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ABC LUNES, 3 DE FEBRERO DE 2014 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL CONTRAPUNTO ISABEL SAN SEBASTIÁN LAS VÍCTIMAS Como siempre hay lacayos dispuestos a ser la voz de sus amos, este mensaje de la presunta manipulación se repite de un Gobierno a otro C ONOZCO personalmente a muchas víctimas del terrorismo etarra. Algunas han integrado listas electorales del PP (Mari Mar Blanco) otras del PSOE (Eduardo Madina) y otras de UPyD (Rubén Múgica) o VOX (José Antonio Ortega Lara) La mayor parte de ellas carece de adscripción partidista. Los sicarios del hacha y la serpiente han asesinado a cerca de mil personas inocentes a lo largo de su sanguinario historial delictivo y herido en cuerpo o alma a muchas más. Las menos, aunque demasiadas, cayeron por representar a las siglas de un partido español. Las más, por vestir el uniforme de la Guardia Civil, la Policía o el Ejército. Otras, en cantidad insoportablemente elevada, compraban en un gran almacén, dormían en un aeropuerto o sencillamente paseaban por la calle cuando estalló un coche bomba. ¿Es posible determinar un patrón ideológico común a los fallecidos o sus familiares? No. ¿Comparten puntos de vista sobre el aborto, los impuestos o la independencia de Cataluña? Tampoco. Cada víctima tiene su propia forma de pensar, su particular sensibilidad y su libertad plena a la hora de votar. Por eso resulta repugnante, además de falaz, empeñarse en imputarles una disposición especial a dejarse manipular políticamente. Las víctimas del terrorismo están tan instrumentalizadas por uno u otro partido como los médicos, los periodistas o los carpinteros, ni más ni menos. Como siempre hay lacayos dispuestos a ser la voz de sus amos a cambio de un buen pesebre, coreando consignas huecas, este mensaje de la presunta manipulación de las víctimas se repite de un gobierno a otro. Cuando la AVT convocó manifestaciones en protesta por la negociación de Zapatero con ETA tuvimos que oír a sus tertulianos de cámara lamentarse de que esa organización hubiera caído en manos del PP. Ahora que los de Rajoy siguen la hoja de ruta pactada en ese cambalache y provocan la repulsa airada de Covite (colectivo de víctimas del País Vasco) y de la misma AVT, son los correveidiles de Génova quienes esparcen la especie de que algunas formaciones de nueva creación están utilizando a las víctimas en su beneficio. Unos y otros faltan a la verdad y ofenden la dignidad de las víctimas, añadiendo a su dolor el escarnio de ser tildadas de estúpidas. Cada víctima es un ser individual, único e irrepetible, con sus creencias y su ideología. Las asociaciones que las representan se rigen por criterios democráticos y representan, por consiguiente, la voluntad de la mayoría. Esa mayoría ha sufrido en sus carnes el zarpazo del terror y tiene todo el derecho a exigir Justicia. Esa mayoría se opone a la impunidad total o parcial de los terroristas, por muy disfrazada de humanitarismo que esté, y demanda que se cumpla la Ley y cesen las excarcelaciones prematuras. Esa mayoría considera que está siendo objeto de una monumental estafa por parte del Estado de Derecho y reclama que se ponga fin a las mentiras. No son de izquierdas ni de derechas. O mejor dicho; las hay de izquierdas y de derechas, pero antes que de izquierdas o de derechas son padres, madres, huérfanos, viudas que han perdido a sus seres más queridos a manos de unos asesinos irredentos. No necesitan ser instrumentalizadas por unas siglas para oponerse con todas sus fuerzas a cualquier medida de gracia otorgada a terroristas que ni se arrepienten ni piden perdón ni mucho menos colaboran con la Justicia. Su lucha no es fruto de manipulación alguna sino de la rabia e impotencia que sienten al constatar que su dignidad y la de sus muertos es el tributo pagado por estos líderes sin músculo a cambio de esta paz de los cobardes. No las insulten. IGNACIO CAMACHO EL PADRE DE HAMLET La sombra de Aznar está provocando en el marianismo un conflicto no resuelto de legitimidades y mala conciencia A JM NIETO Fe de ratas L Partido Popular le está sucediendo con la memoria de Aznar lo que ya le pasó al PSOE con el felipismo: que no acaba de saber cómo manejar el legado de su etapa de mayor éxito histórico. El expresidente tampoco colabora en esa difícil relación freudiana con su rencor desdeñoso; no deja de emitir señales de disgusto tácitas o explícitas que funcionan como desautorizaciones morales y políticas del liderazgo de su sucesor, al que parece señalar como autor de una especie de malversación de su proyecto. Esa dialéctica solapada de sospechas y sobrentendidos se ha convertido en el mayor problema de cohesión del marianismo y ha sobrevolado la Convención de Valladolid como uno de esos fantasmas que no se ven pero se hacen sentir en la atmósfera de los viejos castillos. Convocado para reagrupar en torno al Gobierno la fuerza emocional del partido, el cónclave ha contenido numerosos rituales de exorcismos enmascarados en una retórica de alusiones en clave interna, como si la principal preocupación de los actuales dirigentes fuese la de ahuyentar espectros y defenderse de un sortilegio conspirativo. En realidad es así; más que la presión callejera de la izquierda y que las dificultades de una economía que ya considera reorientada por el buen camino, lo que de verdad atormenta a la nomenclatura del centroderecha es la sensación de vivir un conflicto de legitimidades atizado entre bambalinas por la sombra del padre de Hamlet. Algo o mucho de ello hay sin duda en este estado de desazón que carcome la moral colectiva del PP. El alejamiento de parte de las víctimas del terrorismo, la táctica quietista de Rajoy frente al separatismo catalán, las heridas retrospectivas del caso Bárcenas y la mala conciencia por los incumplimientos del programa han provocado un sentimiento de inseguridad que pone en peligro el objetivo central de la legislatura cuando se aproxima el calendario de reválidas electorales. La reunión de Valladolid ha sido concebida como una plataforma de relanzamiento de la confianza y de reafirmación de un liderazgo que hasta ahora se ha venido mostrando más pasivo de lo conveniente. En su discurso de clausura, implacable en el vapuleo contra la oposición socialista, el presidente señaló al adversario común para fijar en él la mirada de sus huestes, demasiado concentrada en sus propias cuitas. La dirección del PP ha prometido ante su asamblea una inflexión política que en el fondo da la razón, por cuanto admite los olvidos y pretericiones anteriores, a la crítica esencial del tardoaznarismo. Pero en la cicatera elusión de su mejor época, en el intento algo tosco de saltar de Fraga al marianismo, se trasluce una quiebra dinástica mal resuelta que puede lastrar de suspicacias el futuro inmediato. Va ser difícil afrontar las batallas que vienen con una fractura o una conjura, tal vez en la retaguardia.