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ABC SÁBADO, 7 DE DICIEMBRE DE 2013 abc. es ENFOQUE 5 Posada habla con Rajoy, en presencia del presidente del TC, Pérez de los Cobos, y de Valcárcel, ayer, en el Congreso de los Diputados JAIME GARCÍA España festeja su Constitución El enfermo de todos los diciembres ÁLVARO MARTÍNEZ Seguramente usted no haya reparado en ello, pero la Constitución está moribunda. Nada grave, no se inquiete, ocurre todos los años por diciembre. Inevitablemente, igual que llegan las castañeras, los circos y el anuncio de Freixenet vuelven las voces de los aguafiestas que tratan de convertir el cumpleaños en funeral. La enjundia de los argumentos del supuesto parte de defunción es variable, como también lo son las razones que, al parecer, hacen imprescindible su reforma. Entre las sandeces más notables está que la Constitución hay que cambiarla porque el texto actual solo lo han votado el 23 de los españoles actuales. Imagínense cuántos estadounidenses vivos han votado la suya, que fue aprobada en 1787. Cuando se les recuerda el pequeño detalle de que es improbable encontrar un estadounidense de 226 años y que aquello, mal que bien, funciona con un texto del siglo XVIII, se contrarresta con una necedad supletoria, que asegura que el texto americano ha recibido 27 enmiendas. Se oculta, sin embargo, que aquel tiene apenas siete artículos y que desde 1971 solo ha tenido dos leves remiendos. Nuestro modelo es otro, consta de 169 artículos y una guarnición de disposiciones adicionales, derogatorias y finales que lo completan, además de su apetitoso preámbulo. Pese a ello, para el sector quejumbroso ya es un fósil. El tuétano de este debate no es tanto la antigüedad del texto o si lo ha votado tanta o cuánta gente, sino que ahora no se dan las condiciones propicias para abrir ese melón. Al primer tajo aparecerá un enjambre de moscones dispuestos a tirar de todas sus costuras, con demandas y enmiendas particulares e interesadas, convirtiendo el cuerpo central el mismo que ha garantizado el más pleno y prolongado periodo de paz y prosperidad a España en toda su historia en un guiñapo irreconocible. No es momento, no hay clima, ni consenso ni, sobre todo, generosidad. Falta concordia y grandeza y sobran tunantes. Basta con anotar que alguno de los sastres del 78 ha pasado de padre a padrastro. Antes que el caos previsible, es preferible este enfermo de todos los diciembres. ESPAÑA