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ABC SÁBADO, 5 DE ABRIL DE 2014 abc. es ENFOQUE 5 Esperanza Aguirre Hay mucho machismo; querían retenerme para hacerme la foto porque me tienen manía Soraya S. de Santamaría La ley es igual para todos; el procedimiento definirá hechos y responsabilidades Ana Botella Los agentes de movilidad tienen presunción de veracidad; la Justicia es igual para todos EFE Sigue la polémica Aguirre contra Aguirre JAIME GONZÁLEZ Esperanza Aguirre se está confundiendo. Gravemente. Y escribo gravemente en el convencimiento de que muy pronto sabrá entender por qué lo digo. Me duele oírla equivocarse, porque no soy de los que se están frotando las manos, ni celebrando con indisimulada satisfacción su obcecada huida hacia adelante. Tanto tiempo la llevaban esperando que han apuntado al bulto y vaciado el cargador. Es difícil entender cómo un animal político curtido en mil batallas ha decidido convertirse en presa fácil y se haya colocado en el centro mismo de la diana, justo ahí donde se hace imposible su defensa y solo cabe gritar: ¡Para, Esperanza; por Dios! A estas alturas, lo de menos es el calentón del carril- bus: lo verdaderamente grave es que no haya sido capaz de reparar en el daño que se está haciendo a sí misma, al convertir un incidente de tráfico en un lamentable espectáculo. No es cierto que su reacción la retrate, porque no reconozco a Esperanza Aguirre criticando el machismo de los agentes de movilidad, ni cuestionando la capacidad del empleado municipal que sufrió un ataque de ansiedad, ni sugiriendo que había sido retenida de forma ilegal, ni acusando a los agentes de buscar una foto ni dudando de su profesionalidad. No la reconozco, porque la mujer que para mí representa Esperanza Aguirre no se parece en nada a esa Esperanza Aguirre que todavía ha sido incapaz de pedir perdón, no por aparcar un minuto en el carrilbus, sino por lo que vino después. Y como no la reconozco, me resisto a aceptar que haya servido su cabeza en bandeja de plata a quienes hoy saborean con deleite el plato frío de la venganza. Llevan dos días de banquete, relamiéndose de gusto, a punto de reventar del atracón. Al tratar de justificar lo injustificable, Esperanza Aguirre ha desatado su gula. Quiero creer que cuando recobre la calma a Aguirre le pasará como a mí: que no será capaz de reconocerse. Tal vez se pregunte lo mismo que yo: cómo un animal político curtido en mil batallas es capaz de regalarle tanta munición al enemigo. La Esperanza que yo conozco no es la que en las últimas horas se está devorando a sí misma, porque la Esperanza que yo conozco habría tenido el valor y la entereza de reconocer su error desde el primer segundo. La otra, no. Por eso no me froto las manos: porque me duele ver a Aguirre contra Aguirre. ¡Para, Esperanza; por Dios! MADRID Esperanza Aguirre ha pedido perdón por aparcar en zona prohibida, pero prosigue en sus críticas a los agentes