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12 OPINIÓN COSAS MÍAS PUEBLA MARTES, 11 DE MARZO DE 2014 abc. es opinion ABC EDURNE URIARTE LA IZQUIERDA EXTREMA Y EL 11- M ¿Qué haría esa izquierda extrema si hubiera otro atentado islamista en España? A derecha extrema llaman los progresistas a quienes persisten en poner en duda la autoría islamista del 11- M. Y en efecto, dicha derecha es extremada en una cosa, en su resistencia a aceptar las innumerables evidencias y pruebas que demuestran el 11- M como un atentado del terrorismo islamista. Y sin la más mínima duda, como lo acaba de volver a explicar Fernando Reinares en su último y bien documentado libro ¡Matadlos! 2014) Con datos más contundentes que los que nos permiten afirmar, por ejemplo, que los 300 crímenes etarras sin resolver, es decir, sin detenidos, sin nombres, sin relato, sin condenados, son, efectivamente, de ETA, o que la bomba que me pusieron a mí misma en un ascensor fue colocada también por ETA, aunque jamás se identificara a sus autores. Pero me preocupa mucho más la izquierda extrema porque lo suyo no es una divergencia sobre la autoría del atentado sino una lamentable lectura ideológico- política del mismo que jamás fue rectificada. Con graves consecuencias para la democracia. Las que tuvo tras el 11- M y las que puede tener en el futuro. Y que apenas se recuerdan estos días, no sé si por la eficacia de los medios de la izquierda en negar esas otras evidencias. O por cierta vergüenza colectiva que envuelve a algunos sectores de nuestra sociedad. Por la huida política que hubo alrededor del 11- M, con cientos de miles de ciudadanos movilizados por la izquierda en la inculpación del Gobierno de Aznar en el atentado. El hecho político esencial de aquella masacre es ése y no el debate sobre la autoría. Más allá de los asesinatos, lo que pasará a la historia del terrorismo es la reacción política y social. Aquella rabia contra Aznar por su apoyo a la coalición internacional que declaró la guerra a Irak. Aquella convicción de que el atentado fue una venganza por nuestro apoyo a la guerra. Aquella decisión de rendición a la amenaza terrorista, porque no era nuestro terrorismo y porque éramos culpables Aquel acoso a las sedes del PP Aquel vuelco electoral. Que nada tuvieron que ver con la supuesta mentira del Gobierno, una excusa del PSOE para su lamentable campaña. A esa izquierda extrema le dieron exactamente igual los datos sobre el terrorismo islamista. Los que probaban que la decisión de atentar en España era anterior a Irak o que la amenaza islamista contra Occidente llevaba muchos años gestándose. Y al frente estaba Zapatero, pero también Rubalcaba del que dicen ahora tiene sentido de Estado La izquierda extrema incluye, en lo que al atentado islamista se refiere, a muchos, comenzando por Rubalcaba, el líder que dirigía contra el Gobierno el miedo y la rabia ciudadanas por el atentado. ¿Qué haría esa izquierda extrema si hubiera otro atentado islamista en España? ¿U otra oleada de grandes ataques en suelo occidental que nos llevara a una nueva guerra? El terrorismo islamista sigue vivo en todo el planeta, su amenaza contra Occidente, también. Y no se sabe cómo plantea afrontarla la izquierda extrema de Rubalcaba. ¿De la misma manera que tras la masacre de 2004? L LIBERALIDADES JUAN CARLOS GIRAUTA EL ESTADO QUE PREPARAN Mientras parece que llega la pregunta en árbol, Artur Mas va erigiendo, aun tieso, sus prometidas estructuras de Estado A Agencia Tributaria de Cataluña es un organismo que ya existe. Se creó hace seis años y se dedica a liquidar, gestionar, inspeccionar y recaudar tributos propios de (y cedidos a) la Generalidad. A saber: impuesto sobre transmisiones patrimoniales y actos jurídicos documentados, impuesto sobre sucesiones y donaciones, tributos sobre el juego, impuesto sobre grandes establecimientos comerciales y gravamen de protección civil. Punto. Hasta ahí lo real. Y ahora vamos a las ilusiones nacionalistas. La formación de Artur Mas se presentó a las últimas elecciones catalanas con un programa que prometía crear (o avanzar en la creación de) un montón de estructuras de Estado. Solo por ese anuncio ya se ve que todo el asunto de la consulta es una mandanga, toda vez que nadie ha creído nunca, nadie ha afirmado nunca, y nadie va a materializar nunca la disolución de tales estructuras de Estado que anticipan la Cataluña independiente en el caso de que los secesionistas perdieran. Cierto es que la consulta tiene más trampa que la ruleta de Casablanca, y que por mucho que los llamados soberanistas sostengan que el derecho de autodeterminación asiste a Cataluña, ninguna voluntad existe de plantear al menos su consulta ilegal en los correctos términos de su propia ilegalidad. Esto es: ¿quiere usted que Cataluña sea un Estado independiente? ¿Sí o no? Nada de nada. Su consulta la que no se celebrará L empieza preguntándote si deseas que Cataluña sea un Estado, y solo en el caso de que respondas afirmativamente puedes seguir expresando tus preferencias sobre si ese Estado debe ser independiente, u otra cosa. Un estado de ánimo, por ejemplo. Mientras parece que llega la pregunta en árbol, Artur Mas va erigiendo, aun tieso, sus prometidas estructuras de Estado (que lo son, claro, de Estado plenamente soberano) Ahí se inscribe una Seguridad Social catalana, una Banca Pública catalana y una Hacienda catalana, que es a lo que íbamos: algo completamente diferente a la Agencia Tributaria citada supra, con intención de meterle 700 millones del ala y varios millares de funcionarios afines. ¿Con qué competencias? No se sabe, como no sean las derivadas de una sedición exitosa. El mamotreto, para marcar distancias y paquete, se llamará Hacienda Nacional Catalana. CiU, a la mínima, le endiña los adjetivos nacional y catalán a todo lo que se mueve. Por ilustrar al público desinteresado de lo nacional catalán yo mismo me he tomado la molestia de recoger algunas otras estructuras de Estado previstas por CiU (sí, sí, con U de Unió también, para que luego se vaya poniendo Duran remolón) las relaciones exteriores, las pensiones y cotizaciones hasta ahora gestionadas por la Seguridad Social las competencias que aún mantienen los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado (incluyendo el control de puertos y aeropuertos) federaciones deportivas catalanas, gestión de las aguas interiores de Cataluña con independencia de la cuenca hidrográfica de la que formen parte la política agraria comunitaria entera, la titularidad y gestión de aeropuertos, puertos, redes viarias y ferroviarias. En eso están. Una Hacienda nacional catalana garantizará el acoso al disidente y la impunidad fiscal de la casta nacionalista. Una Justicia nacional catalana jamás habría sentado a Millet en el banquillo, ni habría embargado la sede de Convergència; eso sí, perseguiría al discrepante (ya lo hace ahora con periodistas, imagínense si el Tribunal Supremo Nacional Catalán saliera de los treinta y tres jueces separatistas) En el diario El País firmó ayer un artículo contra Ciudadanos el presidente del Consejo Rector del Centro de Estudios de Opinión, órgano supuestamente imparcial de la Generalidad. En una Cataluña independiente, Ciudadanos estaría simplemente prohibido.