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12 OPINIÓN COSAS MÍAS PUEBLA MARTES, 18 DE FEBRERO DE 2014 abc. es opinion ABC EDURNE URIARTE LA CALIDAD DE LOS POLÍTICOS No es imprescindible la formación universitaria para ser un gran político. Pero sí una vida de trabajo, disciplina, exigencia y formación E resulta cada día más estomagante ese populismo antipolítico que se ha instalado en nuestro país. El que proclama, entre otras falsedades, que la calidad de nuestros políticos es peor que nunca o inferior a la de otros países. O que lo que cuenta de verdad es la experiencia en otras actividades y no en la propia política. Que es algo así como defender que lo más deseable para ser un buen periodista es la experiencia fuera del periodismo, en la cirugía bucodental, por ejemplo; o en la horticultura, para ampliar perspectivas. Por eso me irrita doblemente que los propios políticos contribuyan de vez en cuando a dar argumentos, y algunos de peso, a los populistas anteriores. Es falso que la calidad de nuestros políticos sea peor que nunca, como se puede comprobar si, en lugar de hacer demagogia, se repasa, por ejemplo, el currículum de los ministros de todos los gobiernos, sus licenciaturas y doctorados, y sus expedientes. A no ser que uno defina calidad según le dé la gana y sin atender a datos objetivos. De la misma manera que, si comparamos estudios de nuestros diputados con la formación de los diputados de otros países, también comprobaremos la falsedad de que la calidad de nuestros políticos sea menor. Pero si los antipolíticos hacen demagogia, los políticos les dan lamentables argumentos. Cuando, por ejemplo, se reúnen a la cabeza de Andalucía una presidenta, Susana Díaz, que tardó diez años en acabar sus estudios universitarios y un líder de la oposición, Juan Manuel Moreno, que maquilla su magro currículum académico. Y no porque tuvieran que ayudar económicamente a sus familias, o alguna razón de peso semejante, sino porque les costó tener la disciplina que requieren los estudios universitarios. Y no son los únicos. Hay que sumarles casos como el de la líder popular vasca, Arancha Quiroga, que tardó más o menos lo que Susana Díaz en acabar sus estudios universitarios y se dio casualmente mucha prisa en sacar el título poco antes de ser proclamada presidenta del Parlamento vasco. Y otros peores, como el de Elena Valenciano, que no ha perdido un ápice de su arrojo después de aquella mentira sobre su supuesta licenciatura en el currículum del Parlamento europeo. Cierto que tampoco les pasa nada a los críticos de los políticos por hacer cosas semejantes. Como Pilar Rahola, que superó a todos los anteriores con esos dos doctorados falsos que tenía en su currículum en español e inglés, hasta que lo descubrió un tuitero. Pero los dirigentes políticos están obligados a ser especialmente cuidadosos con la calidad de sus elegidos. Con la imagen y el ejemplo que transmiten a la sociedad y a los jóvenes que quieren dedicarse a la política. No es imprescindible la formación universitaria para ser un gran político, por supuesto. Pero sí una vida de trabajo, disciplina, exigencia, formación permanente y honradez total respecto a lo realizado. Cualquier cosa que ponga en duda lo anterior debería ser penalizada, y duramente. Y no maquillada o relativizada. M LIBERALIDADES JUAN CARLOS GIRAUTA EL PELIGRO DE LOS ÚLTIMOS COLETAZOS No asistiremos impávidos al anuncio, un buen día, de que ya no somos españoles L A desesperación es mala consejera. Recuérdelo el dúo Mas- Homs, último reducto en su propio gobierno de la conjura secesionista. Cuentan que al sueño de la independencia vamos a llegar los catalanes logrando las más cordiales relaciones con la España amputada, lo que sería imposible siguen con el pueblo catalán sojuzgado. Cuentan que la UE mantendrá la ciudadanía europea a los catalanes del nuevo Estado porque somos demasiado importantes, contribuyentes netos. Cuentan que sólo tras la independencia será la lengua española tratada en igualdad de condiciones. Y que inmediatamente crecerán el empleo, la renta per cápita y hasta la esperanza de vida. Cuentan lo que haga falta porque contar es gratis. Por contraste, cualquier oposición a tan felices planes se considera una muestra de cerrilismo, una carencia democrática, un dique a la voluntad del pueblo. Con tanto cuento, los buenistas han olvidado algunos principios: que el sujeto soberano es el pueblo español; que España es un Estado de Derecho cuya ruptura solo merecerá desaprobación de la comunidad internacional; que millones de catalanes no asistiremos impávidos al anuncio, un buen día, de que ya no somos españoles; que los cuentos del nacionalismo catalán han ido precedidos, van acompañados e irán paralelos a una perversa y meticulosa siembra de odio al discrepante. Los convergentes se han publicitado con anun- cios donde España roba a Cataluña; han lanzado carteles donde se afirma que la España subvencionada vive a costa de la Cataluña productiva han difundido que a Cataluña se le sustraen 16.000 millones de euros al año, y que esa cifra es inamovible (Mas dixit) Sus socios han llamado bandera del enemigo a la bandera de España. La hemeroteca está ahí para quien quiera comprobarlo. El lector catalán reconocerá al retintín ofensivo con que los medios de comunicación de la Generalidad se refieren a todo lo que huela a España, en informativos, programas de entretenimiento, concursos o transmisiones deportivas. A mí, que nací en la Diagonal, me han llamado colono en televisión. En un debate de TVE en Cataluña era recibido sistemáticamente por un periodista de carné en la boca con la acogedora exclamación ¡Ha llegado la caverna! En su día abandoné las redes sociales asqueado de insultos y amenazas. Todo se lo anoto a Artur Mas por arriesgar la convivencia. Todo. Ahora empiezan a comprender que no tienen nada que hacer, como lo demuestran las recientes declaraciones del presidente de la Generalidad a Corriere della Sera: convocará elecciones anticipadas. Se da por hecho que la fecha será la prevista para la consulta. Sin vanagloria: lo predije en estas páginas. Pero el resentimiento sembrado en unos, la frustración provocada en otros, quedará ahí. Además, el dúo no abandonará el escenario sin dar sus últimos coletazos. En esta reacción de perdedores, desesperada y temeraria, se inscribe la decisión gubernamental de llevar a los juzgados a Federico Jiménez Losantos para, según dicen, proteger el honor del pueblo catalán. No les gustan ciertas palabras, que en todo caso iban dirigidas al nacionalismo catalán, no a Cataluña (una confusión propiciada por quienes decidieron llamar minoría catalana a los diputados de CiU en el Congreso) Los nacionalistas catalanes no admiten que se les retrate, y menos que se les tilde de totalitarios. Ellos que comparan a Albert Rivera con José Antonio. Ellos que llaman nazis a los empresarios alemanes. Pero la desesperación es mala consejera: en Federico, su diana favorita, apuntan a una víctima de verdad, una víctima del terrorismo separatista. Han traspasado muchos límites, pero este se les va a resistir. No saben dónde se han metido.