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DOMINGO 27.10.2013 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena, 7, 28027 Madrid. Diario ABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 35.731 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Publicidad 902 334 556 Suscripciones 901 334 554 Atención al cliente 902 334 555. AGUSTÍN IBARROLA, artista plástico Españoles Retratos de ÁLVARO YBARRA ZAVALA Corazón de roble Por IGNACIO CAMACHO A Agustín Ibarrola, como buen vasco, le gusta hablar con las piedras y los árboles; escuchar en el bosque sus voces misteriosas e interpretar sus secretos deseos. Por eso los pinta de colores como si dibujara sobre ellos los contornos de su alma inmóvil y construyese a medias con la naturaleza esculturas del tiempo. Antes de esa especie de comunión panteísta fue un pintor de rasgos sociales que introdujo en España la estética del constructivismo: una herencia de la revolución comunista en la que ciertos artistas de vanguardia creyeron encontrar la expresión formal de su compromiso, el molde estético de su activismo ideológico. Huésped reincidente de las cárceles del franquismo, tal vez lo último que pensara entonces fue que una vez llegadas las libertades tendría que seguir luchando por la democracia. Pero tras el totalitarismo de la dictadura le tocó enfrentarse al delirio excluyente del terror étnico. Sus obras mutiladas por la barbarie son la más valiosa creación simbólica de un nuevo concepto de la independencia del arte. Desde su indeclinable coraje moral, el octogenario Ibarrola se ha convertido en uno de los emblemas de la resistencia civil contra el desvarío de la sangre; acostumbrado a desobedecer ha levantado una muralla de humanidad frente al designio de la violencia. Y ahí sigue, incólume a la amenaza y al chantaje, como un labriego de esperanzas que buscará hasta el último suspiro el diálogo del espíritu con las formas, ajeno al ruido de la brutalidad que en vano quiso alterar el pulso sereno de su indómito corazón de roble.