Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
8 ENFOQUE SÁBADO, 7 DE DICIEMBRE DE 2013 abc. es ABC El mundo llora a Mandela Mónaco La bandera monegasca ondea a media asta en el palacio Grimaldi Londres La Caballería hace guardia en Buckingham, donde se guardó luto por Mandela París Una enorme imagen del patriarca sudafricano cuelga de la fachada de la sede del Ministerio de Exteriores francés Bruselas La capital comunitaria expresó con sus banderas el duelo de la Unión Europea En la muerte de Madiba El proceso empezó en su corazón JOSÉ LUIS RESTÁN Durante los terribles años de su prisión en Robben Island, se decantó la vida y la obra del hombre al que hoy llora el mundo entero. Es cortante el filo de la conciencia y de la libertad humana. Mandela tuvo ocasión y tiempo de cultivar el odio y el rencor: se hubiera podido entender. Y sin embargo decidió a favor de la reconciliación y de la paz. Lo que hace de Madiba un hombre diferente de tantos revolucionarios más o menos exitosos es el trabajo de su corazón en aquellos años oscuros. Allí aprendió a mirar a su pueblo, a sus carceleros y al mundo, con la justa medida de la alegría y del dolor. Prefirió aferrar la realidad misteriosa de lo humano, tejida con los hilos del bien y del mal, antes que la ideología. Comprendió que cada vida humana, incluso la de quien podía ver como enemigo, era preciosa. Por eso prefirió la realidad paciente a la utopía violenta. El proceso que asombró al mundo en Sudáfrica había germinado primero en su propia humanidad golpeada. El proyecto de Mandela fue construir una Sudáfrica libre y reconciliada, donde negros, blancos y mestizos gozasen de idénticos derechos y trabajasen por una empresa común. Y encontró en un afrikaner, el presidente Frederik de Klerk, el interlocutor y el compañero necesario para llevar a buen puerto esa delicada aventura. La paz solo puede amasarse con la verdad y el perdón. Mandela pidió a los blancos sudafricanos aceptar el vértigo de la tremenda verdad del apartheid, mientras reclamaba a los suyos el coraje del perdón. Su compromiso personal y la fuerza de su testimonio impidieron que descarrilara la esperanza. Con razón pueden llamarle, sin ningún almíbar, padre de la nación. PRIMER PLANO