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10 ENFOQUE LUNES, 28 DE OCTUBRE DE 2013 abc. es ABC Muere Lou Reed Estrella de otro cielo JESÚS LILLO ISABEL PERMUY Lo fue todo, pero al final solo quiso ser el marido de Laurie Anderson, y también el alumno de un pintoresco maestro de taichi al que de vez cuando sacaba al escenario. Antiestrella del rock, Lou Reed hizo y deshizo su carrera hasta que, de forma premeditada, se quedó solo, en el silencio y el lento movimiento de un arte marcial que representa el anverso de la distorsión, sonora y emocional, que patentó a finales de los años sesenta y a la que no dejó de dar vueltas de cuerda y tuerca. Maleado de origen, comercializado en quince minutos por Andy Warhol y cruzado con la vanguardia académica que aportaba un John Cale contaminado por Fluxus, Reed mostró desde muy joven su inquietud por explorar un lado oscuro en el que se dejó la vida y donde decidió aniquilar, pieza por pieza, su inexistente figura pública. Lou Reed escribió algunos de los versos más hermosos de la historia del rock y compuso estribillos de adhesión inquebrantable, pero de inmediato ignorados apartados a patadas y golpes de pedal de un repertorio que rara vez entregó al negocio de la nostalgia. El autor de Sunday Morning es también el creador, solo nueve canciones más allá, de European Son Concibió Berlin como una conmovedora ópera del desahucio y, dos años después, presentó su Metal Machine Music Todo sucio y emborronado. Vuelta a empezar. Así hasta el final, con esa Lulu que descuartiza la belleza contenida en sus dos discos fúnebres, Magic And Loss y Songs For Drella A Lou Reed se le puede caricaturizar de mil maneras distintas, a la altura de Heroin o del interminable tarareo de su Walk on the Wild Side pero no atrapar en el esquema que buscan, perfectamente formateado y perfilado, repetido para satisfacción del público, los aspirantes a estrella del rock. Él no está en ese cielo. CULTURA La última tarde de Lou en Madrid Hace un año, Lou Reed concedió a ABC su última entrevista, siete minutos de tensión, marca de la casa, en los que el genio neoyorquino hizo gala de su escaso afecto por los medios