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44 CULTURA SÁBADO, 2 DE NOVIEMBRE DE 2013 abc. es cultura ABC Carmen Amaya La Capitana que fascinó al mundo con su baile salvaje La artista, nacida hace hoy cien años en el Somorrostro, un mísero barrio barcelonés, se convirtió en un mito universal JULIO BRAVO MADRID l Somorrostro barcelonés era, a principios del siglo XX, una de las barriadas más pobres de la Ciudad Condal; entre sus habitantes, una nutrida colonia de gitanos. Allí, en una mísera barraca de madera, nació Carmen Amaya. Fue el 13 de noviembre de 1913, hace hoy cien años, y con el tiempo se convertiría en una de las grandes leyendas del baile flamenco. De ella dijo Charles Chaplin: Es un volcán alumbrado por soberbios resplandores de música española Es solo uno de los cientos de testimonios admirados de quienes la vieron bailar. En las chabolas del Somorrostro se forjó el carácter de Carmen Amaya, una mujer familiar, desprendida, arrogante y decidida, y con un notable sentido de la lealtad: por todo ello la conocían con el sobrenombre de La Capitana Su padre, José Amaya, El Chino era un esquilador mallorquín que se ganaba la vida tocando la guitarra por las noches en los colmaos acompañando a cantaores y bailaores. A Carmen, que en la escuela, en la que duró apenas dos semanas, había dado ya muestras de su nervio y personalidad, le gustaba bailar. Aprendí a bailar con las olas del Somorrostro Destacaba por su desparpajo. Siendo todavía una niña, acompañaba a su padre por las noches; primero sin atreverse a entrar en los locales, por miedo a la Policía. Finalmente, sus ganas de bailar la harían entrar, y pronto se corrió la voz sobre el talento de una gitanilla que tenía una manera especial de bailar. El crítico Sebastián Gasch, su descubridor, escribió sobre ella tras verla en La Taurina De pronto un brinco. Y la gitanilla bailaba. Lo indescriptible. Alma. Alma pura. El sentimiento hecho carne. El tablao vibraba con inaudita brutalidad e increíble precisión. La Capitana era un producto bruto de la Naturaleza. Como todos los gitanos, ya debía haber nacido bailando. Era la antiescuela, la antiacademia. Todo cuanto sabía ya debía saberlo al nacer E Todo nervio y corazón Carmen Amaya logró entre los años treinta y los sesenta universalizar el flamenco. Era una mujer menuda, todo nervio y corazón, que bailaba de una forma casi salvaje, que convertía cada uno de sus movimientos en un imán irresistible. La mejor bailarina del mundo dijo Orson Welles; el arte la definió Greta Garbo. Me dejo llevar por la música y bailo lo que me va saliendo. Sé cómo empezar un baile y cómo terminarlo. Pero entre medio no sé lo que pasa explicaba en una entrevista publicada en Buenos Aires. Pocas artistas concitan en el mundo del baile y del flamenco tanta admiración rayando en el culto como Carmen Amaya, de quien se ha destacado siempre también su bondad y su generosidad. Toda su familia viajaba siempre con ella y el dinero que ganaba le duraba apenas unos segundos en los Carmen Amaya, en una célebre estampa, bailando con pantalones FOTOS: ABC