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ABC VIERNES, 14 DE FEBRERO DE 2014 abc. es ABCdelOCIO 71 Dorian Torbellino de libertad y belleza Uno de los autores más relevantes en el panorama del teatro alternativo actual, Carlos Be (autor de Autostop Elepé Peceras presenta el próximo martes en La pensión de las pulgas es el segundo montaje representado en este singular espacio una versión de El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, que él mismo ha realizado y dirige. Dorian según su autor, es un joven de dieciocho años que confronta a todos aquellos a quienes conoce con los valores tradicionales y les impele a ahondar más allá de los tabúes y los prejuicios de la sociedad actual para sumergirles en un torbellino de libertad, erotismo y belleza Parafraseando a Henry, otro de los personajes: Sabemos que la humanidad está descarrilando. ¿Vamos por ello a renunciar al placer? La versión de Carlos Be presenta un reparto completamente masculino, que incluye a Jorge Cabrera, Francisco Dávila, David González, Carlos López, Javier Prieto y Alfonso Torregrosa. Dorian Madrid. A partir del 18 de febrero: martes de febrero, y lunes y martes de marzo. Lunes, 20 horas. Martes, 19 y 21.30 horas Crítica de teatro Pasiones políticas JULIO CÉSAR Autor: William Shakespeare. Traducción: Ángel- Luis Pujante. Versión, dirección y escenografía: Paco Azorín. Vestuario: Paloma Bomé. Iluminación: Pedro Yagüe. Audiovisual: Pedro Chamizo. Intérpretes: Mario Gas, Sergio PerisMencheta, Tristán Ulloa, José Luis Alcobendas, Agus Ruiz, Pau Cólera, Carlos Martos y Pedro Chamizo. Teatro Bellas Artes. Madrid. JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN ura fibra reconcentrada, este montaje de Julio César firmado por Paco Azorín atrapa el tuétano de la obra de Shakespeare convirtiendo una pieza montada a veces con énfasis coral en una contundente tragedia de cámara interpretada por ocho actores. La versión, que parte de una plástica traducción de Ángel- Luis Pujante, dibuja con trazo firme y claro las pasiones políticas que bullen en el argumento de una obra escrita en torno a 1599, en la época de plenitud creadora del Bardo, quien, como hizo otras veces, pudo deslizar en ella referencias al momento que vivía la Inglaterra de su época: el cercano final de la era isabelina transparentado bajo los turbulentos estertores de la Roma republicana del año 44 a. C. Azorín plantea una puesta en escena en la que contrapone dos elementos simbólicos bañados por la expre- P siva iluminación de Pedro Yagüe en clave tenebrista: un obelisco emblema vertical del poder, y unas sillas sobre las que descansaría la democracia republicana, el sustrato de la voluntad popular. Erguido en los primeros actos, el obelisco aparece en los finales, una vez muerto César, caído y roto. La vibrante esencialidad del espectáculo contribuye a resaltar y concentrar el vigor asambleario de los parlamentos; así, el discurso funerario que Marco Antonio convierte en alegato contra los asesinos del prohombre adquiere rabioso vuelo de proclama pronunciado a centímetros de las primeras filas por un encendido Sergio Peris- Mencheta con aura de líder revolucionario. En esa línea de sincretismo, el sobrio vestuario de Paloma Bomé combina togas y uniformes militares contemporáneos, y en la pantalla que cierra el escenario se proyectan datos cronológicos de la historia romana y los rostros de los actores en blanco y negro. El apartado interpretativo es magnífico, encabezado por un Mario Gas imperial en un César que contempla con suficiencia a sus conciudadanos desde la altura de su gloria; Tristán Ulloa es un sensible Bruto dividido entre su afecto por el dictador y sus convicciones republicanas, y José Luis Alcobendas compone un cabal Casio consumido por sus pasiones conspirativas. Estupendos también el Decio de Pau Cólera, el Casca de Agus Ruiz, el Metelo de Carlos Martos (encargado del movimiento escénico) y el Octavio de Pedro Chamizo (responsable del apartado audiovisual)