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ABC SÁBADO, 7 DE DICIEMBRE DE 2013 abc. es PRIMER PLANO 23 La herencia Duelo por Mandela La familia del primer presidente negro de Sudáfrica es grande y muy diversa. Se casó tres veces y tuvo seis hijos, de los cuales sólo tres de sus hijas siguen con vida: Maki, resultado de su primer matrimonio con Evelyn Mase, y Zenani y Zindzi, que tuvo con Winnie Madikizela- Mandela, de la que se divorció en 1996. Deja 17 nietos, 12 bisnietos y cuatro hijastros de su tercera esposa, Graça Machel, con la que contrajo matrimonio en 1998. Demasiadas familias para un solo legado. Las desavenencias entre los descendientes de la difunta Evelyn y los de Winnie han ocupado frecuentemente las páginas de la prensa sudafricana. Solo los últimos días del expresidente lograron acercar a sus hijas, asegura uno de sus nietos, Ndaba Mandela. Son familias muy distintas. Recibieron una educación totalmente diferente. Evelyn era muy religiosa y Winnie una mujer política; personas tan distintas tenían que compartir al mismo hombre explicó. Sus hijos crecieron sin su padre. Sacrificó a su familia por la política, por un bien mayor, pero creo que también hay un cierto resentimiento añade Ndaba. Esas dos familias a las que se les negó Mandela en vida, reclaman ahora, al menos, su legado, disperso en las numerosas instituciones caritativas y compañías que gestionan su patrimonio. ¿Se puede cuantificar la herencia de Mandela? Yo no diría que es una fortuna, pero sí que se puede hacer una fortuna con ella asegura Verne Harris. La lucha por su legado comenzó hace tiempo. Todos pelean por su pedazo, aunque el reparto es una cosa que solo sabe Mandela concluye Verne Harris. REUTERS largo camino a la libertad en referencia a la autobiografía del expresidente, con estampados de su firma y su rostro que se venden a partir de 25 euros. Es una decisión de cada uno. Siempre va a haber gente que quiera sacar dinero. Es imposible de controlar, como pasa con el Che Guevara o Bob Marley, pero en lo que se refiere a la familia, es un derecho que les corresponde por herencia. Solo espero que lo hagan con integridad opina su nieto Kweku. HERMANN LA FORJA DEL HÉROE Muy pocos hombres, como Mandela, han sido capaces de modificar la Historia al modo por ellos deseado F Winnie y Nelson apenas disfrutó de tiempos grises. O blanco o negro, no había lugar para los matices. En 1958, la pareja contraería matrimonio tras un idílico año de noviazgo. Ya entonce Winnie comenzaba a dar síntomas de su maniqueísmo político y sentimental: En 1996, durante el juicio de divorcio de ambos, Mandela sufriría la humillación de ver recogida en los medios de comunicación su inexistente vida conyugal y el romance de su esposa con un joven. Aunque es en la arena judicial donde mayores titulares ha arrancado la exesposa del icono de la patria africana. En 1991, Winnie sería condena- da, junto a varios miembros de su temida guardia pretoriana (conocida popularmente como Mandela Club de Fútbol a seis años de cárcel tras la muerte de un adolescente de 14 años, Stompie Seipei, en su casa de Soweto. El joven, presuntamente, servía de soplón del régimen de segregación racial. No es el único cadáver que parece esconderse en el armario de la buena de Winnie. A comienzos de año, la Fiscalía sudafricana exhumaba los restos mortales de dos supuestos activistas contra el régimen del apartheid. Las primeras pesquisas sobre la identidad de ambos se centran en Lolo Sono y Sibuniso. POR E. S. MOLANO ue muy consciente siempre de su propia importancia. Dicen los que le conocían que nunca puso a disposición de otros el papel que él mismo se asignaba. El inmenso respeto que siempre demostró hacia todos y cada uno de sus interlocutores en la vida- -desde el más poderoso De Klerk que le tenía preso hasta el último chófer que tuvo- -era ante todo una expresión del supremo respeto que se tenía a sí mismo. Y ahí es donde hay que buscar el secreto de cómo fue convirtiendo en grandeza y magnanimidad inteligente todo su tiempo, sus reveses personales, sus años de prisión y aislamiento y la permanente y abrumadora manifestación de miedo y odio que era el apartheid en sí. Tenía todas las posibilidades de haber sido un abogado comunista radical más. Pudo haberse quedado en otro aparatchik, embrutecido y resentido como tantos luchando entre ellos por medrar y destacar en las ciudades africanas durante la Segunda Guerra Mundial y después con la descolonización y la Guerra Fría. Mandela pasó muchos años actuando en terrenos pantanosos que las más de las veces arrastran a los hombres al odio y al crimen. Habitualmente sin retorno posible. Y no evitó el trato con quienes cayeron. Ahí está Mandela en tantas fotografías de su vida, antes y después de sus 27 años en Robben Island, con pésimas compañías, comunistas cínicos y criminales como Castro u otros caudillos. Pero, al contrario que todos esos sátrapas y tiranos, él sufrió con la violencia, la impidió cuando pudo y la lamentó después como error propio. Los peligros en los que no cayó Mandela eran muchos. Sólo hay que recordar la siniestra deriva de otro gran líder africano que fue compañero de Mandela. Porque Robert Mugabe estudió como él en la Universidad de Fort Hare. Y volvería a su Rhodesia, aun, como Sudáfrica Imperio Británico, para ser un brillante y valiente luchador por los derechos y la libertades. Tras 26 años de presidencia, hoy es quizás el más siniestro dictador de África, con su país, Zimbabue, otrora ejemplo de prosperidad, convertido en un pantano de demencia política y de miseria. Mandela, él mismo lo decía con frecuencia, cayó y se levantó. Y cuando hablaba de caídas no se refería a los reveses infligidos por sus adversarios, sino de sus propios errores. Y dijo aquella frase célebre de que él no era un santo, salvo si serlo era el permanente esfuerzo por la enmienda. En todo momento, lo cuentan sus biógrafos y lo cuentan sus amigos, irradiaba una calidad diferente. Unos quieren ver en ello inicialmente la majestuosidad de un joven brillante y consciente de su pertenencia a la alta nobleza tribal. O el aristocratismo la firmeza de convicciones de un hombre inusualmente dotado y consciente de ello y vocacionalmente dispuesto al crecimiento moral. Pero muy probablemente haya en este caso algo más, casi mitológico. Que es esa continua e inverosímil mejora de la calidad del material del hé- JAVIER MUÑOZ roe. Esa vida convertida en forja para la aleación cada vez más perfecta de inteligencia con bondad, generosidad y lucidez, de arrepentimiento y enmienda. Todo ello se antoja el beso de mimado de los Dioses paganos, que muy pocos seres humanos llegan a gozar en la historia. Muy pocos hombres en la memoria de la humanidad han sido capaces de modificar la historia del modo por ellos deseado. Lo hizo Alejandro Magno, sí. Lo hicieron los Reyes Católicos en España. Lo hizo Winston Churchill en el siglo XX. Pero si no hacemos incursión ya en las vidas de los santos cristianos, muy pocos han quedado en esa memoria universal con un reconocimiento prácticamente unánime como ese extraordinario ser humano que ha sido Nelson Mandela.