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20 ESPAÑA En la muerte de Adolfo Suárez Funeral de Estado MARTES, 1 DE ABRIL DE 2014 abc. es españa ABC Alejandra Romero Suárez, con su tía Laura Suárez POOL Teodoro Obiang, al frente de la delegación de Guinea Ecuatorial BELEN DIAZ El viceprimer ministro del Reino Unido, Nick Clegg, junto a su esposa Críticas a los políticos y todos los elogios para Suárez: Él sí valía La ciudadanía asistió con frialdad y tras las vallas a la llegada de autoridades al funeral LAURA L. CARO MADRID En la tarde de funeral de Estado, a los pies de la catedral de la Almudena, los comentarios se dividían exactamente en dos: los elogios, todos para Adolfo Suárez, y la crítica maliciosa para las autoridades que bajaban muy a lo lejos de los coches azul marino reluciente para remontar la escalerilla del templo sin darse la vuelta ni para mirar. Por eso tuvo tantos problemas, porque él sí que valía ¿Tú crees que vamos a estar aquí toda esta gente el día que otro... intercambian espon- táneamente dos hombres mientras al otro lado de las vallas y de la anchura distante de la calle Bailén- -convertida en territorio anti- abucheos y cuajada de policías- se atisba llegar a José María Aznar. También a Artur Mas. Y después, con su esposa, al presidente Mariano Rajoy. Cómo está dejando el país... dice el primero. ¿Y cómo lo encontró? contesta el otro. Pero es que lo va a dejar peor... replica con desgana el que inició la conversación, que se desliza hacia polémicas más espinosas: Agallas es lo que le hace falta... agallas, el problema catalán cuanto más se deja, más se hace una bola de nieve. Suárez sí que valía... Son malos tiempos para ser un político. Hay una desconfianza en la calle que parece haberse agravado con la comparación entre la clase dirigente de hoy y la figura de Adolfo Suárez, recuperada tras su muerte junto a un legado ya de resonancias míticas. Ayer, transcurridos ocho días de su fallecimiento, había respeto, pero no demasiada emoción ni demasiado duelo entre los centenares de personas- -no miles, llovió antes y durante, a ratos con fuerza- -que habían acudido a los alrededores de la catedral, en su mayoría para curiosear y ver con cierta indiferencia invitados ilustres y representaciones oficiales. Y a los Reyes y los Príncipes, aunque pasaron bastante inadvertidos porque los vehículos de la Casa Real en que viajaban atravesaron las verjas de la basílica para aparcar fuera del campo de visión del público, a escasos metros de una de las puertas laterales. Don Juan Carlos no está para andar recordaba animosa en primera fila una mujer entrada en años, a la que un policía cuenta que está quemado porque le han bajado el sueldo Ni pitos ni aplausos Entre paseantes que se detenían unos minutos, turistas y mirones, sí hubo quienes se acercaron a La Almudena con la decidida intención de asistir a la ceremonia religiosa. Lo consiguieron sólo los más madrugadores que hicieron fila desde las cinco. Pero completado el aforo se cerró el paso y se produjeron los habituales desencuentos entre un pequeño grupo y la organización. ¡El templo es público! decían. Pero también es verdad que hubo ciudadanos que entraron, pudieron permanecer dentro y renunciaron porque la única opción de último momento era quedarse de pie. Los aplausos de la tarde se escucharon en un acceso distinto al de Bailén empleado por las autoridades. Fue en el de la fachada principal, por donde Contra el dictador Dos guineanos con una pancarta recordaban que Obiang no dejó a Suárez bajar del avión en Malabo