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ABC VIERNES, 14 DE FEBRERO DE 2014 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL BURLADERO UNA RAYA EN EL AGUA CARLOS HERRERA TENTACIÓN PELIGROSA Bildu, y lo que le cuelga, están esperando un tonto útil en forma de socialista que les haga el trabajo sucio P OCAS cosas le convienen más a esta España desencajada y convulsa que la permanencia de Pérez Rubalcaba al frente del PSOE. No se trata de una adulación espontánea y gratuita: se trata de una inyección interesada. A pesar de todos los pesares, APB es la mejor garantía de estabilidad de la que puede gozar este solejar con albarradas. Paso a explicarme, con la venia de mis lectores. No conviene que pierda las elecciones europeas aquel que depende de ello para seguir al frente del principal partido de la oposición. La mejor apuesta por todo tipo de inestabilidades es que el inquietante cántabro deba retirarse en la carrera por el liderazgo socialista cara a las próximas elecciones generales. Quienes, desde la derecha política, acaricien la idea de una derrota inmediata de su adversario no perciben el peligro que a la larga supone prescindir de el único individuo que se puede permitir el lujo de establecer acuerdos de Estado deseables a meses vista. Rubalcaba, nos guste o no, es el hombre que puede suscribir coaliciones que establezcan nuevos escenarios de estabilidad y despegue al estilo de aquellos Pactos de la Moncloa que permitieron un cierto milagro en la transición. El problema está en que hay que salvarle de sus propios correligionarios, no de sus adversarios. El Partido Socialista en Navarra, por ejemplo, está loco por la música. Tanto es así que está dispuesto a caminar de mano de Bildu con tal de desalojar del poder a UPN. Yolanda Barcina merece- rá todas las críticas que se quieran hacer, pero a nadie que quiera ser algo en política nacional se le ocurrirá, en su sano juicio, emprender acciones de la mano de quienes quieren anexionar Navarra a la fantasmagórica Euskalerría del nacionalismo vasco. Flaco favor se hacen a sí mismos quienes bendicen esa operación. Bildu, y lo que le cuelga, están esperando un tonto útil en forma de socialista que les haga el trabajo sucio y así poder establecer una aberrante política de anexión. El PSOE aspirante a gobernar España no puede consentirlo, se ponga como se ponga el hambriento socialismo navarro. Si APR no sucumbe a esa infantil tentación y si los votos europeos le son favorables, podrá aspirar sin problemas a la candidatura a la presidencia del gobierno que su partido ha organizado de forma inusualmente abierta. Con Rubalcaba al frente del PSOE se abre un futuro más interesante que sin Rubalcaba al frente del PSOE. Las próximas elecciones generales ofrecen un presumible escenario de fragmentación del voto y un complicado tablero de coaliciones. No nos engañemos: si las cosas son como se presumen se hará inevitable una auténtica revolución en la España moderna que pasará por un acuerdo de los dos grandes partidos. Un acuerdo de aroma alemán que establezca una estabilidad inusitada y una base de despegue que nos permita vencer al desafío que a diario nos abofetea. Habrá que aparcar todo aquello que separa a los dos partidos omnipresentes, que son muchas cosas, pero nos podremos permitir el lujo de garantizar una serenidad escénica imprescindible para el crecimiento y la confianza, o para la confianza y el crecimiento, que es el orden correcto. Podemos estar ante un panorama inusitado pero apasionante: la demostración de que, de verdad, los españoles somos capaces de entendernos y de construir las bases de nuevos periodos de nuestra historia. Y dar una lección inusitada desde el sur de Europa. Un futuro gobierno de coalición, que es de lo que hablo y lo que reclamo siempre que las urnas lo dictaminen, solo es contemplable con Rubalcaba al frente del entramado socialista. No se antoja fácil con otros elementos más o menos volátiles al frente de la izquierda española. Para ello tiene que ganar las europeas. Y tiene que evitar la tentación Navarra, tan sugerente como peligrosa. IGNACIO CAMACHO FELIGRESES Nueve mil avales reunió Moreno al día siguiente de su nombramiento. Un espectáculo de turbolealtades sobrevenidas A primera claudicación de su nueva etapa al frente del PP andaluz la ha tenido que aceptar Moreno Bonilla envuelta en el celofán de su propio nombramiento. Partidario confeso de las primarias, ha resultado ungido por el dedo distante de Rajoy en un gesto displicente de puro cesarismo. Su designación se ha cocido en un juego de intrigas de salón y moqueta, en una cooptación conspirativa salpicada de enredos entre la alta nomenclatura del partido: vetos cruzados, maniobras de distracción y esa típica urdimbre cortesana que tejen los edecanes palaciegos a base de calentar la oreja al jefe supremo. El viejo procedimiento endogámico del duelo de patrocinios e influencias que pierde, como en este caso Cospedal, quien primero da un paso en falso. Después del lamentable embrollo de indefiniciones, titubeos y torpezas que ha sumido en el caos a la organización y a los votantes del centro derecha andaluz, el PP ha desperdiciado la oportunidad de redimirse con una elección participativa de su vacante liderazgo. Si no mediante unas primarias que la dirección aún considera sacrílegas para su concepto patrimonial del poder interno, sí al menos en un congreso abierto en el que varios aspirantes pudieran medirse en lid competitiva y transparente. Así ocurrió en Galicia y en Baleares sin que se hundiera el mundo; más bien con el resultado convincente de sendas candidaturas ganadoras, con la frescura y el respaldo capaces de reunir sólidas mayorías sociales. En vez de eso Madrid ha impuesto en Andalucía un cónclave aclamatorio precedido de un casting tragicómico en el que se han achicharrado sin necesidad dirigentes valiosos a los que se les ha quedado cara de panoli. Y que lastra al propio elegido con la siempre antipática impronta de un desembarco. Nueve mil avales reunió de golpe Moreno al día siguiente de su nombramiento. Los mismos que habría obtenido el chófer de Zoido o el concejal de Festejos de Adra de haber sido señalados por el dedazo marianista. Un espectáculo de flechazos a primera vista en vísperas de San Valentín, una ola de turbolealtades y entusiasmo sobrevenido entre gentes que apenas conocían al nominado. Tal vez porque a la mayoría le daba igual quién fuese y estaba dispuesta a respaldar, como una feligresía, a cualquier enviado por el vaticano monclovita. Los partidos funcionan así, como iglesias, pero la sociedad ya va por otro lado. Bien es cierto que en la acera de enfrente sucedió lo mismo con Susana Díaz, otra bebé- probeta forjada al calor de la burbuja del aparato. Pero ese espejo de opacidad es magro consuelo para una sociedad cada vez más distanciada de estos usos de la vieja política de cabildeo cuyos profesionales permanecen arraigados en un modelo patricial esclerótico y cada vez más cuestionado, sin darse cuenta de hasta qué punto los tiempos están cambiando. Y de qué manera. L JM NIETO Fe de ratas