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40 SOCIEDAD SÁBADO, 1 DE FEBRERO DE 2014 abc. es sociedad ABC SUSANA GAVIÑA MADRID E ntre el asombro, la curiosidad y la emoción. Así ofrecía Derek Paravicini ayer, en el Colegio de Médicos de Madrid, muestras de su extraordinario genio musical: del tango de Piazzolla, al jazz de George Shearing, pasando por El amor brujo de Manuel de Falla o la virtuosística partitura de El vuelo del moscardón de Rimsky- Korsakov... Tan solo una pequeñísima selección de las docenas de miles de piezas musicales que se agolpan en la cabeza de este joven británico de 34 años (le han llegado a llamar el ordenador musical y le han comparado con un iPod) que llegó demasiado pronto a este mundo. Alumbrado tras 25 semanas de gestación y con poco más de un kilo de peso, el oxígeno que le fue aplicado para sobrevivir le dejó ciego y le provocó deficiencias que derivarían en un autismo severo. Un trastorno, que no nfermedad que provoca dificultad a la hora de relacionarse y de comunicarse a través de las palabras. Sin embargo, Paravicini encontró su propio lenguaje para expresar sus emociones: la música. Con dos años y medio, el joven británico, que tiene oído absoluto (una de cada veinte personas autistas lo tiene) tocaba ya el piano; y con cuatro se sabía varias piezas aunque no tenía técnica. Cuando le conocí en la Lodge School para personas ciegas de Londres, me empujó de la banqueta para ponerse él a tocar el piano. Lo hizo con todo lo que podía: las manos, los codos, la nariz... Nunca había conocido a nadie con tanto entusiasmo aunque no sabía como hacerlo, porque era ciego de nacimiento recuerda Adam Ockelford, músico, compositor, pedagogo e investigador que lleva casi tres décadas trabajando con Paravicini. Los primeros años no fueron fáciles, pues tenía que enseñarle los diferentes tonos Pero durante el arduo trabajo también hubo momentos inolvidables, como cuando ofreció su primer gran concierto, a los 9 años, en el Barbican Centre de Londres junto a la Royal Philarmo- El genio musical de una persona ciega y autista El pianista británico Derek Paravicini ofreció ayer su primer concierto en España Derek Paravicini, ayer por la mañana durante el encuentro con los medios de comunicación nic. Desde entonces este tándem maestro y alumno, aunque después de tanto tiempo la relación va más allá de eso ha recorrido el mundo. De Estados Unidos a Japón, pasando por Australia para tocar (Paravicini) y ofrecer conferencias (Ockelford) sobre las virtudes de la música en personas que padecen este tipo de trastornos (hace treinta años la estadística era de una entre 10.000, y ahora es de una entre 100) Ayer, gracias a la Fundacion Orange, ambos actuaron en España. Derek es feliz cuando toca, aunque lo más importante no es la música porque nunca toca para sí sino para otras personas. Para él la música es como una especie de pegamento social que le permite tener contacto con la gente y hacer amigos. Habla con fluidez a través de ella El pianista británico es capaz de interpretar cualquier pieza no Oído absoluto Es bastante frecuente entre las personas autistas: una de cada veinte lo tiene Ordenador musical Derek Paravicini tiene en su cabeza docenas de miles de piezas musicales Otros genios con discapacidad STEPHEN WILTSHIRE DIBUJANTE LESLIE LEMKE PIANISTA La Cámara humana Con autismo y severos problemas de comunicación no aprendió a hablar hasta los nueve años Stephen Wiltshire (1974) tiene sin embargo extradordinarias facultades para dibujar a primera vista, lo que le ha valido el sobrenombre de Cámara humana A los once años, y tras sobrevolar Londres en helicóptero, fue capaz de dibujar la ciudad recurriendo a su memoria. Estudió Bellas Artes en City Guilds Art College. En 2003 se realizó una gran retrospectiva de su obra en una galería de Londres. Su tercer libro, Las ciudades flotantes (Michael Joseph, 1991) fue un best- seller. Chaikovsky a media noche Prematuro con Paravicini, el estadounidense Leslie Lemke (1952) nació con glaucoma, parálisis cerebral y daño cerebral. Dado en adopción por su madre, lo adoptó una enfermera. Hasta los 15 años no pudo andar. Un año después, en mitad de la noche, se puso a tocar el Concierto número 1 de Chaikovski, pieza que había escuchado unos días antes en televisión. A partir de entonces aprendió otros géneros musicales y realizó giras por todo el mundo. Además de repetir, Lemke improvisa e incluso ha llegado a componer sus propias canciones.