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14 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA SÁBADO, 4 DE ENERO DE 2014 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO MEJORÍA, PERO... 2013 ha dejado buenas noticias económicas que aún no pisan calle STAMOS en Navidad. Vamos a ser felices y arrancar viendo la botella de la economía medio llena. El año recién concluido ha traído noticias muy satisfactorias. En 2012 el paro había crecido en medio millón de desempleados. Por contra, 2013 ha concluido con casi 150.000 parados menos. El rescate bancario se ha cerrado, en contra de las aprensiones de la prensa agorera. La Bolsa está de fiesta, un augurio de una mejoría de la economía real. A comienzos de julio, el Ibex parecía un velatorio: se arrastraba anémico en 7.600 puntos. Ahora ronda los diez mil. La inversión extranjera ha retornado. Lejos quedan aquellos reportajes con colmillo de The New York Times, que nos querían presentar como una nación tercermundista, cuyo epítome serían legiones de personas buscando alimento en los contenedores. España vuelve a resultar sexy (los pedantes dixit) para el capital foráneo, en parte, claro, porque hay suculentas gangas. La recesión ha quedado atrás. Las exportaciones viven una esperanzadora primavera, la recompensa tras la amarga devaluación interna que nos ha hecho más competitivos. La balanza de pagos presenta superávit, si bien es cierto que ello también guarda relación con la atonía del consumo y con la interesante tendencia de que, sin ni siquiera reparar en ello, cada vez optamos más por las calidades del Made in Spain. Por último, nos hemos olvidado de aquella prima insufrible, la de riesgo, que roza los 190 puntos, convirtiendo en una pesadilla lejana los 610 del verano de 2012. Aquel volcán casi nos abrasó, con interesados felones mediáticos clamando por el rescate para financiar a menor coste las simas de sus empresas. Vamos ahora con la botella medio vacía. Seguimos con 4,7 millones de parados. Hay dudas sobre que en 2013 se haya cumplido el objetivo de déficit. La deuda pública se ha disparado, una losa sobre las espaldas de las generaciones venideras. Los bancos continúan sin prestar a empresas y familias al ritmo debido para engrasar la economía, porque han encontrado un chollo de riesgo cero: toman dinero del BCE a precios bajos y lo emplean en comprar deuda pública. Las principales economías de la UE están trabadas, y eso nos ralentiza. Por último, la deuda de muchas grandes empresas españolas sigue pareciendo ingobernable. ¿Qué va a pasar en el 2014? Los broteverdistas sostienen que España dará una sorpresa. Hasta ahora se maneja la convención de que nuestro país no crea empleo a gran escala si la subida del PIB no supera el 2 Pero los optimistas prevén que España derribe ese mantra y que con su actual flexibilidad laboral cree empleo creciendo al 1 Por su parte, el sector pompas fúnebres anuncia largos años de crecimiento pírrico, a la japonesa un lustro largo con cinco o cuatro millones de parados y el total ocaso de Europa frente a Oriente. La verdad estará en el término medio, como siempre. Por ahora las luces de la macroeconomía quedan lejos de los hogares más agobiados. Hace dos días me contaban cómo se han disparado en los supermercados los hurtos por parte de adultos. Un indicio de que la vida sigue agónica para muchos españoles. Rajoy repetirá si logra que los bonitos gráficos de Álvaro Nadal aterricen a pie de calle antes de que al público se le oxide la paciencia. E LLUVIA ÁCIDA DAVID GISTAU MATADERO La gracia que nos concedió ETA al interrumpir los asesinatos ha inspirado un malsano agradecimiento L A autoestima española es tan quebradiza que tiende a venirse abajo hasta cuando una empresa privada de construcción es superada por las condiciones de un contrato. A este paso, nos desmoralizará personalmente que un comensal inglés pida en Londres una botella de vino español y al abrirla lo encuentre picado: Esto es terrible para la Marca España diremos, compungidos. Lo significativo es el regodeo ante cualquier forma de fracaso que pueda ampliarse al ámbito colectivo. Regodeo equivalente al de los medios de masas que con gran fruición descargan cada día una granizada de estudios y estadísticas que no tienen otro objeto que impedirnos olvidar que somos una mierda. Cualquier pretexto, hasta Finlandia, es válido para la mortificación, para el chapoteo en el complejo de inferioridad, para ser Ozores en Nueva York, y serlo a gusto. En esto, estoy de acuerdo con García Domínguez, que se refiere a la termita interior, vinculada al 98, y que nos fue inoculada en el preciso instante en que dimos por bueno el relato propagandístico que en tiempo de guerra nos impusieron enemigos históricos que ya ni lo son, puesto que nos usan de playa al alcance del vuelo chárter. El proyecto democrático, que discutió hasta el pasado fundacional, no ha sido capaz de construir una forma de orgullo que no esté abocada a quedarse varada en el casticismo o en la reminiscen- cia franquista. Ésa es la otra Leyenda Negra interiorizada: la que procede del nacionalismo, que ofrece en el auto- odio español una vía de salvación progresista. Como si el sentido de pertenencia y la motivación para ser país fueran una patología de corte fascista que obliga a una reprogramación del individuo como la del Álex de Burgess con esparadrapo en los párpados. A partir de cierto grado no muy exigente de inteligencia, esto no se compensa con el mensaje de que tenemos que regocijarnos con la posibilidad de ser caricias, gracejo y jamón. Esta ausencia de orgullo y de estímulo de pertenencia, que en otros países han constituido la fuerza para remontar tiempos aún más sucios, destructivos y deprimentes que éste Alemania se reinventó con una apetencia inaudita después de Auschwitz: qué son Bárcenas y toda la corrupción comparados con eso, qué son nuestros avergonzamientos de ser nos deja sin contrapesos para muchas cosas que suceden ahora. Para la propia crisis. Para la expansión de odio y desprecio independentista. Incluso para el infame acto ajeno a todas las hipótesis de la evolución moral abertzale en el que sesenta asesinos en serie etarras serán presentados como modelos heroicos sociales y cuya única justicia poética será que transcurrirá en un matadero. A este respecto, en los últimos días, en conversaciones tanto privadas como radiofónicas, he percibido que aún opera cierta tendencia a considerar tolerables estas inmundicias. Está el cansancio, por supuesto. Pero también ocurre que la gracia que nos concedió ETA al interrumpir los asesinatos ha inspirado un malsano agradecimiento según el cual todo lo demás es admisible. Hasta la renuncia a reñir valores demasiado fatigosos para una sociedad sin autoestima que no atiende a ideales de dignidad porque se conforma con el propósito rasante de la comodidad. Y porque la complace más confirmarse como fallida. Ante el matadero, el físico de Pasajes y el mental de la solución al conflicto sólo las víctimas han obtenido, por el cauce de la tragedia personal, una imitación a escala de la sociedad fuerte y cohesionada que ya ni aspiramos a ser. La del United We Stand por ejemplo.