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18 OPINIÓN POSTALES PUEBLA DOMINGO, 29 DE DICIEMBRE DE 2013 abc. es opinion ABC JOSÉ MARÍA CARRASCAL BASTA Los nacionalistas siguen siendo los mismos. La singularidad que exigen es el peaje que tenemos que pagarles para que sigan con nosotros UBO un momento, allá cuando el Estado de las Autonomías empezaba a mostrar sus primeras grietas, en que nos preguntábamos: ¿qué nacionalismo es más peligroso, el vasco o el catalán? Entendiendo por peligroso el que más posibilidades tenía de alcanzar la independencia. Había quien apostaba por la vía vasca de la bomba y el tiro en la nuca, o bien por la catalana de pactar con el gobierno de turno, sacarle lo que pudieran y alcanzar su objetivo paso a paso. La situación de fondo no ha variado. Ambos nacionalismos siguen buscando lo mismo separarse de España, manteniendo el mercado español pero las circunstancias han cambiado: ETA ha dejado de asesinar (los optimistas dicen porque ha sido derrotada, los pesimistas, porque ha sacudido el árbol lo suficiente para recoger las nueces) mientras en Cataluña, tras un bajón brutal de los socialistas, los nacionalistas se han convertido en la fuerza dominante y casi única. Podría incluso hablarse de inversión: ahora, los radicales, los que buscan el choque y están dispuesto a saltarse las leyes, son los catalanistas. Mientras los euskaldunos se contentan con una mejora legal del estatuto Claro que tienen ya lo más importante, el control de sus impuestos. Se trata de conseguir algún otro privilegio. Algo a lo que ningún vasco va a oponerse. Quienes posiblemente nos opongamos seremos el resto de los españoles, por lo que significaría de aumentar las desigualdades. Pero, con los papeles cambiados, los nacionalistas siguen siendo los mismos. La singularidad que exigen es el peaje que tenemos que pagarles para que nos hagan el favor de seguir con nosotros hasta alcanzar su último objetivo: la plena soberanía. Con un as en la manga: Podemos sacar al Gobierno central más ventajas que ninguno de los dos grandes partidos nacionales dicen a sus vecinos. Lo que es cierto. Y ¿a quién amargan unos impuestos más bajos? PPV y PSC combaten en Cataluña y País Vasco con un brazo atado. Continuar esta partida trucada, que dura desde el primer día de la Transición, sólo les beneficia a quienes nacionalidades, estatutos, autonomías, son sólo estaciones de paso hacia la independencia. Formas de ir desligándose de España, aunque España esté y, a ser posible, siga estando a su servicio. Ellos lo tienen muy claro, aunque no lo admitirán nunca. Nosotros, no. Queremos engañarnos a nosotros mismos, aceptamos su singularidad cuando la única singularidad admitida en democracia es la del individuo, siempre que no signifique superioridad y cedemos a su chantaje, mientras avanzan, sutil o broncamente, hacia su meta. Es inútil la prudencia, la paciencia o la templanza con ellos. Es hora de decir Basta Por nosotros y por ellos. Pues esa meta, que sin duda significaría una mutilación dolorosa para España, no sería el paraíso que el nacionalismo promete a catalanes y vascos, especialmente a los que se sienten también españoles. Sería, como todos los nacionalismos identitarios, un infierno. Y, encima, fuera de la UE. H PROVERBIOS MORALES JON JUARISTI INCLUSIONES La propuesta de reforma estatutaria presentada por el PNV como incluyente apunta a un consenso exclusivo de las fuerzas nacionalistas E L PNV ha aprovechado la coyuntura el problemón de Rajoy, la astenia del PSOE y, por supuesto, la huida hacia delante de Mas para presentarse como una fuerza conciliadora y lanzar una propuesta de reforma del Estatuto vasco deliberadamente ambigua, supeditándola al logro de un amplio consenso Obviamente, no ha concretado lo que entiende por amplio consenso aunque Andoni Ortúzar se comprometió a incluir en el mismo a los sectores de la sociedad vasca que rechazaron el proyecto del Estatuto vasco de Autonomía en el referéndum de 25 de octubre de 1979. Teniendo en cuenta que en dicho referéndum votó casi un 70 por ciento del censo y que el voto afirmativo se situó en un 90 por ciento del emitido, se entenderá que la voluntad de inclusión manifestada por Ortúzar no suponga una condición determinante para el amplio consenso El rechazo expreso del Estatuto fue muy minoritario, por no decir insignificante. Quizá el tácito fue mayor, pero imposible de calcular al diluirse en el 30 por ciento de la abstención. Parte de ese rechazo activo y pasivo correspondía seguramente a los partidarios de ETA y a una extrema izquierda residual, pero en su mayoría puede adscribirse a una extrema derecha anticonstitucional y nostálgica del franquismo. Este último sector fue disminuyendo con rapidez hasta desaparecer por completo, en parte por su incorporación a la derecha democrática y en parte por el terrorismo de ETA, que se cebó en sus filas. Aunque descontentos con una situación que los marginaba, los militantes del PP vasco han sido leales con el Estatuto. Desde hace más de treinta años, la impugnación abierta del mismo se vio reducida a ETA y a la izquierda abertzale. Por tanto, es inevitable interpretar la declaración de Ortúzar como una tentativa de abrir el Estatuto exclusivamente hacia Bildu. No hay que olvidar que Bildu incluye dos partidos, ambos independentistas, pero con diferentes posiciones históricas respecto al Estatuto de 1979: Eusko Alkartasuna procede del sector que lo aprobó; Sortu representa la continuidad del que lo rechazó. Ahora bien, la coalición con la izquierda abertzale ha radicalizado a Eusko Alkartasuna (que, por otra parte, ya había ido situándose en posiciones cada vez más cercanas a las de Batasuna, de la que lo único que la separaba era su condena del terrorismo) lo que implica una tendencia a asimilarse a Sortu en el disenso antiestatutario. Para el PNV, la negociación de la reforma con el PSE y con el PP no es de momento imprescindible. Ambos partidos atraviesan una fase de debilidad y declive tras la frustrante experiencia del gobierno de Patxi López. Por el contrario, necesita con urgencia establecer un consenso con Bildu, que controla buena parte de la administración local vasca. Un acuerdo con la coalición abertzale en torno a la reforma del Estatuto permitiría al PNV mantener a duras penas su hegemonía en el bloque nacionalista. O cuando menos, no verse arrastrado como CiU por el nacionalismo radical en el caso de una movilización independentista. El lenguaje de Ortúzar no es, evidentemente, el de Ibarreche. Su propuesta de reforma, dentro de su calculada imprecisión, no se presenta como una maniobra soberanista, pero, a corto plazo, pone al partido del Gobierno y al PSOE ante el dilema de aprobar un nuevo Estatuto consensuado entre el PNV y la izquierda abertzale o arriesgarse a afrontar en el País Vasco un movimiento secesionista semejante al impulsado por el nacionalismo catalán. Eso, claro está, si Bildu se aviene al acuerdo de reconstruir un nuevo frente de Estella, lo que todavía está por ver, aunque, la verdad sea dicha, cuesta muy poco imaginarlo.