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ABC MARTES, 11 DE MARZO DE 2014 abc. es españa ESPAÑA 19 nunca quisieron serlo ANTONIO BARRERO POLICÍA MUNICIPAL CARMEN BALADÍA MÉDICO FORENSE Salían del tren en estado de shock y con mucho silencio Con Antonio Barrero, este policía municipal con cara de buena gente, casado y padre de dos niñas, vamos a empezar por el final de su relato. De ese 11 de marzo me quedo con una lección: Vi lo mejor y lo peor de la condición humana. Lo peor, que haya gente capaz de causar tanto daño y tando dolor. Lo mejor, el ejemplo de los vecinos de la calle Téllez, donde me tocó, entregados, tirando mantas y ofreciéndose para lo que fuera. Un barrio volcado con una tragedía que a nadie le cabía en la cabeza. Aprendí a valorar más la vida ¡Cómo hay mentes que programan segar tantas vidas de golpe! se medio pregunta todavía hoy Barrero. A él y a sus compañeros aquel 11- M no les hirió de puro milagro. Las bombas del tren cuando circulaba en paralelo a la calle Téllez explotaron muy cerca de la unidad de Antonio. La Policía Municipal tenía, y sigue teniendo, una unidad en la calle Alberche, perpendicular a la de Téllez y al ladito de los antiguos cuarteles de Daoíz y Velarde, donde primero se atendió a las víctimas de las dos explosiones registradas en ese punto. Nosotros estábamos en planta baja, en subterráneo, pero notamos un fuerte temblor. Pensé que se había No olvido los móviles sonando dentro de los sudarios Lo que más me impactó fueron los móviles sonando dentro de los sudarios A Carmen Baladía, madrileña, casada y madre de dos hijos médicos también, el atentado le pilló siendo la directora del Instituto Anatómico Forense. Mientras yo tenga memoria, las víctimas vivirán conmigo. En lo personal fue un desgarro del alma, algo que te conmueve en lo más íntimo de ti mismo Ella, por su cargo hace diez años, no hizo muchas autopsias. Más bien ninguna. Pero, en Ifema, tuvo que supervisar todas. Las de los 191 cadáveres que dejó aquel sinsentido terrorista. Y coordinar a sus compañeros para que todo fuera rápido, eficaz y preciso a partes iguales. Al final, pasaron por sus manos los expedientes de los 191 fallecidos. Tampoco resulta fácil dejar atrás la imagen de las familias ya en el cementerio de La Almudena. Les tenía que enseñar, en un ordenador, el rostro de su familiar fallecido para que lo reconocieran. Padres, madres, hijos y hermanos delante de la pantalla y con el alma rota... Fue horrible. Intentas ser tú, la médico, la profesional... Pero en esos momentos no dejar de empatizar con las personas que sufren tanto y tan hondo. Es un dolor profundo señala Baladía. A esta mujer, de voz y gestos pausados, dulce de trato, el tiempo tampoco le borrará aquella experiencia, única por su crueldad. Destapa su carga humana y emotiva. Aprendes. No hay más remedio. Y sacas lo mejor de ti para dárselo a los demás. No te puedo decir cómo, pero lo consigues. Y no fui la única. Fuimos todos caído la grúa de unas obras recuerda. Antonio también tiene grabada su primer contacto visual del tren y de las primeras víctimas que le salieron al paso. Iban callados. Con la vista perdida. En estado de shock Y en silencio. Había mucho silencio MÓNICA GAVIEIRO OPERADORA DE EMERGENCIAS 112 Llore, lloré mucho aquel día. De rabia y de impotencia Ella estaba de baja por un dedo fracturado pero no se lo pensó dos veces cuando se percató de la forma tan trágica y espeluznante que acababa de amanecer aquel 11 de marzo de 2004. Mónica Gavieiro, madre de un chaval que hoy tiene 17 años, corrió hacia su puesto de trabajo, en Pozuelo de Alarcón. Su dedo era lo de menos. Es operadora de Emergencias 112, de la Comunidad de Madrid. Si la primera bomba estalló hacia las siete y veinte de la mañana, antes de las ocho Mónica ya estaba aquel día atendiendo llamadas: 22.000 sólo en las primeras tres horas tras el atentado. Lloré mucho aquel día. Lloré de rabia y de impotencia. Hubo muchos momentos en los que no podía ni respirar escuchando, al otro lado del teléfono, todas aquellas voces desesperadas. Había mucho dolor en la gente y eso se queda grabado en la memoria dice. Fui de las tres personas que canalizaron las llamadas de atención a las familias. Tenía una lista de hospitales a los que se iba derivando a las víctimas. Podía dar el hospital si por quien se preguntaba estaba en la lista de heridos. Si no, si era un fallecido, cogía aire y comunicaba a los familiares que les transfería la llamada. ¡Ya puedes imaginar lo que significaba eso! Y ahí entraban los psicólogos, que menudo papel les tocó. Todos unos profesionales Diez años después, a Mónica Gavieiro no le gusta recordar demasiado. In- FOTOS: IGNACIO GIL cluso hoy tiene que respirar hondo de vez en cuando. Se emociona. No ha sido la única. Es que se me han quedado grabados a fuego en la memoria algunos de los nombres por los que llamaban preguntando: David, Nuria ¡Qué pena y qué asco! Nunca entenderé que haya personas, si es que se les puede llamar así, con tanta capacidad para hacer el mal. Es irracional. Aquello fue irracional. No hay palabras. Sólo sentimientos exclama.