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ABC DOMINGO, 29 DE DICIEMBRE DE 2013 abc. es internacional INTERNACIONAL 45 El filósofo bestseller Perfil Hijo de una familia de judíos polacos, que escaparon milagrosamente de Auschwitz, Alain Finkielkraut (París, 1949) es uno de los ensayistas y filósofos más influyentes de Francia y Europa. Su obra gira en torno a tres grandes temas: la crítica de la modernidad desalmada, la crisis moral de una civilización socavada por el nihilismo relativista y la crisis de Francia y Europa amenazadas por el multiculturalismo desarraigado. Su último libro, L identité malheureuse (La identidad desdichada, 2013) es uno de los grandes éxitos de venta europeos de este año. Su análisis cultural afronta uno de los grandes problemas sociales que afectan a toda nuestra civilización. ¿Sobrevivirán Francia y Europa al multiculturalismo? Más allá del debate filosófico, Finkielkraut se enfrenta a varios problemas que azotan a todas las sociedades europeas: la inmigración, el fanatismo religioso, la pérdida de principios morales de referencia. Esa oscilación entre el análisis filosófico y la realidad social y política más cruda es uno de los principios cardinales de toda su obra. Alain Finkielkraut posa para ABC en su apartamento de París donde se realizó la entrevista minante ven síntomas e indicios nazis y fascistas por todas partes. Son incapaces de comprender e intentar razonar la realidad inmediata, tienen miedo a la democracia y prefieren refugiarse en un pasado fantasmal, rechazando con violencia a quienes le recuerdan la realidad inmediata. En ese terreno, los nuevos policías de la fe de nuestro tiempo son implacables con los disidentes. ¿Es usted optimista o pesimista? -No soy muy optimista. Pero tampoco tenemos derecho al nihilismo o la melancolía. Tengo un hijo, y quiero para él un mundo mejor. Debemos ser vigilantes e intentar que las cosas no vayan a peor. J. P. QUIÑONERO ¿Cree que Hollande es consciente de los problemas que plantea la nueva sociedad multicultural francesa? -En Francia hay cinco o seis millones de franceses musulmanes. Hay otros tres o cuatro millones de franceses de raza negra. Ningún presidente puede ser elegido, sin el apoyo de esas minorías visibles como suele decirse. Ho- llande fue elegido con buena parte de esos votos. Sin embargo, su reciente viaje a Israel le permitió dejar clara su amistad y solidaridad con políticos como Benjamín Netanyahu. Quizá esa solidaridad de fondo con Israel pudiera decir que el jefe del Estado no está maniatado a una parte sustancial de los votantes que le dieron la victoria decisiva.