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14 OPINIÓN LLUVIA ÁCIDA PUEBLA VIERNES, 7 DE MARZO DE 2014 abc. es opinion ABC DAVID GISTAU HIERRO 6 ¿Acaso no se trataba de ser el primero en hacer algo y viajar al espacio no era suficiente? Pues Alan Shepard fue el primero en jugar al golf en la Luna M I astronauta favorito es Alan Shepard. Fue el quinto hombre en pisar la Luna como miembro de una misión Apolo. Es decir, que llegó un poco tarde, cuando ya había otras huellas impresas, y eso a él lo mortificaba. Mailer escribió que la de los pioneros espaciales fue una aventura típicamente estadounidense porque ese país todo lo consiguió arrastrado por las fuerza de ambiciones individuales. De logros primerizos relacionados con un nombre propio. Un nombre de héroe, figura que aún se cultivaba allí con fervor de civilización joven y algo infantil cuando a Europa ya habían llegado la sensación de finitud todo está hecho y la hegemonía del concepto de bienestar colectivo. Pero apenas quedaba en el culto al héroe un hueco en la memoria para el segundo en hacer las cosas, no digamos para el quinto. Agotada la capacidad de fascinación en Neil Armstrong, autor de la primera vez, Alan Shepard se encontró en la insólita situación de que pisar el suelo lunar ya no bastaba para impresionar a las chicas, ni para recibir una invitación a la Casa Blanca, ni para ser recordado. Ésa era una proeza conseguida, casi rutinaria, cuya posteridad manejarían en monopolio Armstrong y su tripulación. Shepard sacó entonces un palo de golf, un hierro 6 de la marca Wilson, y unas cuantas pelotas. Asentó los pies en el más estéril y mayor búnker del circuito no profesional y, después de errar dos o tres intentos, atizó una bola que la falta de gravedad convirtió en el swing más largo de la historia. ¿Acaso no se trataba de ser el primero en hacer algo, y con una exigencia por la que viajar por el espacio no era suficiente? Pues Alan Shepard se convirtió en el primer hombre en jugar al golf en la Luna. Por eso, y probablemente sólo por eso, es recordado. De igual forma que de James Irwin, octava huella lunar, sólo hay recuerdo porque enloqueció ahí arriba, creyó recibir un encargo de Dios, y al regresar dedicó el resto de su vida a buscar el arca de Noé: Julian Barnes tiene un relato largo magistral sobre él. Me he acordado de aquellos astronautas al leer las entrevistas concedidas en España por Felix Baumgartner, el saltonauta quien por cierto relaciona su vocación con la admiración por Neil Armstrong. Con cierta fatiga, Baumgartner aún tiene que justificar su salto, que para muchos es un mero capricho que nada aporta a nadie. Cabría preguntarse qué aportaron en términos utilitarios las hazañas de tantos que sólo demostraron que algo era posible, como Hillary en el Everest, aparte de inspiración para sus contemporáneos. Pero debería bastar, si indagamos en el infantil sentido heroico, que Baumgartner lo hizo por primera vez. El siguiente tendrá que inventarse algo, qué sé yo, arrojar un poni y tratar de montarlo durante la caída, porque esa huella ya está impresa. MONTECASSINO HERMANN EL ÉXITO DE LO TÓXICO La ética de la responsabilidad está proscritas por esa jauría que criminaliza y difama todo lo que no obedezca a las consignas de la secta izquierdista AS fronteras matan rezaba el lema del programa. Cuatro conspicuos izquierdistas voceaban a la pantalla el pasado miércoles su airada unanimidad contra el discrepante ausente. Al que no habían invitado a opinar. No había allí nadie que defendiera algo tan obvio como la necesidad de las fronteras y de protegerlas. De salvaguardar la legalidad, de la que esas fronteras son parte incuestionable. Los cuatro unidos clamaron durante todo el programa contra el asesino que a fin de cuentas es el Estado. Mejor aún, el que ahora lo gobierna. Sobre la mesa, en primer plano, unas concertinas, una de las armas del crimen. Las concertinas son los alambres con cuchillas. Para mayor disuasión y eficacia como obstáculo. Están hechas para que nadie las toque. Y nadie obliga a tocarlas. Son las concertinas que puso el Gobierno de Zapatero nada más llegar a Moncloa. Pena que todos los presentes en el programa de las fronteras matan no se preocuparan entonces nada por aquellos alambres que ahora les indignan. El jefe del programa se dedicaba a enriquecerse gracias a su amistad con el padre de las alambradas asesinas Oiga, pues entonces ni una queja. Entonces, unos cargos políticos se dedicaban desde el poder a fundar una televisión privada, la tele de los amigos del presidente del Gobierno, ahora ya convertida en el escaparate de la jauría. Y emulada con éxito por L otras. ¡Ay, entonces! No se recuerdan lamentos de estos cuatro, cuando cinco inmigrantes fueron abatidos a tiros en aquella frontera. Aquellos sí fueron disparos, tiros, fuego real. No lo han sido las pelotas de goma de la guardias civiles en el trágico incidente en que se ahogaron quince jóvenes asaltantes. Pero desde que sucedió, socialistas, comunistas y los programas que manejan en públicas y privadas no dejan de hablar de los inmigrantes tiroteados y los disparos contra los inmigrantes Al final, todos convencidos de que la Guardia Civil disparó a matar. Ya saben, la frontera mata Quienes la defienden matan. El mensaje tóxico cunde. La comisaria Mallström tiene a su lado una socialista española que ya se ocupa de transmitirlo. Los demás Estados tienen a ciudadanos suyos situados cerca de los órganos de decisión de la UE para defender sus intereses. España los tiene para que saboteen los suyos. Así fue con el juez López- Guerra en Estrasburgo. Y ahora con Ana Terrón del PSC a la vera de la comisaria. La culpa de los muertos es de todos los que no nos ponemos bajo la bandera y el dictado de su bondad infinita. No explican cómo asumir el inacabable flujo de inmigrantes africanos que seguiría a la inevitable violación masiva de la frontera generada por la tolerancia publicitada. Ni cómo se iban a defender los derechos y la seguridad ante el triunfo de la inmigración ilegal y el colapso de la legalidad. ¿Para qué? El sentimiento humanitario es inapelable. Porque excluye la razón. Porque la ética de la responsabilidad ha sido abolida. Es más, porque está proscrita por esa jauría que criminaliza y difama todo lo que no obedezca a sus consignas de la secta izquierdista con manto humanitario. Ha conseguido hacer de España una perfecta anomalía política, en la que la izquierda renuncia ya por completo a la defensa de la legalidad y poderes mediáticos hacen negocio con el permanente desafío a la legalidad. Aplicando al debate y la propaganda política los mecanismos de la basura sentimental televisiva clásica. Tienen éxito en este país tan escaso en coraje cívico. Intimidan a diestra y siniestra. Nadie quiere problemas con gentuza sin escrúpulo alguno. Que blande, procaz y soberbia, su gran arma tóxica de un programa de televisión diario.