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ABC LUNES, 28 DE OCTUBRE DE 2013 abc. es cultura CULTURA 59 Lejos del lado salvaje Muere Lou Reed literatura en la Universidad. Pero él fue el segundo en ser tragado por las sombras. Nico se había esfumado ya en Ibiza. Los dos genios del grupo, John Cale y Lou Reed, continuaron. Cada cual por su lado, vadearon los ochenta, acosados siempre por alcohol y opiáceos. Uno y otro dieron algún bandazo por bares ínfimos del Madrid de aquellos años. Parecían juguetes rotos. Y grandiosos. No he conocido una emoción más alta que la de escuchar, en un antro con nula acústica, entonar a Cale su inconcebible versión del Heartbreak Hotel. O de ver a Reed, en un inhóspito pabellón deportivo, sacudir su fragilidad para, febril animal de rock and roll, maldecir contra todo. ¿Conoce alguien, en la historia de la música de entonces, una delicadeza comparable a la de aquel Coney Island Baby del año 1975? En los noventa, Lou Reed se rehízo. Como se rehízo John Cale, quien meses después del follón de Reed del 91, presentaba, también en París, su obra maestra: Fragments of a Rainy Season. En un precioso teatro rococó de la Avenue Montaigne. Por aquel tiempo, Reed jugaba con su boutade favorita: Ahora que tengo hijos, sí que sé lo que es el lado salvaje Ambos hicieron música prodigiosa. Y desesperada. Parecían a salvo. Y tal vez Lou creyó poder ganar la mágica partida: desvanecerme, contar hasta cinco, darme la vuelta y encontrarme con que no estoy, volar en la tormenta y despertarme en la calma Pero no, el odio de este cuerpo doliente, que la enfermedad lentamente ha desgastado no tiene más fin que el fin. No hay milagros. Sólo la puta muerte la que siempre gana sonríe y me disuelve en la bruma GABRIEL ALBIAC ...Y DISOLVERME EN LA BRUMA M Última visita a Madrid Hace ahora un años, Reed vino a Madrid para exponer sus fotografías, una actividad a la que dedicó mucho tiempo en años recientes, y para un concierto que finalmente fue aplazado. Se mostró huraño ante la prensa, aunque concedió algunas mini- entrevistas agician, magician... Hechicero, hazme volar sobre tus alas Era el otoño de 1991 en París. Lou Reed iniciaba la más estremecedora de las canciones del fúnebre Magic and loss, canto a la magia y la pérdida del amigo arrebatado por el cáncer. No hay que reprochárselo a los asistentes: aquello era rock and roll y nadie viene al rock and roll más que para pegar botes. El viejo superviviente paró en seco a su banda: Los que quieran bailar, pueden marcharse. En taquilla les devolverán el precio de su entrada. Los otros, que se queden Aquellos que aguantaron el envite, pudieron asistir a uno de los momentos más elegíacos de este rock and roll para viejos navegantes de todas las tormentas. Veinticinco años antes y en Nueva York, una banda cuya cantante apenas se sobreponía al estruendo, iniciaba su paseo por las químicas peligrosas. Venían de la Factory de Warhol, y todos sabían la deuda de transgresión a la que eso forzaba a su Velvet Underground. Por entonces, la heroína era único amante y amigo por entonces, sólo había lado salvaje Todos fueron atrapados en el exceso. La bellísima Nico abandonaría enseguida el grupo: para grabar salmodias, cada vez más tenebrosas. Sterling Morrison optaría por la apuesta menos arriesgada: ser profesor de glam- rock y se nos presenta como un perdedor como un ser marginal que intenta sobrevivir a sus vicios. Para ello viaja hasta Berlín para darse otro paseo por el lado salvaje, aunque en realidad no salió de Nueva York. Coros y cuerdas acompañan este paseo depresivo que, sin embargo, se abre con un Cumpleaños feliz que parece más bien una oda fúnebre. Al fin y al cabo, se trata de las experiencias de una prostituta llamada Carolina, que acaba suicidándose al final del álbum. Así de crudo, y así de hermoso fue el resultado final. Contó con las colaboraciones de Steve Winwood al teclado y de Jack Bruce (compañero de Eric Clapton en Cream) al bajo. Un disco que recuperó en 2006 para llevarlo íntegro al directo y publicado al año siguiente. 4. New York (1989) Fue el regreso de Lou Reed al sonido urbano que tan buenos réditos artísticos le habían reportado. Nueva York es para Lou Reed más o menos lo que representa para Woody Allen y Martín Scorsese. Una inspiración y una ciudad inseparable del personaje. La portada, con el músico frente a un muro vestido de cuero negro, ya anticipa el contenido. A finales de los 80, la escena musical está un tanto perdida. Las nuevas olas que arrasaron el panorama durante la década ya están en decadencia, y en eso emerge Lou Reed, tras unos años también un tanto perdido, con lo mejor que sabe hacer, darle a la guitarra y al sonido crudo. Había experimentado el lado salvaje en carne propia y ahora podía hablar como espectador de lo que ocurría en los bajos fondos. Su primera canción Romeo had Juliette no es una balada romántica, sino que nos sumerge desde ese momento en las alcantarillas. 5. The Raven (2003) Lou Reed ya se había convertido en un intelectual (ya había firmado POEtry y en The Raven se dedica a homenajear a Edgar Allan Poe y su poema El cuervo En el disco, que le llevó cuatro años de trabajo, aparece un primerizo Anthony Hegarty que en realidad fue descubierto por Lou Reed. Pero también contó con otro sinfín de colaboradores, como Willem Dafoe, David Bowie que no trabajaba con él desde Transformer Steve Buscemi, el músico de free jazz Ornette Coleman, The Blind Boys of Alabama y su pareja, Laurie Anderson. El hombre que había emergido de la oscuridad se dedica a glosar al poeta de lo tenebroso. Quizás en un momento en el que parecía que ya había dicho todo lo que tenía que decir, volvió a ofrecer un trabajo genial, lleno de cambios estilísticos que se internan incluso en la electrónica o el gospel.