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8 ENFOQUE SÁBADO, 2 DE NOVIEMBRE DE 2013 abc. es ABC El Día de Todos los Santos La respiración del mundo JOSÉ LUIS RESTÁN Es curioso cómo se degradan las palabras. Vamos, que tampoco soy un santo decimos frecuentemente para justificar cualquier error, malicia o debilidad. Qué diferencia con aquel Pablo de Tarso que escribía sin rubor a los santos de las iglesias esparcidas por la orilla del Mediterráneo, sabiendo que en ellas abundaban quienes no tenían sus papeles en regla. Los santos no son superhombres ni han nacido perfectos decía Francisco en esa extraña fiesta que conmemora una multitud ingente de hombres y mujeres cuyo principal acierto ha sido saber dónde ponían su confianza. En un momento de terrible peligro Tomás Moro interrumpió al duque de Norfolk para decir que la nobleza de Inglaterra se habría echado a sestear escuchando el Sermón de la Montaña, que es justamente el mejor retrato de lo que es el santo. El santo, en el fondo, es simplemente el hombre. El hombre que ve cumplida la expectativa de su corazón, que comprueba (incluso en medio de persecuciones y dolores) que era verdad la promesa de Cristo: el que me siga tendrá ¡aquí ya! el ciento por uno, y después la vida eterna. Sólo por eso pudo Moro poner su cabeza bajo el hacha del verdugo. Sólo por eso Madre Teresa se inclinaba sobre los moribundos en las calles de Calcuta y Javier dejó su señorío para acabar en una playa de China. Todos eran gente como nosotros, con alegrías, fatigas, traiciones, éxitos y fracasos. Gente que se ha topado literalmente con el amor de Dios presente, y se ha dejado formar por Él. Forman parte de esa hermosa cordada, de esa amistad misteriosa que se llama Iglesia. Como Matriona, aquella vieja retratada por Solzhenitsyn en cuya pobre casa se experimentaba ya la acogida del Cielo. Por eso son la respiración del mundo. REUTERS El Papa Francisco durante la Misa celebrada en el cementerio de Verano al sureste de Roma en el Día de Todos los Santos