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32 INTERNACIONAL SÁBADO, 2 DE NOVIEMBRE DE 2013 abc. es internacional ABC Manifestación de independentistas flamencos en la ciudad de Brujas AFP Los secesionistas flamencos presentan sus planes para acabar con Bélgica El independentista Bart De Wever quiere difuminar poco a poco el Estado belga, que solo se quedaría con competencias en Defensa y gestión de la deuda ENRIQUE SERBETO CORRESPONSAL EN BRUSELAS Un Gobierno sin presidente El Gobierno federal belga sería reducido a un colectivo de seis ministros, designados por los parlamentos y los gobiernos de las dos regiones pero sin presidente. La gestión de las escasas competencias federales se regiría según el modelo de la UE, es decir, por una especie de Consejo Belga en el que los presidentes de las dos regiones acordarían las principales decisiones. También se celebrarían consejos de ministros sectoriales como dentro de la UE. El Rey no tendría más que un papel protocolario y ni firmaría las leyes, ni la Justicia se impartiría en su nombre, ya que sería una competencia regional. La ciudad de Bruselas, que geográficamente se encuentra enclavada en Flandes pero que está habitada por un 80 de francófonos, desaparecería como entidad política. Las regiones asumirían la política y la representación exterior Para las dos comunidades belgas, flamencos y valones, sería pasar del deber de trabajar juntos a trabajar juntos, siempre que se quiera Elecciones plebiscitarias El senador de la N VA Karl Vanlouwe ha sido el encargado de presentar un plan que, según la directora del diario Le Soir Béatrice Delvaux, ha convertido las elecciones de mayo de 2014 en un referéndum a favor o en contra de Bélgica Aunque no se habla expresamente de independencia de Flandes, se trata de una fórmula que la hace inevitable tras la desaparición de las actuales estructuras políticas estatales. La emergencia de las de las dos regiones plantearía a la UE la necesidad de definirse frente a una situación que afecta al territorio donde se encuentran sus instituciones. En los planes de los independentistas, la ciudad- región de Bruselas (que es el nudo gordiano del proyecto de los separatistas) desaparece como tal y se convierte en una entidad cogobernada por las dos comunidades, donde los ciudadanos deberían elegir con qué sistema de impuestos y prestaciones se quedan. El propio líder del partido N VA había presentado el lunes el capítulo socioeconómico de su programa que se centra en bajadas de impuestos, estímulo y liberalización económica, me- os independentistas flamencos han enseñado sus cartas. Por primera vez han puesto sobre la mesa abiertamente una propuesta basada en la idea de que el Estado belga se disuelva entre las competencias crecientes de las regiones y las supranacionales de la Unión Europea. La Nueva Alianza Flamenca (N VA) del alcalde de Amberes, Bart de Wever, ha publicado su programa para las elecciones generales de la primavera próxima, con la apuesta de que los resultados no permitan formar ninguna coalición sin contar con ellos. Los nacionalistas flamencos han seguido el mismo patrón que los demás movimientos equivalentes en Europa. En la anterior crisis política, que mantuvo al país sin gobierno más de 500 días, obligaron a los partidos flamencos más moderados a asumir la reclamación de una reforma del Estado que L diera más poder a las regiones. Las negociaciones fueron un encaje de bolillos en todas direcciones y obligaron a todos los partidos a hacer concesiones en asuntos como las circunscripciones electorales y la aplicación de la Justicia. Apenas aprobada la enésima reforma del Estado bajo la batuta de los nacionalistas, la N VA ha desenvainado otra vez el hacha de guerra y ha presentado sus nuevas exigencias, aunque esta vez no se contentan con medias tintas, sino que exigen que el Estado belga se difumine y que no tenga ni primer ministro ni gobierno formal. Sus competencias se limitarían a la Defensa y a la gestión de la deuda y aún con un horizonte temporal: 25 años para liquidar la deuda y crear un Ejército del Benelux El federalismo, que había sido la fórmula que todos creían que aplacaría a los nacionalistas, no ha sido suficiente: es demasiado complicado y caro para los independentistas, que ahora apuestan por la confederación que será más eficiente y menos costosa