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ABC JUEVES, 6 DE MARZO DE 2014 abc. es cultura CULTURA 47 JUAN GÓMEZ- JURADO John Bingham, el héroe real Nació en 1908 y murió en 1988, después de ser un espía decisivo que en la Segunda Guerra Mundial logró hacerse pasar por un agente de la Gestapo y contactó con simpatizantes británicos de los nazis, a los que denunció. También fue un prolífico escritor de 17 novelas de espionaje y misterio. Y pasará a la historia por ser la inspiración (al menos la mitad) del agente George Smiley, el protagonista de las mejores novelas de Le Carré. El propio escritor declaró hace años que nadie que conociera el trabajo de Bingham en el MI 5 y sus primeras novelas habría dejado de darse cuenta del parecido. AUTORRETRATO DE SMILEY Me gusta mi país y no me gustan los que quieren hacerle daño. Es un pensamiento anticuado, pero yo no soy un hombre de estos tiempos digiosa que me permite recordar hasta el último de los objetos de una habitación solo con echar un simple vistazo tras una puerta cerrada. En mi ficha del MI 5 dice que tengo la arteria de Satanás y la conciencia de una virgen. Es cierto. Pienso como una zorra de Whitechapel, pero actúo como una monja. Eso también me convierte en un gran patriota. Rule, Britannia, Britannia, rule the waves ya saben. Me gusta mi país, y no me gustan los que quieren hacerle daño. Es un pensamiento sencillo y anticuado en los tiempos que corren, pero yo no soy un hombre de estos tiempos. Soy ecléctico y simple, si es que tal cosa es posible. Vivo ya retirado después de mis muchas aventuras. Me dedico a la apicultura en la campiña inglesa, entregado a mis recuerdos, porque mi padre literario jamás quiso acabar conmigo. Yo se lo agradezco. Puede que no tenga licencia para matar, pero desde luego me he ganado la licencia para vivir para siempre. Aunque sea en la memoria de los lectores. M Bingham, el mentor de Le Carré i nombre es Smiley, George Smiley. Supongo que les divertirá que me presente como esa bestia petulante de mi colega Bond. A mí desde luego me hace gracia. A diferencia del bueno de 007, yo soy real. Un espía de verdad, no de esos que salen en las películas. Soy bajito y gordo, no sé empuñar una pistola. Me visto con ropas caras que además no sé conjuntar bien. Cobro un sueldo de mierda, mi mujer me ponía los cuernos (con un espía enemigo, no se lo pierdan) y me limpio mis gafas de culo de vaso con el pico de la corbata. Soy tan anodino que ninguno de ustedes me dedicaría una segunda mirada si nos cruzásemos en el metro. Por todo ello, soy el espía perfecto. Soy capaz de desaparecer entre la gente. Tengo una memoria pro- mejores estudiantes de Oxford, Cambridge y otros centros académicos, los agentes de inteligencia compartían a menudo la misma proveniencia y círculos sociales que la élite política e intelectual del país. Unos lazos persona- les que, según los críticos, habrían hecho bajar la necesaria vigilancia que reclama Le Carré. El escritor lamenta que Bingham detestara su visión crítica de los servicios de espionaje. Pero yo detesto de la misma manera la noción de que nuestros espías son uniformemente inmaculados, omniscientes y fuera del alcance de la vulgar crítica de quienes no solo pagan por su existencia, sino que, en ocasiones, son llevados a la guerra so- bre la base de pruebas de inteligencia prefabricadas Le Carré se refiere aquí a uno de los pecados capitales de la inteligencia moderna, la elaboración de una narrativa sobre hechos falsos para justificar la invasión de Irak en 2003.