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ABC SÁBADO, 2 DE NOVIEMBRE DE 2013 abc. es ENFOQUE 5 Los últimos recortes en Portugal han provocado una oleada de protestas sociales, como las registradas ayer en Lisboa EFE Estallido social en Portugal Esto sí es un rescate JAIME GONZÁLEZ Si a un portugués de los que ayer se echaron por decenas de miles a la calle le pidiéramos que explicara en 30 segundos las diferencias entre ayuda financiera y rescate, le sobraría tiempo. Le bastaría con alargar la mano y señalar un punto cualquiera del paisaje urbano de un país sometido a eso que la burocracia de la UE llamó condicionalidad macroeconómica y que se resume en un texto, redactado en inglés el 8 de abril de 2011, en el que todo es strong conditionaly Un portugués diría: Rescate es esto Y apuntaría después con el dedo al rostro descarnado del pueblo para explicar la diferencia. El importe total del rescate a Portugal fue de 78.000 millones de euros (el 31, 5 por ciento de su PIB) sujeto a un brutal plan de ajuste supervisado con idéntico celo por el FMI y la troika comunitaria, que establecieron un calendario por tramos de obligado cumplimiento. Cada examen a Portugal lleva nueve viene acompañado de recortes mayúsculos; el último, de los que dejan sin aliento: una rebaja del 10 por ciento a todas las pensiones superiores a los 600 euros mensuales, cantidad que en el caso de los funcionarios se verá reducida en un 12 por ciento. Las comparaciones son odiosas, tanto como la demagogia de quienes aún mantienen que ayuda financiera y rescate son la misma cosa. España dispuso de una línea de crédito de 100.000 millones para reflotar el sistema bancario, de la que ha utilizado 40.000 millones (el 3,7 por ciento de su PIB) Los fondos fueron exclusivamente europeos y, a diferencia de Portugal, sin strong conditionaly aunque eso sí en el texto hay una mención expresa al cumplimiento de los objetivos de déficit acompañada de la expresión already implemented (ya puestos en marcha) En Portugal, rescate no es un concepto polisémico, ni está sujeto a interpretaciones semánticas. Si a un jubilado portugués le dijeran mañana que su pensión se incrementará un 0,25 por ciento con carácter anual, no echaría muchas cuentas sobre lo que perdería en caso de que la inflación subiera por encima; si a los funcionarios lusos les congelaran el sueldo, estallarían de júbilo. En España, sin embargo, los ajustes del Gobierno son interpretados por los brujos visitadores como bocados al Estado del bienestar, un atentado social que demuestra la perfidia de un Ejecutivo insensible al sufrimiento. Solo los necios evitan mirar a las barbas del vecino antes que reconocer la verdad: que entre ayuda financiera y rescate hay un espacio tan grande que si les pusiéramos en fila todavía quedaría sitio para obligarles a tenderse a lo largo y observar de qué color es el cielo... en España y Portugal.