirar a ser la jefa de un cuerpo de Policía a cuyos agentes ha despreciado y hasta arrollado en un gesto casi procaz de flagrante desafuero. Pero cuántos ciudadanos hartos del ordenancismo y la voracidad recaudatoria del Ayuntamiento o del petulante autoritarismo de los guardias no sueñan en el fondo con ese soberbio rapto, con ese audaz y desparramado impulso de sedición urbana: aparcar en prohibido, pasarse la multa por el forro, arrancar con un brusco desembrague y largarse llevándose por delante una moto y por detrás el tumulto perseguidor de la patrulla. Quién sabe si el presunto desguace anticipado del proyecto de candidatura no puede ser en realidad el impremeditado origen de una oleada de empatía insurreccional y de secreta, inconfesable solidaridad de indignados de derechas. Esperanza la indomable, Esperanza la subversiva; Thelma y Louise en una sola pieza, rumbo al abismo con toda la Policía del Estado a sus espaldas ululando las sirenas. El coletudo Pablo Iglesias es un aprendiz: esta mujer es capaz de darle una pasada por el carril bus a todos los antisistema. C JM NIETO Fe de ratas