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78 GENTESTILO A ESTA ALTURA SÁBADO, 2 DE NOVIEMBRE DE 2013 abc. es estilo ABC MARTA BARROSO SE NOS FUE LA SANTA AL CIELO A mí me gustan los cementerios. Siempre y cuando no acuda para enterrar a un ser querido E n el buen sentido de la palabra, era una buen hombre No sé que otro sentido puede tener esta palabra pero él, el buen hombre, yace bajo una tumba en la que reza, tallado y bien tallado en una gruesa piedra, este epitafio. Lo vieron unos amigos en un cementerio cercano a Madrid. Una sonrisa, en un momento triste, suficiente para relajar la tensión. A mí me gustan los cementerios. Siempre y cuando no acuda para enterrar a un ser querido. Pero cuando voy a ver a los míos, me produce una paz inmensa. Me gusta observar las lápidas, comparar las tumbas, pensar cómo sería tal o cual persona, quién es vecino de quién, curiosear. Y siempre me quedo alucinada ante tantas muestras de amor hacia los fallecidos. Nunca he pensado si yo pondría un epitafio en mi lápida. Va a ser que no. Pero si lo hiciera, me gustaría que hiciera sonreír a los que lo leyeran. Aquí yace una en contra de su voluntad Se nos fue la santa al cielo Esta postura me está matando Aquí descansa mi querida esposa M. B. Señor recíbela con la misma alegría con que yo te la mando Aquí yace... o no Porque nunca se sabe. Me lo decía una amiga. ¿Tú crees que no se equivocan con las cenizas? Pues no lo sé. Pero por si acaso, ese último no está mal. Y me cuenta. Que cuando se murió su hermana uno de los trabajadores del tanatorio qué gran invento se acercó a ellos con la urna y les preguntó, muy ceremoniosamente, que si querían despedirse de ella. Enmudecieron. No podíamos ni mirarnos de la risa. ¿Qué decíamos? Si contestábamos que no, parecíamos unos antipáticos, pero no sabíamos que decir. ¿Hasta luego, Carmen? Pues hasta luego. Qué más da. Situaciones absurdas con la muerte de por medio. La tragicomedia. Como el que se equivocó de fila y siguió a otro cortejo para enterrar al que no era el suyo. O esa buena señora, recién fallecida, a la que los familiares abandonaron un momento y se quedó con un matrimonio y una señorita. Silencio sepulcral ante tan tensa situación. Hasta que la señorita dijo: Por lo menos se ha ido con los pies bien arregladitos Era su pedicura. A los otros los dejó muertos. De la risa. El remedio infalible. Los Príncipes de Asturias con las Infantas Leonor y Sofía por las calles de Granada GONZÁLEZ ARROYO Visita sorpresa de los Príncipes y las Infantas a Granada Compraron de forma anónima las entradas para acceder a la Alhambra A. MARTÍNEZ- FORNÉS Como una familia más, los Príncipes de Asturias visitaron ayer Granada, acompañados por sus dos hijas, las Infantas Leonor, que la víspera cumplió ocho años, y Sofía, de seis. Vestidos de forma deportiva y sin avisar a las autoridades, Don Felipe y Doña Letizia recorrieron por sorpresa las históricas calles de la ciudad antes de visitar la Alhambra, cuyas entradas de acceso habían reservado previamente de forma anónima. Los Príncipes aprovecharon el puente del 1 de noviembre y el tiempo soleado para hacer turismo en una de las ciudades más bonitas de España, donde por la mañana visitaron el Albaicín y, después de almorzar en un restaurante, siguieron por el célebre Paseo de los Tristes, antes de visitar la Alhambra, en el último turno de visitas, el de las cinco de la tarde, junto a otras personas. Doña Letizia cruza la calle con Sofía. Al fondo, Don Felipe de El Partal. A la salida, numerosos ciudadanos les esperaron para saludarles. Según informa Efe, como recuerdo de la visita, los Príncipes se llevaron unos peluches, una guía de la Alhambra y una pañoleta inspirada en los alicatados del Palacio nazarí. También llamaron mucho la atención y causaron un gran revuelo en su paseo por las calles, que estaban muy GONZÁLEZ ARROYO Muestras de simpatía Durante el recorrido, de alrededor de una hora de duración, los Príncipes recibieron numerosas muestras de afecto y de simpatía del resto de los visitantes y posaron ante el Patio de los Leones, el de los Arrayanes y en los jardines concurridas. Según informa el diario El Ideal en un momento dado los Príncipes y sus hijas tuvieron que parar ante un semáforo en rojo para los peatones, situación que aprovechó el público para dirigirles un aplauso, al que Don Felipe y Doña Letizia respondieron con un gesto de cortesía. Los Príncipes y sus hijas abandonaron la ciudad en un coche conducido por Don Felipe.