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10 ENFOQUE SÁBADO, 4 DE ENERO DE 2014 abc. es ABC Francisco durante la misa celebrada ayer en la iglesia del Gesú en Roma REUTERS Celebración con los jesuitas El deseo y la misión JOSÉ LUIS RESTÁN La fuerza de la Iglesia no reside en sí misma ni en su capacidad organizativa, sino que se esconde en las aguas profundas de Dios. No es una obviedad. Las palabras de Francisco en la iglesia del Gesú son una sacudida, un rayo de luz para toda la Iglesia. A su Compañía, la de los jesuitas, el Papa le ha recordado que su centro es Cristo y su Iglesia; y que si Dios no está en el centro, la Compañía se desorienta. Esto vale para cualquier comunidad eclesial. Otro aspecto impresionante ha sido el modo en que Francisco ha hablado del deseo del corazón humano. Sin deseos (grandes, audaces, radicales) no vamos a ninguna parte. Y lo ha identificado en la figura del jesuita Pedro Fabro, al que canonizó recientemente: un espíritu inquieto, nunca satisfecho, que aprendió junto a Ignacio de Loyola que sus grandes deseos siempre llevaban escrito más allá Y entendió que solo podía realizar su vida dejando que Cristo ocupase el centro de su corazón. ¡Solo si estamos centrados en Dios podremos ir a las periferias del mundo! ha dicho el Papa Francisco, para quien los cambios estructurales son absolutamente secundarios Por eso Fabro pudo marchar incansablemente por los caminos de una Europa fracturada tras la Reforma protestante, comunicando con dulzura y tenacidad a su Señor; mientras, muchos permanecen enredados en programaciones apostólicas de laboratorio y no llegan ni a la esquina de su casa. Así que si obispos, religiosas, padres de familia o periodistas no estamos llenos del mismo deseo de Fabro, más vale que cerremos nuestra agenda un instante y caigamos de rodillas para pedir sencillamente que Jesús vuelva a fascinarnos. El cristianismo es el encuentro entre el deseo del hombre y su cumplimiento. Lo demás viene como consecuencia. SOCIEDAD AFP El Papa, saludando a su salida, ayer, después de la misa en el templo romano