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ABC JUEVES, 6 DE MARZO DE 2014 abc. es opinion OPINIÓN 17 PECADOS CAPITALES Consumo infantil No habrá moción Unidad de mercado El alcohol como Ferraz para los pies a Los tabiques actividad extraescolar su líder navarro no se tocan El último informe del Plan Nacional de Drogas alerta sobre el aumento del consumo de alcohol entre adolescentes de catorce y quince años. Tolerada por numerosos municipios, la denominada cultura del botellón valga la obscena paradoja ha venido a oficializar la borrachera como actividad extraescolar, normalizando entre los más jóvenes un hábito que ha de ser combatido desde las aulas, pero también desde las instituciones, la familia y el resto de la sociedad. La condescendencia es el mejor aliado para pasar por alto cualquier lacra social, y el alcohol, servido de forma irresponsable, es una de las más nocivas. Tarde, de manera intempestiva, pasadas las diez de la noche y en pleno partido España- Italia, Ferraz se desperezó y puso fin a la alocada aventura de su líder en Navarra, Roberto Jiménez. Ofuscado en derribar a Yolanda Barcina por cualquier vía, Jiménez buscaba extraños atajos que al final pasaban siempre por lo mismo: servir Navarra en bandeja a los proetarras de Bildu. Alguien ha debido sacar la calculadora electoral en Ferraz y decirle a Rubalcaba lo que todo el mundo ya sabía: los españoles penalizarían una felonía así. No es de extrañar que una ley que lleva en su mismo título la palabra unidad levante ampollas entre quienes han hecho de la división el principal objetivo, casi exclusivo, de su actividad política. Acabáramos. La ley de Garantía de Unidad de Mercado es la nueva bestia negra del separatismo, que ayer anunció su decisión de evitar la aplicación de una norma redactada para eliminar barreras empresariales entre regiones. Las incuestionables ventajas económicas de la nueva ley pesan menos que el sacrifico político que exige para los guardianes de las esencias regionales. Los tabiques son sagrados. MAYTE ALCARAZ SIN NOTICIAS (DEL JUICIO) DE LA GÜRTEL A la trama de corrupción siguen creciéndole cabezas, pero del juicio nada se sabe. Peor para todos N reconocer el gran servicio que sigue prestando el Rey a España, mostrando siempre la imagen mas fiable de nuestro país. SERGIO HERNANZ ROMERA MADRID Inmigración masiva ilegal Para evitar confusiones y malentendidos, vaya por delante que cada día que pasa me voy alejando más del racismo y de la xenofobia. Me pillan muy lejos. Me explicaré. En febrero de 2010 escribí una página en una revista madrileña. La titulé De colores En ella decía esto: De colores titulo este trabajo. Distingo todos los del arco iris, pero con el género humano mi daltonismo no tiene límites Y digo yo que entre nosotros los ¿humanos? nadie es inferior a nadie y que el odio se debe aparcar en la cochera. Otra cosa es (hemos de reconocerlo) que tanto Ceuta como Melilla atraviesan una situación crítica. Esto lo saben hasta en Tegucigalpa. Y la cosa va a más. Ya se habla de una nueva avalancha de unos 80.000 inmigrantes. Son palabras mayores. Aquí es cuando echo de menos las decisiones que se han de tomar, principalmente los políticos, que, obviamente, son los que tienen el poder y la decisión en sus manos. La situación no permite ir paso a paso. Hay que hincarle el diente ya mismo. Por otra parte, me aferro a la solidaridad con el pueblo saharaui. Y no me refiero exclusivamente a la solidaridad de los españoles, sino a la de todos los europeos, que también están metidos en el ajo. Pido ayuda y ayudas para que estos seres sean atendidos como cualquiera de nosotros, eso sí, poniendo los medios en su propio pueblo, para que no tengan que jugarse la vida en el mar o trepando vallas, cuchillas incorporadas. Termino dedicándole este último párrafo a don Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior: ahí quedan mi nombre y mis apellidos. Estoy decidido a colaborar por esta triste causa, aportando lo que buenamente pueda, tanto en lo económico (soy un pensionista mileurista) pero algo podré dar, como en lo humano, que sería mucho. Lo único que pretendo es evitar a toda costa (nunca mejor dicho) que estas personas sigan muriéndose, unas de hambre, otras ahogadas. ¡Qué horror! ARTURO ESPINOSA FERNÁNDEZ MADRID Pueden dirigir sus cartas y preguntas al Director por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid, por fax: 91 320 33 56 o por correo electrónico: cartas abc. es. ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. Mi homenaje, mi recuerdo y mi cariño a las víctimas del 11- M El próximo martes se cumplen diez años de la terrible masacre llevada a cabo por los malnacidos que sumieron a España entera en el dolor, la tristeza y la desolación. Cientos de víctimas y miles de heridos quedaron marcados de por vida. Yo estuve allí, y también quedé marcado para siempre por el dolor, por la rabia, por la impotencia, y preguntándome día a día el porqué de tanta barbarie y tanto odio, no sé contra quién. Diez años después, cuando cada día paso por la estación de Atocha, me lo sigo preguntando. Mi homenaje, mi recuerdo, mi cariño y mi respeto a todas las familias, esposas, hijos y padres de las víctimas, que nunca podrán olvidar a los suyos. Compartiré siempre su dolor, y por muchos años que pasen nunca olvidaré aquella mañana. VICENTE VIQUE GUARDIA CIVIL O cerrar en un tiempo medianamente razonable una investigación judicial es inversamente proporcional a la efectividad de la justicia. Provoca juicios paralelos, no atiende a la tutela efectiva de los imputados, encausados y defendidos y, sobre todo, no resarce a la sociedad y a las víctimas de la comisión del delito perseguido. Cuando hace cinco años José Peñas, exconcejal del PP de Majadahonda (Madrid) llevaba al juzgado una serie de grabaciones realizadas a Francisco Correa en las que se ponía de manifiesto que controlaba una red de corrupción de cargos públicos, la opinión publicada se frotó las manos ante la golosa constatación de que una parte de la mano derecha del país era pillada tiznada de lodo. Los ingredientes no podían ser más sabrosos para un buen guiso mediático: la Policía se había topado con una trama liderada por un Don Vito que presuntamente sobornaba a responsables del PP con dinero y caprichos y después los chantajeaba para conseguir la adjudicación de contratos. Era la tormenta perfecta. Gürtel se convierte en un seísmo que agita los bastiones más importantes del PP: Madrid y la Comunidad Valenciana, y tambalea los cimientos de Génova, con la implicación de su tesorero, Luis Bárcenas. Alcaldes, diputados, viceconsejeros y otros cargos autonómicos y municipales desfilan por los juzgados; y para salpimentar el caso, por el camino cae un juez Baltasar Garzón cuya mala praxis es castigada por el Tribunal Supremo con su inhabilitación. A la investigación le empiezan a crecer nuevas cabezas que lastran la instrucción y alejan inexorablemente el momento en que se pueda ver sentados en el banquillo a los responsables de tamaña estafa a los ciudadanos. Es necesario analizar oscuras operaciones bancarias, desgranar la documentación llegada al juez, interrogar a centenares de testigos y, sobre todo, seguir el rastro de los flujos de dinero a paraísos fiscales. Y para ello, es preciso pedir comisiones rogatorias a países que, en muchos casos, no son muy proclives a colaborar destapando sus vergüenzas. Aunque el macroproceso apunta a un enriquecimiento personal de dirigentes del PP, no ha logrado desvelar una financiación irregular del partido. Pero se sigue indagando. Mientras, en el imaginario colectivo fertilizó que el PP se lo había llevado, aunque desde entonces el aturdimiento informativo no ha dejado ver el sol. Nada haría más daño, advierten los juristas, que algún imputado pudiera agarrarse a la atenuante de dilación indebida para sacar tajada del retraso del procedimiento. No es fácil, porque para ello tendría que demostrar los perjuicios que la dilación haya podido generarle. Pero la causa no puede ya demorarse. Ruz dijo hace un año que quería mandar a juicio la matriz de la Gürtel Seguimos esperando. Pero el tiempo juega en contra de todos.