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ABC VIERNES, 7 DE MARZO DE 2014 abc. es cultura CULTURA 47 Un alma atormentada Cinco minutos de convivencia con él podían despertar todos los demonios que tenía dentro definir en una de sus obras como el manicomio del Dr. Rafael Inglot Miembro de una familia tan maldita como genial, retratada por Jaime Chávarri en el documental El desencanto Leopoldo María Panero nació en Madrid el 16 de junio de 1948. Su padre, Leopoldo Panero, era considerado el poeta oficial del franquismo (su pasado, sin embargo, era de izquierdas) Su madre, Felicidad Blanc, fue escritora y actriz e hizo poco honor a su nombre, manteniendo una relación con Leopoldo que en muchos momentos sobrepasó el odio. Con sus dos hermanos, Juan Luis (también poeta) y Michi (agitador cultural) terminó enfrentado y sin relación más allá de la palabra escrita, siempre afilada. Antes, en su memoria y en el tiempo, a Leopoldo María Panero le habían diagnosticado esquizofrenia. Fue a los diecisiete años, aunque la enfermedad no le privó de su genialidad. Genialidad que le llevó a escribir poesía (deja casi 60 obras) ensayo y narrativa. Sin olvidar su inmesa labor como traductor, una figura que llegó a transformar. Una muerte, dos muertes ANTONIO COLINAS POETA Uno de los nueve novísimos Pero su poesía, siempre su poesía, llena de tantos abismos como su alma, fue lo que hizo que José María Castellet le incluyera en su famosa antología Nueve novísimos poetas españoles (1970) Una poesía que, según Charo Fierro, te hacía estar siempre al borde de los sentimientos. Llegaba a emocionar tanto como a maldecir. Era cruel y tierna, era esa lucidez llevada al extremo La editora, que conocía al poeta desde la época de la Movida madrileña, se queda con su infinita ternura Era tierno, indefenso, obediente, dócil, meticuloso, atento... Pero cuando percibía que le iba a llegar un gesto de ternura se rebelaba. Leo quería protección, pero no quería recibir muestras de afecto. Cinco minutos de convivencia con él podían despertar todos los demonios que tenía dentro. Era el hermano del diablo en la convivencia Queda su legado y un libro inédito titulado Rosa enferma que Huerga Fierro publicará en otoño. Esa obra tan rotunda es para que nos inspiremos en sus ráfagas de genialidad y grandeza remata Fierro. Esas ráfagas hicieron que ayer muchos le recordaran. Como el editor Jorge Herralde, que definió a Panero como un grandísimo poeta del que quedará el recuerdo del fulgor Vicente Molina Foix, otro de los novísimos de Castellet, dijo que Panero ha escrito los mejores poemas de su generación y el editor Chus Visor le definió como el único poeta maldito en España Un poeta cuyos versos, surgidos de la locura, resuenan hoy más que nunca: En la arena yace un muerto es lo mismo yacer entre palabras n mi próximo libro de poemas hay uno que titulo Meditación en Castrillo de las piedras que es una interpretación, no al uso, de la saga de los Paneros poetas. Escribir este texto implicó sacar al padre de los tópicos ideológicos y peliculeros y llevar a los hijos al momento en el que ese padre muere una tarde de agosto de 1962, en la casa campestre de la familia, en los alrededores de Astorga. Esa muerte y aquellos tres niños repentinamente huérfanos, fueron la clave que explica el posterior desarrollo no solo de la deformada imagen que se ha dado del padre y del humanismo de su poesía, sino de las obras y el comportamiento futuro de los hijos. Los inscribo a los cuatro (también a la figura de la madre) en ese momento y lugar concretos, porque solo así cabe entender en su origen, a fondo, y aunque parezca paradójico una obra poética y una personalidad amarga como la de Leopoldo María Panero. Quizás todos esos versos libérrimos y espasmódicos, ácidos y alucinados, solo hayan sido un afán de velar o de revivir cuanto aquella tarde del verano del 62 sintió un niño, cuando su padre llegó con el corazón sajado, en coche, entre las encinas de la casa del palomar. Pesaban y pesan mucho la familia y la tierra en el mundo poético del padre, herían y dolían mucho las raíces leonesas. Y contra todo E Felicidad Blanc con sus tres hijos (Juan Luis, Leopoldo María y Michi Panero) en una imagen incluida en El desencanto de Jaime Chávarri ABC Cada uno en su valor Los versos de todos los Paneros lucharán contra el tiempo y el tiempo hará justicia y los decantará aquello había que reaccionar. De ahí la doble (o acaso triple muerte, si pensamos en la madre) a que el padre fue sometido. El padre vaticinó que iba a ser metafóricamente acri- billado por los versos de sus hijos Pero los versos de todos los Paneros lucharán contra el tiempo y el tiempo hará justicia y los decantará, cada uno en su valor y al margen de las tensiones sociales. Leopoldo María me concedió siempre una amistad cordial. Descansa en paz, Leopoldo. Los encinares de Castrillo guardan el secreto de tus versos a veces inexplicables, airados y corrosivos, y de tu vida tempranamente deshecha. Escritura a la contra TÚA BLESA yer perdimos a Leopoldo María Panero, un poeta que no tiene ni punto de comparación con ningún otro en la Literatura española. Su escritura es, desde el primer momento, una especie de gran rechazo a lo que son las ideas sobre la literatura y lo que es la práctica de la escritura. Si uno piensa en Así se fundó Carnaby Street (Huerga Fierro, 1999) los poemas que hay allí no se parecen a ninguno de los de la literatura del momento. La truculencia y ese mundo tenebroso tan caracterísitco de su obra ya estaban allí. Los que supieron verlo acertaron a comprender que su poesía era una gran aportación a la literatura. Frente a la identificación entre poesía y palabra enternecedora o sentimental o tópicamente bella, la lectura de los libros de Leopoldo María Panero te muestra la violencia, la escatolo- A gía... Todo tipo de deyecciones corporales aparecen continuamente por sus páginas y no son más que índices de una propuesta estética general que se opone a lo establecido. Su vida influyó muchísimo en su obra. También la situación psicológica suya, que se convierte en psiquiátrica. Esa vida de excesos, de extravagancias y extralimitaciones, no es más que la contrapartida del exceso en la escritura. Todo eso, cuando lo lees como acontecimientos de una vida, lo acabas encontrando en sus cuentos, en sus libros de poesía y en sus ensayos, que son interesantísimos. Sin olvidar su labor de traductor, a quien considera un escritor en toda la dimensión de la palabra. Hablar de Panero y de su obra es hablar de sus obsesiones. La muerte, que le lleva a presentarse como una persona que ya ha muerto. El sexo, que tiene a veces escenas de mucha violencia y muy extrañas a lo que es el discurso amoroso. Obesión es también el tratamiento singularísimo de la figura del padre y de la madre. Y, por supuesto, la bebida, que le acompañó en vida y está reiteradamente presente en sus textos. Aunque en los últimos tiempos el miedo era uno de los temas más obsesivos, hasta representar un personaje que vive con una especie de sensación de temor permanente. Pero, para obsesión, la literatura misma. Ese lenguaje poético que él construye, en una especie de fricción entre lo más alto y lo más bajo en la página, que conviven ahí con toda naturalidad. Muchos lo identificaron como loco, pero si lo lees al margen de eso, Leopoldo María Panero es una página singularísima de nuestra historia literaria. TÚA BLESA ES CATEDRÁTICO DE TEORÍA DE LA LITERATURA Y AUTOR DE LEOPOLDO MARÍA PANERO, EL ÚLTIMO POETA (VALDEMAR, 1995)