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46 CULTURA MARTES, 21 DE ENERO DE 2014 abc. es cultura ABC HISTORIA Fernández- Armesto denuncia el maltrato del pasado hispano en EE. UU. Su libro Nuestra América reivindica una historia hispánica de Norteamérica JOSÉ MARÍA CARRASCAL F elipe Fernández- Armesto, hijo del periodista del mismo nombre, aunque firmaba bajo el pseudónimo de Augusto Assía, que se cuenta entre los más notables del periodismo español del siglo XX, no siguió las huellas de su padre, sino que prefirió dedicarse a algo más consistente, como es la historia. Formado en Inglaterra, se hizo un hueco entre el profesorado de aquellas universidades y, actualmente, imparte cursos en la norteamericana de Notre Dame, que se cuenta entre las más prestigiosas del país. Fruto de esta estancia es el libro que acaba de publicar, Our America Nuestra América cuyo subtítulo nos adelanta el contenido: Una Historia hispánica de los Estados Unidos Lo más interesante del mismo es que no se limita a contarnos las correrías de los primeros españoles por estas tierras, desde Florida a California, algunas tan espectaculares que se tomarían por leyenda, sino que el eje está en el forcejeo que a lo largo de estos siglos han mantenido hispanos y anglos, con la pérdida continuada de los primeros, que de dominar prácticamente todo el territorio norteamericano, excepto en el ángulo noreste, fueron retrocediendo hasta quedar reducidos a enclaves, con ciudadanía de segunda clase y a menudo ni eso. Es una historia cruel, despiadada, violenta, que no arroja una luz agradable sobre la nación que terminó proclamándose faro de la democracia y refugio de los desheredados de todo el mundo. Lo que hubo en sus comienzos era ambición, codicia, imperialismo puro y duro. Me fijo sobre todo en un detalle poco conocido: los norteamericanos que se sublevaban en Texas contra México el famoso El Álamo lo hacen en buena parte porque México había abolido la esclavitud y ellos querían mantenerla. Algo parecido ocurrió en California, donde se expropian fincas de hispanos y se les niega el derecho a explotar los yacimientos de oro, pese a llevar allí mucho más tiem- La caída del Álamo y la muerte de Davy Crockett, que tuvo su polémica ABC El autor Felipe Fernández- Armesto (Londres, 1950) ocupa la cátedra de historia William P. Reynolds en la Universidad de Notre Dame en EE. UU. Ha escrito, entre otros, The Spanish Armada (1990) Millennium (1995) Civilizations (2000) Las Américas (2003) y Los conquistadores del Horizonte (2006) JULIÁN DE DOMINGO po que los recién llegados. Lo que no quiere decir que no hubiera brutalidad también por su parte. Se trató de una guerra de exterminio o, en el mejor de los casos, de subyugación, en la que los anglos ganaron por goleada, dejando a los hispanos solo un poco por encima de los habitantes originales del país, los indios, recluidos en las reservas. Hago un alto en el libro de Fernández- Armesto para algunas reflexiones personales. Mi mayor sorpresa al lle- Nuestra América El autor confronta a los norteamericanos con una parte de su historia que hasta ahora habían olvidado Enfrentamientos Los norteamericanos que se sublevaban en Texas contra México lo hacían porque había abolido la esclavitud gar a Estados Unidos, creyendo que iba a encontrarme con una Alemania mucho mayor, fue toparme con que no tenía nada que ver con aquella. Ni con ningún otro país europeo o, puede, del mundo. La singularidad es la principal característica norteamericana. El único con el que podría comparársele y esta fue la segunda sorpresa es España. Las similitudes geográficas son evidentes. Por lo pronto, ambos se hallan en los confines de Occidente, entendiendo por tal a Europa, algo que marca. Luego, mientras que los Estados Unidos son todo un continente, España es un continente en miniatura, con todo tipo de climas, paisajes, gentes, lenguas, incluso en un determinado momento de su historia religiones, y no digamos ya costumbres y tradiciones. La diferencia, la gran diferencia, es que Estados Unidos ha logrado amalgamar todo ello, el melting- pot y España, no. Aunque la mayor similitud es prepárense para lo que van a leer la del espíritu o, si lo prefieren, la del ánimo. Ambos son países con una misión con un mensaje, con un destino. O cre- en tenerlo, vamos, pues lo del destino es discutible. El destino de España era extender la fe católica por el mundo según advertía Felipe II en sus cartas a los descubridores. El de Estados Unidos, expandir la democracia y el progreso, según el Manifiesto del Destino que el periodista John Sullivan expuso como argumento para la anexión de Texas: Es nuestro destino manifiesto expandirnos por el continente que nos ha dado la Providencia Fue el mismo que invocó el primer Roosevelt para declarar la guerra a España y quedarse, de hecho, con Cuba y las Filipinas. El mayor déficit de la historia Hasta qué punto tan nobles destinos escondían ansias imperialistas es algo que dejo a los historiadores de verdad, yo me limito a señalar que ese afán de defender la democracia llevaría a los Estados Unidos a librar más tarde dos grandes guerras mundiales y, ya en nuestros días, otras más pequeñas, como las de Irak y Afganistán. Mientras que España, desangrada y empobrecida, hace tiempo que ha dejado de