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ABC VIERNES, 7 DE MARZO DE 2014 abc. es internacional INTERNACIONAL 31 El análisis Ucrania en crisis no cree en la guerra ANA PALACIO EXMINISTRA DE EXTERIORES JOSÉ M. DE AREILZA ES EL SIGLO XXI Seis décadas de integración no dan para estrenar política exterior en una crisis del siglo XXI La UE no puede ir desunida a hablar con Rusia, que tiene las cosas muy claras Rusia y la Unión Europea y, en general, la comunidad atlántica se necesitan mutuamente. Eso está ahora claro, tras lo sucedido en Ucrania. Para negociar, necesitas que haya un espacio de negociación y alguien con quien hacerlo. Pero no se puede negociar con alguien que está apostando muy fuerte si tú no pones tus cartas sobre la mesa. Es muy difícil saber lo que va a pasar, porque lamentablemente pueden surgir imponderables que den lugar a escenarios de violencia. Espero que no sea así. Tendríamos que ser capaces de encontrar una solución negociada que tuviera en cuenta los intereses legítimos de Rusia y los intereses legítimos de la comunidad atlántica y de los ciudadanos ucranianos en todo este asunto. A partir de ahí, espero que las negociaciones vayan adelante de una forma equilibrada. Lo que no puede ser es que los europeos acudan totalmente desunidos a hablar con una Rusia que tiene las ideas muy claras, que sabe lo que se está jugando y va a por todas. Lamentablemente, en esta situación las cosas se pueden escapar, pero creo que no hay razones para que haya una guerra. Lo que hay son razones para negociar. No sé si asistiremos a una guerra de tipo comercial, porque eso forma parte de los términos de la negociación. Yo creo que no, porque no tiene ningún sentido para Europa ni para Rusia, porque toda guerra comercial tiene consecuencias para las dos partes S Bernardino León EFE BERNARDINO LEON ENVIADO ESPECIAL DE LA UE No veo un escenario de guerra fría En lo que está sucediendo en Ucrania hay que considerar que los rusos casi no se entienden a sí mismos sin ese territorio. Para Putin no solo cuenta el elemento militar y estratégico, sino también su afán de dejar atrás un periodo de humillaciones tras la caída de la URSS y el aspecto importante de continuidad histórica. Por eso, no será fácil que Putin dé su brazo a torcer, pero no creo que Rusia quiera ahora entrar en un conflicto militar. El conflicto de Osetia era relativamente fácil, pero Ucrania es un territorio más grande y complejo, con una componente de enfrentamiento civil muy grande. Creo que para ellos está aún lejano ese escenario de conflicto. Y para Europa debería también estarlo. Crimea está casi adyacente al territorio ruso, mientras que para Europa se trata de una zona relativamente remota y de difícil acceso. No tiene, por ello, gran sentido plantearse la opción militar. Creo que Occidente debe hablar muy claro y ser muy firme, porque lo que está en juego es mucho, y Rusia debe saber que ha de respetar el derecho internacional. Pero no veo un escenario de nueva Guerra Fría, porque los rusos son los primeros que no tienen interés en que la relación comercial con Europa se deteriore MIGUEL Á. MORATINOS EX M DE EXTERIORES Rusia no puede ser vista como enemigo La situación en Ucrania es crítica, compleja y de difícil solución, y por ello se necesita diplomacia y visión de futuro a medio y largo plazo. Ha sido un error no tener en cuenta los intereses de Rusia en la región. La guerra de Crimea de 1853 supuso una indicación de los intereses estratégicos que hay en la zona. Hoy sería incomprensible que no se llegue a una solución diplomática. Hace falta una iniciativa diplomática en la que todos vayan en una dirección. Tampoco se puede dejar de lado el uso de la fuerza por parte de Víctor Yanukóvich, pero una solución ha de ir en la línea de lo que planteó el ministro alemán de Exteriores, Walter Steinmeier, de crear un grupo de trabajo de países que sobre la base de la OSCE pueda encontrar una solución de compromiso. M. A. Moratinos VALERIO MERINO Rusia no puede ser vista como un enemigo de la Unión Europea. No se puede olvidar que tiene la sartén por el mango, porque Europa depende de la energía rusa y las medidas que puedan tomar, con la política de visados o la no asistencia al G- 8 no cambiarán nada e diría que la respuesta a la crisis de Ucrania tiene un mismo hilo conductor a ambas orillas del Atlántico, el realismo. Pero son versiones bien distintas de una misma actitud ante el poder duro del exsoviético Putin. Por parte de Estados Unidos, el presidente Obama no está dispuesto a una intervención militar que su opinión pública rechaza, harta de guerras muy impopulares, como Irak o Afganistán. En política exterior practica un realismo cauteloso, un activismo de mínimos, al compás de la reducción del presupuesto del Pentágono. Está dispuesto a meter presión para que Vladimir Putin limite los destrozos en su operación de reponer a Ucrania en su condición de protectorado ruso. La Casa Blanca, además, contempla la fiereza rusa como una expresión de la debilidad estructural de su sociedad y su sistema de gobierno. Las prioridades de Obama en política exterior están en Irán y en China y prefiere dejar hacer y practicar este tipo de realismo poco airoso. Del lado europeo, nuestros dirigentes hablaron ayer de ayuda económica, sanciones y soluciones diplomáticas. Pero en el fondo levantaron acta de su impotencia a la hora de formular una acción exterior a partir de una estrategia compartida, y de respaldarla con capacidades militares. La actitud de UE es también realista, pero fruto de una resignada inhibición. Seis décadas de integración no dan para estrenar política exterior en una crisis del siglo XXI con riesgo de escalada militar. Para muchos europeos, es muy inquietante esta violación del Derecho Internacional por parte de una Rusia nacionalista, que choca frontalmente con el valor absoluto de la paz, entronizado en nuestra civilización. A la Unión Europea, como ha explicado José I. Torreblanca, le cuesta relacionarse con terceros países si no existe una perspectiva de adhesión de éstos al club europeo. Vladimir Putin tampoco parece entusiasmado con el realismo sucio practicado en la toma de Crimea. Pero la comprobación de que la Unión no tiene capacidad de estabilizar hace más sencilla su decisión de seguir adelante.