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14 OPINIÓN COSAS MÍAS PUEBLA MARTES, 21 DE ENERO DE 2014 abc. es opinion ABC EDURNE URIARTE EL ECONOMISTA FATUO Es más grave aún el desconocimiento de las nociones básicas de cultura política e ideologías L A política tiene el problema, les recuerdo siempre a mis alumnos de Ciencia Política, de que cualquiera se cree experto en ella. Cuando el politólogo aficionado es un economista inflamado al calor de la demanda de economistas disparada por la crisis, tenemos como resultado simplificaciones políticas como las del libro de Luis Garicano El dilema de España 2014) Simplificaciones que funcionan, y esto es lo realmente preocupante, porque son tremendamente populistas. Con la habilidad del economista que sí conoce las reglas del mercado y da al consumidor lo que desea leer. Que la culpa de los males de España es de los demás, de las élites, y no de la sociedad civil. Lo que fundamenta Garicano con generalizaciones por las que mis alumnos suspenderían sus ejercicios de Ciencia Política de primer curso. Por falta de sustento empírico. Como su generalización de que el problema español es la baja calidad de nuestra élite política, algo que basa en su supuesta peor formación, desconociendo, por ejemplo, estudios comparados de élites políticas que dicen lo contrario, que el porcentaje de licenciados universitarios de nuestros parlamentarios está entre los más altos de Europa. O en la falta de estudios en el extranjero e idiomas de los líderes españoles, desconociendo, también, que Barack Obama, François Hollande, David Cameron o Angela Merkel, pequeños referentes, estudiaron exclusivamente en sus respectivos países, que solo Merkel posee un doctorado y que solo ella conoce bien un idioma extranjero, el ruso, por motivos obvios de la antigua RDA. Pero es más grave aún el desconocimiento de las nociones básicas de cultura política e ideologías. Lo que le lleva al común error de ignorar a los ciudadanos, sus valores y sus ideologías, a la hora de entender los mecanismos de las reformas políticas. Como si las reformas políticas dependieran exclusivamente de los líderes políticos. Como si pudiera hacerse una reforma educativa, por ejemplo, ignorando el peso esencial de la ideología igualitaria de la izquierda en un país como España. Como si pudieran hacerse cambios políticos en las democracias contra las culturas políticas e ideologías mayoritarias. Que es algo así como hacer cambios en las empresas en contra de los Consejos de Administración. El remate de todo lo anterior es una propuesta de reforma de partidos políticos que desconoce el funcionamiento de los partidos en las democracias, la profesionalización imprescindible de la política o los efectos de las elecciones libres en los partidos. Llegando a conclusiones sobre una supuesta rigidez de nuestro sistema de partidos que no tienen en cuenta, por ejemplo, el nacimiento de tres, nada más y nada menos que tres, nuevos partidos en España en los últimos tiempos, Ciutadans, UPyD y ahora Vox. Y todo ello para contar a los ciudadanos que la culpa es de las élites, sobre todo las políticas, y que ellos son fantásticos. Una receta de éxito que define al populismo, sea el político o el intelectual. LIBERALIDADES JUAN CARLOS GIRAUTA LOS IMPERMEABLES Cuanto antes culminen los socialistas sus correcciones, antes topará Mas con la realidad A veces la realidad, por tozuda que sea, no altera los planes del poder político. Pienso en el proyecto central, o único, del gobierno de la Generalidad. Eso que llaman el proceso Pero la impermeabilidad al mundo a la estructura sociológica, a la mayoría castellanoparlante, a las advertencias europeas, al temor empresarial, a los límites de la ley no es eterna. En este caso, durará lo que dure la presidencia de Artur Mas y, con ella, la influencia de su círculo de voluntaristas adánicos. Sería bueno que los analistas capitalinos que tocan de oído entendieran esta ley de hierro antes de dar la razón a los nacionalistas aceptando que Cataluña es así Comprendo el estupor. La mayoría de gobiernos democráticos del mundo no provoca deliberadamente choques institucionales, ni tiene intención de acabar con la estabilidad política, ni se juega a cara o cruz la seguridad jurídica, ni trabaja en la fractura de la convivencia. Pero si un gobierno, por las razones que sea, desea hacer todo eso, cuenta con excelentes recursos para lograrlo. Por ejemplo, negando con sus actos y con su discurso la legitimidad del sistema... que lo puso ahí. El modo en que crean sentido unos medios públicos militantes y unos medios privados dependientes puede chocar con la realidad sin que los responsables del relato se sientan incómodos ni culpables. La razón básica es que cuentan con conformar ellos la realidad. Así, una gran mayoría de analistas y de políticos, empezando por los socialistas, han aceptado que en Cataluña existe un tremendo malestar y una profunda desafección respecto a España desde que el Tribunal Constitucional estableció lo que todos sabíamos: que el Estatuto impulsado por Maragall, y materializado gracias a un acuerdo entre Zapatero y Mas, no se ajustaba a la Carta Magna y consagraba la imposible bilateralidad estructural entre el Estado y una parte de él. Ese malestar es un mito. El Estatuto no le interesaba a nadie (al 0 4 de la población) y su referéndum no alcanzó el 50 de participación. El drama es que el PSOE comprara ese mito, y que luego nos lo vendiera. Bueno es que subrayen, como acaba de hacer Elena Valenciano, su oposición a la independencia de Cataluña. Faltaría más. Ya solo les falta deshacer algunos equívocos. Cuatro cosillas. Para empezar, poner en su sitio a los díscolos que tiene el PSC en su grupo parlamentario, miembros de pleno derecho del movimiento nacionalista- secesionista catalán. En su Consejo Nacional (ay, esos nombres) quedó patente que representan al 13 de la formación. Con tales dimensiones, parece una broma calificarlos de ala catalanista más les encajaría muñón secesionista A continuación, PSOE y PSC deberían descontaminarse de conceptos ajenos. Por puro afán de situarse en un espacio político que no existe equidistante de secesionistas y constitucionalistas Pere Navarro incorporó a su programa el derecho a decidir, convirtiéndolo en centro de su discurso. Se sometió así a los esquemas de quien se suponía su principal adversario. Todos sus pasos desde entonces van encaminados a salir de aquel jardín. Lo logrará cuando reconozca abiertamente el error. El llamado derecho a decidir, una advocación del derecho de autodeterminación, no importaba un ardite a sus votantes, del mismo modo que la cuestión de la independencia de nuevo, y por mucho que pueda extrañar al lector no está entre las principales preocupaciones de los catalanes, que son las mismas que las del conjunto de los españoles según demoscopia recurrente: el paro, la corrupción, la economía, los partidos políticos. Cuanto antes culminen los socialistas sus correcciones, antes recuperarán su credibilidad y, sobre todo, antes topará Mas con la realidad.