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ABC SÁBADO, 7 DE DICIEMBRE DE 2013 abc. es opinion OPINIÓN 15 UNA RAYA EN EL AGUA EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA LOS PEORES DIABLOS Tal vez los jueces hayan sacado de la cárcel a esos psicópatas para que les revienten las meninges, escuchando villancicos por Navidad P ARA entender los que ocurre en esta España nuestra, pululante de psicópatas y asesinos múltiples que se pasean por sus calles tan panchos, como protagonistas de un reality show con guión de Estrasburgo y dirección de Moncloa, basta con leer a nuestros clásicos. En su Discurso de todos los diablos, Quevedo nos enseña que los diablos peores se llaman prosperidad y paz. Mando que todos vosotros exhorta Lucifer a todo su séquito infernal, en el citado discurso tengáis a la prosperidad por Diabla máxima, superior y superlativa, pues todos vosotros juntos no traéis la tercera parte de gentes al infierno que ella sola trae Y añade a continuación: Diablos, en todo el mundo meted paz, que con ella vienen el descuido, la lujuria, la gula y la murmuración: los vicios medran, los mentirosos se oyen, los alcahuetes se admiten, las putas y la negociación; y los méritos se caen de su estado Así ha ocurrido en España, donde primero nos corrompieron con la prosperidad, mientras hubo lana; y donde luego, cuando la crisis nos hizo volver trasquilados, nos embaucaron con la golosina de la paz, que trajo mucha ganancia para mentirosos y alcahuetes, putas y negociantes. Y que, como toda paz diabólica que se precie, tenía que acabar con los méritos caídos de su estado; o sea, con las víctimas escarnecidas y los criminales paseándose tan panchos por las calles. Allá en la Edad Media, los crímenes se escondían y los castigos se hacían públicos, para que sirvieran de enseñanza ejemplarizante al pueblo. Al revés, en esta España nuestra, se hace ostentación morbosa del crimen, para degradación del pueblo, y se oculta el castigo, para no ofender la dignidad del criminal; y si se atraviesa por una época especialmente pacifista como la nuestra, se abrevia cuanto se puede el castigo. Ahora, para justificar el enjuague pacifista que ha puesto en la calle a una legión de psicópatas y asesinos múltiples, nos dicen que las sentencias de Estrasburgo son de obligado cumplimiento, del mismo modo que hace unos años nos decían que eran tan sólo de naturaleza declarativa y que carecían de efecto ejecutivo en el derecho español ¿Y cómo es posible que valga una cosa y la contraria, según la conveniencia del momento? De nuevo, Quevedo nos lo explica: Vinieron la Verdad y la Justicia a la tierra; la una no halló comodidad por desnuda, ni la otra por rigurosa. Anduvieron mucho tiempo ansí, hasta que la Verdad, de puro necesitada, asentó con un mudo. La Justicia, desacomodada, anduvo por la tierra rogando a todos, y viendo que no hacían caso della y que le usurpaban su nombre para honrar tiranías, determinó volverse huyendo al cielo Y eso es lo que ocurre hoy en España, donde se usurpa el nombre de la justicia para honrar los legalismos más hueros y cambiantes: ayer la doctrina Parot, hoy la sentencia de Estrasburgo, mañana cualquier otra marrullería judicial que convenga a nuestros diablos, en sus ensueños de paz y prosperidad. Es paradójico que nuestra época, tan descomulgada de justicia, profese esa veneración maniática a los jueces que administran su parodia; cuando, como decía Quevedo, los jueces por dar gusto no hacen justicia, y a los derechos que no hacen tuertos, los hacen bizcos ¡Ay Estado de Derecho, que estando tuerto y bizco en Estado de Desecho te has quedado! Pero aún habrá ilusos que crean que los jueces encarnan la Justicia. Habría entonces que darle la razón a ese concejal de Torremolinos que compara los villancicos con los métodos de tortura de Guantánamo. Tal vez los jueces hayan sacado de la cárcel a todos esos psicópatas y asesinos múltiples para que penen por sus crímenes y les revienten las meninges, escuchando villancicos por Navidad. IGNACIO CAMACHO MANDELITAS DE SALDO Ojo a las malversaciones oportunistas del nombre de Mandela, a las imposturas hiperbólicas de ciertos enanos morales C JM NIETO Fe de ratas UIDADITO con las comparaciones. Los enanos tienen derecho a soñar que son gigantes pero si se comparan con ellos jibarizan su estatura moral. Algunos políticos semianalfabetos tienden a llenarse la boca con frases de Churchill, otros insalvables mediocres se espejan en Kennedy y ciertos lidercillos resentidos tienen tendencia a considerarse herederos de Martin Luther King. Hay sedicentes revolucionarios de alpargata que se creen discípulos del Che Guevara. Últimamente hemos visto a empedernidos camorristas tribales declararse seguidores de Gandhi, y no ha faltado agitadorcillo de barraca dispuesto a elegir como referente de su sectarismo social al mismísimo Cristo. Hasta caricaturas de Moisés se han asomado a la cartelería electoral. Los mitos simbólicos tipo William Wallace tienen mucho predicamento en individuos montaraces, pero cuando éstos se autorreferencian en apóstoles del progreso o la bondad, en personajes reales de dimensiones ciclópeas, cometen una apropiación indebida, una malversación histórica. La muerte de Nelson Mandela, con su universal conmoción emotiva, proporciona a los aficionados a la impostura una golosa tentación hiperbólica. Ojo a los mandelitas de andar por casa, a los manipuladores de casquería ideológica, a los delincuentes vulgares afanosos de engrandecerse con parangones de relumbrón. Tiéntense la ropa antes de ensuciar la memoria del coloso sudafricano porque para parecerse siquiera de lejos a su ejemplo no basta con estar encerrado en un penal. Eso sólo te acerca al legado de Barrabás. El ejemplo descomunal de Mandela, el rasgo que lo consolidó como un héroe moral del siglo XX, fue su capacidad de integración. El antiguo activista, que llegó a crear un grupo armado contra el régimen de violencia racista, lideró un formidable proceso de reconciliación nacional que llegó incluso a alejarle de sus correligionarios exaltados, los que preconizaban la sustitución de la dictadura blanca por otra de color inverso. El episodio del campeonato mundial de rugby representa la simbología de este pacto social que el presidente negro quiso escenificar en torno al deporte de los blancos, el más odiado por la comunidad oprimida de la negritud. Su grandeza y su triunfo fueron los de la igualdad y los levantó desde la elegancia y la sonrisa, desde una fortaleza nacida de la moderación, el perdón y la unidad. Sin resentimiento, sin ajustes de cuentas, sin persecuciones ni venganzas para las que la brutalidad sufrida le habría otorgado incluso una coartada. Así que mucho cuidado con los excesos oportunistas y las imitaciones de atrezzo, con las retóricas pedestres en beneficio de parte, con los saldos grandilocuentes y los redentorismos de rebajas. Antes de manchar el nombre de Mandela algunos charlatanes ventajistas deberían limpiarse la boca. Vaya que la tengan sucia de sangre.