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ABC JUEVES, 6 DE MARZO DE 2014 abc. es ENFOQUE 5 El expresidente del Sevilla José María del Nido (con gorra roja) se dirige a la entrada de la prisión donde pasó su primera noche CUATRO Del Nido, en prisión La viga y la paja JAIME GONZÁLEZ José María del Nido gorra roja y atuendo deportivo entraba a primeras horas de la mañana de ayer en la cárcel Sevilla I, después de que el Tribunal Supremo confirmara el fallo de la Audiencia Provincial de Málaga que le condenó a siete años de prisión por malversación y prevaricación. En un bar cercano, las cámaras de televisión pulsaban la reacción del pueblo: Pues si aquí roba todo el mundo, no entiendo por qué no le han concedido el indulto exclamaba enfadado un señor envuelto en la bufanda sevillista. A su lado, otro iba aún más lejos: Es una injusticia, porque Del Nido no ha hecho nada malo comparado con lo que han robado otros Sobre la corrupción, hemos acuñado frases que son falsas o, al menos, inexactas: La corrupción ha colmado el vaso del hartazgo; estamos en la antesala de una revuelta social teorizaba el otro día un experto en estallidos. Convendría poner en cuarentena esas encuestas del CIS que, desde hace meses, vienen constatando cómo la corrupción escala posiciones en el top ten de los problemas nacionales. Y no por quitarle importancia, sino precisamente para alarmarse por la escasa incidencia que la corrupción tiene en términos electorales. Salvo muy contadas excepciones, los españoles no han depurado en las urnas la mangancia de sus responsables políticos, una evidencia que viene a poner en duda ese sentimiento generalizado de hartazgo que subrayan los informes demoscópicos. A los españoles es verdad nos indigna la corrupción del adversario: político, deportivo o vecinal, pero somos extremadamente comprensivos con la corrupción de los afines. ¿Por qué? Básicamente, por la ausencia de conciencia crítica, doblegada por la ideología, la ciega militancia o la pasión de las gradas. En España, la sociedad civil sigue en mantillas, tal vez porque la política se ha encargado de neutralizar a todas aquellas organizaciones verdaderamente independientes que amenazaban con erigirse en auténticos contrapoderes. La instrumentalización política de la corrupción ha convertido los casos más sonados ERE de Andalucía o Gürtel en un degradante intercambio de golpes sobre el fango, de forma que, lejos de purgarse, los partidos se han afanado por descubrir la paja en el ojo ajeno, en lugar de quitarse la viga del propio. Y así nos va: no es de extrañar que un sevillista considere a Del Nido una víctima, en lugar de un delincuente. Si el que hubiera entrado en prisión fuera el presidente del Betis, el señor de la bufanda habría pedido que cumpliera cadena perpetua revisable. Y viceversa. Al experto en estallidos que ha profetizado una revuelta social le diría que espere sentado. Es verdad que la corrupción levanta pasiones, pero enfrentadas (salvo en el caso de los banqueros) Lo mismo que en un Sevilla- Betis, Madrid- Barça o PP- PSOE. DEPORTES