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32 INTERNACIONAL VIERNES, 1 DE NOVIEMBRE DE 2013 abc. es internacional ABC JOSÉ M. DE AREILZA LA GUÍA DEL ELEFANTE Es fácil admirar la metódica búsqueda de consensos entre dos grandes partidos alemanes por el bien de su país P Placa conmemorativa del cementerio judío de Mitte, en Berlín, donde fue enterrado el jefe de la Gestapo EFE El jefe de la Gestapo fue enterrado en un cementerio judío El cadáver de Heinrich Müller, sepultado en una fosa común, nunca fue hallado por los aliados MANUEL P. VILLATORO Son muchos los miembros de las fuerzas nazis que, tras la caída de Hitler, borraron sus huellas para huir de la Justicia aliada. Sin embargo, la desaparición de Heinrich Müller el último director de la Gestapo podría haber tocado a su fin, pues, según publica el diario alemán Bild el investigador Johannes Tuchel ha hallado documentos que atestiguan que el cadáver de este cruel oficial fue enterrado en una fosa común del cementerio judío de Berlín. El antiguo general de división Heinrich Müller se destacó como piloto en la Primera Guerra Mundial. Pero pronto se demostró que su futuro no estaba en los cielos, sino en el departamento de policía de su ciudad. En cambio, el destino quiso que, en 1933, un joven Adolf Hitler tomara las riendas de Alemania. Müller se subió entonces al carro del nazismo e ingresó en las SS, organización en la que su carrera se disparó. Tan solo cinco años después, fue nombrado jefe de la Gestapo, la policía secreta del Führer. Müller se convirtió entonces en un monstruo cuyos crímenes quedaron rubricados en las páginas de la Historia. Como jefe de la Gestapo tenía entre sus cometidos reprimir a los enemigos de Hitler en el exterior de Alemania, llevar a la práctica el exterminio de millones de judíos y espiar a decenas de personalidades y políticos europeos. Años después, este nazi tuvo que hacer frente a los últimos días del Reich y a la llegada de los soviéticos a Alemania, suceso que vivió junto a Hitler en Berlín. Es en ese punto donde se perdió su pista, ya que nunca fue encontrado por los aliados. Müller desapareció. Lo último que se sabe de él es que circulaba por el búnker de la Cancillería entre el 26 y el 30 de abril. Después nadie le volvió a ver, ni vivo ni muerto afirma en declaraciones a ABC Antonio Manzanera, autor de El informe Müller (Umbriel) Heinrich Müller EFE Extraña desaparición A Muller se le perdió la pista durante los últimos días del Reich. Nadie volvió a verle después A raíz de esa desaparición los soviéticos acusaron a los occidentales de proteger a Müller a cambio de sus informes de espionaje mientras que, por su parte, los americanos culparon a los rusos de habérselo llevado para que les entregara los archivos secretos del servicio de seguridad del Reich concluye Manzanera. Así, hasta que Tuchel ha afirmado haber encontrado varios documentos que atestiguan que el cuerpo de este oficial se halla en el cementerio judío de Berlín- Mitte. Concretamente, el investigador ha determinado que, en 1945, los aliados se toparon con un cadáver que portaba el uniforme de general y la hoja de servicios de Müller en el bolsillo y que, posteriormente, lo enterraron en una fosa común. aso a paso, las conversaciones para formar otra gran coalición avanzan en Berlín. Desde que en las elecciones de septiembre, se quedó a la puerta de la mayoría absoluta, Angela Merkel teje sin prisas la trama de un Gobierno estable con el SPD, con quien ya pactó en 2005 un mandato que le propulsó al liderazgo europeo. La ventaja de obtener mediante este pacto un claro predominio en el poder legislativo compensa el riesgo de dejar la oposición en manos de grupos pequeños, algunos de ellos, radicales. La negociación se parece más a una tediosa conferencia de expertos en política económica y social que a una pugna entre rivales políticos por conseguir más cuota de poder en el nuevo ejecutivo. El encargado en la americana NSA de escuchar estos días el móvil de Merkel puede morir de aburrimiento. Los programas electorales no son líneas rojas, sino puntos de partida para formular un consenso, con una versión final que, aun cuando se vote por cada formación política, se alejará de cualquier visión partidista y cerrada. El voluminoso contrato de coalición resultante se redacta para no humillar al socio menor del acuerdo, a las bases populares de la socialdemocracia alemana, aunque el prestigio de la canciller dentro y fuera es tal que contará con margen de maniobra ante los imprevistos de ruta. La reedición del gran pacto gusta mucho a los alemanes, tal vez porque entienden que es preferible aparcar diferencias ideológicas y son más conscientes de la magnitud de sus retos, desde acuñar otro diseño de la moneda común, a proseguir las reformas en su Estado de bienestar, sin perder el tren de la reindustralización, y exportar su made in Germany por Europa y el globo. La división de la eurozona en países acreedores y países deudores distorsiona las percepciones respectivas. Aún así, desde la realidad española es fácil admirar la metódica búsqueda de consensos entre los dos grandes partidos alemanes por el bien de su país.