Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LUNES 6.1.2014 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena, 7, 28027 Madrid. Diario ABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 35.802 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Publicidad 902 334 556 Suscripciones 901 334 554 Atención al cliente 902 334 555. EL BATALLÓN DE LOS PERPLEJOS Por Álvaro Martínez Y así liberó el gudari López a la patria vasca Un electricista, un policía y un exconcejal... Todos asesinados a traición. Así arrancó su carrera de matarife Kubati que el otro día regresó al matadero en Durango con una pelliza de cordero Tres historias. María Pilar acababa de levantarse para preparar el desayuno a sus tres hijos cuando su marido, Juan Sánchez Sierro, 39 años, electricista, cerraba la puerta de la casa. Era el 8 de noviembre de 1984. Como todas las mañanas iba a sacar al perro antes de ir a trabajar. Aunque nacido en Salamanca, llevaba toda la vida en Cestona (Guipúzcoa) donde llegó con su padre, maestro de profesión y que en 1977 se fue del País Vasco tras sufrir un atentando. Él se quedó y fundó familia. Aquella mañana, tres tipos se acercaron a Juan y le preguntaron si era él a quien en el pueblo llamaban el maestrito Dijo que sí. Encañonado, le metieron con el can en un R- 5 recién robado. En el coche estaba el gudari López... Dos horas depués, en un cantera cercana, la Guardia Civil encontraba al perro lamiendo la cara de su amo, que yacía en el suelo con tres disparos. De recuerdo, López dejó una bomba a los agentes que acudiesen a levantar el cadáver, que fue desactivada. ñeros para echar un cigarro con un agente mientras patrullaban. Y apareció el gudari López... Una ráfaga y una granada le despedazaron. 1 3 Había pedido trabajar esa noche para poder llevar por la mañana a Jimo, su segunda hija, al médico. La pequeña había nacido con parálisis cerebral y Mohamed Ahmed siempre hacía malabares con los turnos y el cuadrante de servicios para no perderse una consulta con la cría. Era la noche del 23 de noviembre de 1984 y el policía hacía guardia en la frontera de Irún, pues en aquellos días a los etarras les había dado por ametrallar a los camioneros franceses. Se acercó al coche de otros compa- 2 Al gudari López se le conocía como Carnicerito de Mondragón por su brutalidad Sobre estas líneas, José Antonio López, Kubati el pasado sábado. Arriba, Juan Sánchez Sierro yace cadáver junto a su perro tras ser asesinado, en 1984, por el etarra en Cestona IGNACIO PÉREZ Faltaban unas horas para que concluyese 1984 y José Tomás Larrañaga Arenas, exconcejal de UCD en Azcoitia, apuraba un chateo con unos amigos antes de la cena de Nochevieja y las uvas. Hacía cuatro años que vivía en Logroño, donde su familia le llevó a rastras, porque él no quería dejar el pueblo, después de haber salvado la vida por los pelos en dos ocasiones. El primer atentando lo sufrió en abril 1978. Le ametrallaron tres etarras desde un coche, un Chrysler robado, cuando se dirigía a su casa. Tres tiros en las piernas. Dos años después, y todavía con las secuelas de aquellos disparos, volvieron a por él. Pero fue peor, otro ametrallamiento (también desde un Chrysler robado) dos balas en el pecho y la vida en un hilo. Aun así salió del trance; pero la familia no pudo más y le sacó del pueblo. Tomás torció el gesto, pero sabía que tenía que salir de allí, pues cada vez que veía un Chrysler se echaba cuerpo a tierra. Desde hacía cuatro años, pues, solo volvía a Azcoitia de vez en cuando. Ese 31 de diciembre fue la última. En la calle esperaban el gudari López, cuatro tiros en la cara y un balazo más en la cabeza, ya para rematarle. Esto es lo que hizo, en poco más de un mes, Kubati que luego asesinaría, al menos, a Yoyes a Francisco Muriel, a José Carlos Manero, a Rafael Garrido, a Daniela Velasco, a Daniel Garrido Velasco (padre, madre e hijo) y a María José Teixeira. Todos tenían sus vidas, sus familias, sus amigos, sus sueños, su futuro... Hasta que por allí pasó el gudari López para liberar a la patria vasca. ANA PASTOR MINISTRA DE FOMENTO De médico a bombera Q IGNACIO GIL ué tiempos aquellos en que el ministro de Fomento (u Obras Públicas) era recibido como los americanos de Bienvenido mister Marshall en Villar del Río. En época de vacas gordas era el señor (o señora) del dinero, el que llevaba el progreso, en forma de carretera, vía o espigón a tal o cual lugar de España. No había líos reseñables. De hecho, hasta que llegaron los controladores en el puente de la Inmaculada de 2010 amargándole el puesto a José Blanco, y las vacaciones a miles de españoles Fomento era como la Cabalgata de Reyes para Comunidades y Ayuntamientos. Pero aquella abundancia se acabó... Cuando Ana Pastor Julián (Cubillos del Pan, Zamora, 1957) llegó a su despacho de los Nuevos Ministerios allí no quedaban más que telarañas en la caja y un montón de obras a medio hacer, que se hubieron de reprogramar para adecuarlas al goteo esmirriado de dinero que fue llegando. A Pastor le vinieron bien su paso por Sanidad, su licenciatura en Medicina, labrada en Salamanca, y sus conocimientos de cirugía, pues además de sanear las partes del departamento gangrenadas por la crisis, no han parado de surgirle traumas. Así, ha tenido que lidiar con la crisis (por desnutrición) de Iberia, víctima de la fusión con Bristish Airways y de los paraguazos de Willie Walsh, mandamás de la compañía resultante. Y estos días interviene en el amago de plante del grupo multinacional liderado por Sacyr en las obras del Canal de Panamá y el posible rejonazo a la Marca España. Rajoysta de primera hora (por galleguidad y quinta) y mujer de su entera confianza, Pastor prefiere arremangarse y enfundarse guantes de seda en la faena, entuerto o incendio al que le conduce el puesto. Seguro que en Panamá prefiere la eficacia sosegada a mandar a los zapadores de la Armada a terminar la obra, como quizá hubiera hecho su predecesor.