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8 ENFOQUE VIERNES, 14 DE FEBRERO DE 2014 abc. es ABC El secretario general del Partido Demócrata, Matteo Renzi, tras la reunión que forzó la renuncia de Letta EFE Letta tira la toalla Receta italiana JESÚS LILLO La locución radiofónica de un partido de baloncesto es lo más parecido a la cobertura informativa de la reciente historia política de Italia. Hay que tomar aire, y tener a mano una buena botella de agua. Faltan saliva y aliento para seguir el ritmo de un desencuentro que nunca termina. Minuto y resultado son coordenadas siempre provisionales en Roma, ciudad eterna también para la crisis. Vuelve a sacar desde su campo el Partido Demócrata, que es el nombre que la izquierda lleva en el dorsal desde hace unas cuantas temporadas, pero la pelota la tiene ahora Matteo Renzi, alcalde de Florencia. Sale de la cancha Enrico Letta, que no ha aguantado en la pista ni siquiera un año. El único que permanece es Napolitano, árbitro que a sus casi noventa años ha visto ya de todo. Es de los que dejan jugar. En la última década, cinco gobiernos diferentes han caído sin completar una sola legislatura. E la nave va, felliniana y zarandeada por las intrigas de una casta política que, más allá de siglas y reformulaciones, ha hecho de la ingobernabilidad su único principio activo. Comprimidos y efervescentes, cuando no tienen rival se pelean entre ellos. Es ese frenesí de corrillos, embustes y chantajes, forzado por las minorías parlamentarias que definen y explican el juego del parlamentarismo italiano, el que algunos quisieran trasladar a España. Absoluta o suficiente, una mayoría es el principal obstáculo, a modo de dique, para frenar esa marea o simple centrifugado, programa corto, sin suavizante que se lleva por delante gobiernos y proyectos, precisa y paradójicamente de recuperación. Fragmentada y en permanente proceso de reinvención, marketing de cartel y pegatina, la política italiana no solo impide la cimentación de bloques parlamentarios, sino que favorece la erosión y, a medio plazo, el recambio del pobre empedrado que resulta de cada elección. De la debilidad al motín, institucionalizado como mecanismo de relevo. Ayer cayó Letta. Sale Renzi y sigue el partido. El juego es adictivo, sobre todo para quienes a este lado del mar tratan de importar un modelo de gobierno que en realidad es de supervivencia personal. No es el pueblo el que se beneficia de este desencuentro, sino un gremio que ha hecho de la división y la miniatura una garantía para subsistir. En España tenemos ya auténticos profesionales, preparados para hacer carrera a costa de una sociedad que hasta ahora ha sabido encontrar salidas bien señalizadas y duraderas, y también levantar diques compactos contra el oleaje y su espuma, vistosa y traicionera. INTERNACIONAL EFE Sobre estas líneas, Enrico Letta abandona el palacio Chigi