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ABC MARTES, 1 DE ABRIL DE 2014 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA IN MEMORIAM POR CARMEN IGLESIAS Como el Conde de Campomanes, Gonzalo Anes ha fallecido en plena actividad, hasta el último momento, hasta el viernes pasado en la sesión académica, con las botas puestas y el último aliento. Ha sido para muchos de nosotros, para sus amigos y sus compañeros, una de esas personas de las que decía Albert Camus, a propósito de otro profesor, que ayudan a vivir Y así le guardaremos en nuestra memoria, como ejemplar referencia en nuestras vidas. Descanse en paz ton, en París y en otras universidades extranjeras, las conferencias impartidas en distintos foros económicos y académicos, su importante gestión como consejero económico en primeras instituciones del país, Anes ha dejado publicados cientos de artículos, y, entre sus libros, algunos se convirtieron en obras canónicas en la historia económica de España desde el principio, revolucionando el estado de la cuestión de la materia tratada, como fue el caso de su primer gran libro, Las crisis agrarias en la España Moderna o sus estudios sobre los Borbones. o es el lugar ahora para poder siquiera mencionar su larga obra, pero sí que hay que referirse a la labor extraordinaria que ha realizado en la Real Academia de la Historia. Elegido en 1978 y leído su discurso de ingreso en 1980, Gonzalo Anes ha sido un puntal de una institución de la que fue elegido director en 1998 y reelegido cuatro veces más por unanimidad (con un voto siempre en blanco, expresión de su habitual elegancia) Como director, deja dos legados fundamentales: el ingente Diccionario Biográfico Español, con más de 50.000 entradas biográficas, firmadas por más de 5.000 historiadores de las más diversas procedencias (el texto más consultado actualmente en la Biblioteca Nacional, según se nos ha notificado hace unos días, e inspirador de otras investigaciones y ampliaciones y tesis doctorales que le enriquecerán en el tiempo) y una Academia económicamente saneada y ordenada en tiempos tan difíciles como los que corremos. Alguna vez, cuando le sobrevenían como ser humano el cansancio o la desilusión ante las aristas NIETO agresivas que, sin matices, producen toda vida y toda obra susceptible de envidias o enemigos no buscados, algunos amigos cercanos le decíamos cariñosamente que su fortaleza y su tesón y sus años de dedicación en la institución le acercaban al ejemplo de Campomanes, tan querido por él, director de la Academia del último tercio del XVIII, reelegido varias veces e inscrito en nuestra historia indeleblemente. Como el Conde de Campomanes, Gonzalo Anes ha fallecido en plena actividad, hasta el último momento, hasta el viernes pasado en la sesión académica, con las botas puestas y el último aliento. Ha sido para muchos de nosotros, para sus amigos y sus compañeros, una de esas personas de las que decía Albert Camus, a propósito de otro profesor, que ayudan a vivir Y así le guardaremos en nuestra memoria, como ejemplar referencia en nuestras vidas. Descanse en paz. CARMEN IGLESIAS ES DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA Y DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA las seis de la mañana del 31 de marzo falleció en su casa de Madrid el director de la Real Academia de la Historia, don Gonzalo Anes y Álvarez de Castrillón, marqués de Castrillón, hidalgo de corazón y de espíritu en el sentido de esa segunda acepción del Diccionario de la Real Academia Española, que expresa a una persona de ánimo generoso y noble Generosidad, amistad, lealtad son, con su inteligencia y su buen hacer, algunas de las cualidades que todos los que hemos tenido el privilegio de estar cerca de él, en el trabajo, en el afecto, en el entorno académico y personal, echaremos constantemente de menos con su ausencia definitiva. Gonzalo Anes, asturiano de Trelles, concejo de Coaña, nació un 10 de octubre de 1931, tercero de seis hermanos, todos varones. Siempre le gustaba recordar, cuando hablaba de estudios y de sus primeras andanzas fuera de Asturias, la huella profunda que su madre especialmente había dejado en su niñez y primera adolescencia, infundiéndole el amor por el conocimiento, el gusto por los libros, el afecto y la empatía para tratar a las personas de diferentes procedencias. Ya en Madrid, en 1952, se matriculó en la primera y única facultad de Ciencias Políticas y Económicas creada en España no hacía mucho, en la sección de Económicas, de cuyos profesores guardó siempre un excelente recuerdo: los nombres de Valentín Andrés Álvarez, José Castañeda, Manuel de Torres, Alberto Ullastres y otros que abrieron a los jóvenes estudiantes un mundo en el que la economía, la historia profunda de sus estructuras y sus coyunturas, las matemáticas y la estadística, entre otras técnicas que ayudaban a contrastar objetivamente cada paso científico concreto, les permitieron no solo ser excelentes profesionales, sino también humanistas abiertos a las lecturas y a una curiosidad insaciable y abierta a todo saber intelectual. En aquella Universidad de los años cincuenta hizo buenos y fieles amigos y, con ellos, estuvo involucrado en la resistencia a la dictadura que en 1956 produjo una de las primeras y duras intervenciones en los medios universitarios, unos A N sucesos que conmocionaron aquellos momentos y que quedaron como ejemplares para algunas de las generaciones siguientes durante mucho tiempo. Finalizada la carrera, entró a formar parte de la cátedra de Historia de las Instituciones de don Luis García de Valdeavellano, otro de los grandes maestros, al que Anes siempre estuvo ligado y con el que mantuvo lazos de afecto profundos hasta el último momento de don Luis. Ya en 1967 obtuvo por oposición la cátedra de Historia Económica Mundial y de España en la Facultad de Económicas de Santiago; al año siguiente, la misma cátedra, también por oposición, a la Universidad de Madrid, en la que ejerció su magistratura y fundó un brillante grupo de discípulos hasta su jubilación. La actividad académica de Gonzalo Anes siempre asombraba por su rigor y por su imparable continuidad. Además de sus estancias en Prince-