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ABC MARTES, 11 DE MARZO DE 2014 abc. es cultura CULTURA 49 Gauche Divine, adiós a todo aquello ANÁLISIS SERGI DORIA A Terenci Moix, en 1970 Gabriel García Márquez, en Barcelona (1969) estricta intimidad, recuperando algunas de las fotos que cuelgan en las paredes de su casa y entre las que aparecen retratos de amigos como Terenci Moix, Leopoldo Pomés, Joan Manuel Serrat, Oriol Maspons y Ana María Moix. El umbral de Colita porque sí rodeado de grandes reproducciones de contactos fotográficos manoseados y ajados, es una de las pocas concesiones al color en una muestra que, del color paloma sucia del Barrio Chino de finales de los sesenta al deslumbrante blanco y negro de los retratos de Orson Welles y García Márquez, cubre todos los frentes de una artista que hoy sería polifacética pero que prefiere presentarse como todoterreno. COLITA FOTÓGRAFA Una divina entre hombres Nacida en 1940 en Barcelona en el seno de una familia acomodada, Isabal Steva Hernández, Colita, aprendió el oficio junto a Oriol Maspons y Xavier Miserachs, se estrenó fotografiando el rodaje de Los Tarantos e hizo del flamenco una de sus grandes pasiones. Cronista gráfica de la gauche divine ha publicado una treintena de libros y ha dedicado buena parte de su vida a documentar todas las caras de Barcelona. Literatos y flamencos Versátil y enérgica, Colita huye de la nostalgia y sabotea el mito cuando asegura que, igual que Oriol Maspons, ella también tiene fotografías expuestas en el lavabo, pero no puede evitar detenerse ante la vitrina que exhibe algunas de sus cámaras desde un antiguo artefacto de baquelita a espléndidos ejemplares de Olympus y Pentax para recordar que la primera se la regaló su padre cuando cumplió 12 años. Nada de muñecas. Solo cosas útiles como guitarras y cámaras de fotos. Artilugios tan sumamente trascendentes que le abrirían las puertas de los terrados del Eixample, los toriles de La Monumental o el pórtico ilustrado de Bocaccio. En los sesenta, Barcelona era una fiesta, y ahí estaba Colita para no perder detalle e inmortalizar, un poco más, a Gil de Biedma, Marsé, Barral, o el editor de Anagrama, Jorge Herralde, presente aquí con esa inolvidable imagen en la que observa cómo sus secretarias lucen posaderas. Todos ellos, señala Colita, eran los amigos. Más tarde vendrían los encargos y con ellos los retratos de Cela, Castellet y Gimferrer. Los reportajes en prensa y las fotografías cinematográficas Antes de que la Gauche Divine se convirtiese en una memorable resaca, Colita ya había viajado a Madrid cargada con su cámara para retratar a Antonio Gades y La Chunga y dar forma a Luces y sombras del flamenco uno de sus trabajos más reconocidos. También había vuelto a Barcelona justo a tiempo para asistir al nacimiento de la Nova Cançó. Cuatro décadas después, sus portadas para Joan Manuel Serrat y Ovidi Montllor comparten protagonismo con sus retratos de Carmen Amaya, sus reportajes gráficos sobre la muerte de Franco o la denuncia del trato que se daba a los enfermos mentales en los hospitales psiquiátricos. Lo que yo quería era ir a tomar copas a Bocaccio, pasar los fines de semana en la Costa Brava y divertirme suele señalar Colita cuando habla de sus comienzos como fotógrafa. Y, aunque no hay duda de que se divirtió, lo hizo enmarcando algunos de los momentos más importantes de su época y confirmando que, aunque diga que no es arte, lo suyo es, sin duda, oficio, Mucho oficio. ños sesenta, cuando el Barça no ganaba nunca la Liga. Y en eso llegó la Gauche Divine... La marca la patentó un irónico Joan de Sagarra y comenzó a volar por una calle Tuset rebautizada como Tuset Street. De momento, todo era pura representación. Una delantera fotográfica comenzó a meter goles: Colita, Maspons, Miserachs, Pomés... El 13 de febrero de 1967, Oriol Regàs inauguraba la discoteca Bocaccio. La primera canción que sonó fue de los Beach Boys, Good Vibrations Si ellos tenían California, nosotros Cadaqués, muy cerca de Europa. Las chicas sin sujetador contrastaban con las corbatas de terno burgués. Fusión y fisión icónica. La B de Bocaccio y la B de Barcelona revoloteando cual mariposa en un logotipo discotequero. Cine, arquitectura, fotografía, periodismo, publicidad, edición y moda. Así tejían la cultura los gauchistas de familia bien con algunos injertos de la Barcelona popular como Serrat, Marsé o los hermanos Moix. Aquella Barcelona de voluntad moderna sedujo a España e Hispanoamérica. En Barcelona se desactivó la espoleta del boom esa foto de Gabo con sus Cien años de soledad por sombrero. Los novísimos de Castellet, el Biblioteca Breve de Barral y la irrupción de Jorge Herralde, Beatriz de Moura o Esther Tusquets; los edificios retadores de Tusquets, Bofill y Bohigas; esa nouvelle vague que fue la Escuela de Barcelona de Jacinto Esteva, José María Nunes, Pere Portabella, Gonzalo Suárez o Carlos Durán. El mecenazgo del tío Alberto. La Teresa de Bocaccio se apellidaba Gimpera y a los pijoapartes se les conocía como los otros catalanes Si en París bullía el 68 y Franco no era De Gaulle, en Barcelona la revolución era icónica y Colita su activista: Nos disfrazábamos, nos maquillábamos, cambiábamos de pareja, reíamos como locos todo el día y arremetíamos contra todo aquello que se nos pusiera por delante Con toda su frivolidad, la Barcelona de la Gauche Divine se situó a la vanguardia cultural de España. Luego llegó el pujolismo para quedarse; la izquierda divina se atrincheró en el Ayuntamiento de Barcelona, o se retiró al Ampurdán. Viendo las fotos de Colita y compañía decimos adiós a todo aquello. Del cosmopolita Bocaccio al nacionalismo monocorde. Mal negocio.