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ABC DOMINGO, 27 DE OCTUBRE DE 2013 abc. es madrid MADRID 81 Un año después Caso Madrid Arena SUPERVIVIENTE DE LA AVALANCHA cha desde el botellón al interior del perímetro del recinto municipal. Niega que los jóvenes se saltaran a la torera el Alejandra, con control de entradas en el Madrid masa, como defiende que Arena al fondo, ocurrió el principal acua donde no sado en el caso, el emprehabía vuelto sario Miguel Ángel Flores. desde el suceso La siguiente sorpresa fue que, una vez cruzada la explanada entre el control de entradas y el pabellón, no les dejaron acceder por la puerta principal. Nos desviaron por la izquierda mientras gritaban: ¡Vamos, vamos! Nos metieron por un subterráneo como si fuéramos burros, y salimos directamente a la planta donde está la pista, al piso 0 Botellón en e l parking Aleja Recuerda cómo luego escon una amig ndra se tomó a justo antes esta foto taba en la parte superior de de entrar en el Arena las escaleras que daban a la parte del vomitorio mortal, en el anillo que circunda la pista central: Me asomé y vi a tanta gente... Las dos escaleras estaban colapsadas. Bajé con mis amigos por el lateral y debió de ser cuando empezó la avalancha, pues sentí como si me arrastrara una marea. Eras como un bicho, un títere Y se vio dentro del pasillo, en pleno tapón. Consiguió atravesarlo, pero nada más llegar al umbral de la pista central, quedó atrapada. Lo que no sabía era que había gente que estaba saliendo. Me quedé sola en la entrada de la pista. Aoki ya estaba tocando. Veía cómo venían manadas de gente hacia mí y me quedé aprisionada contra una de las barras de bebidas. Me caí y los propios camareros se ponían nerviosos, porque veían cómo la barra se vencía Y así ocurrió. La barra se vino al suelo, y bajo ella, Alejandra: Sentí una quemazón desde la cabeza al coxis. Entre todos los camareros levantaron la barra a pulso y me dieron con ella en la cadera. Me vi tan acorralada, que no sabía adónde ir Pero la pesadilla no hacía más que empezar. Porque, a la desesperada, Alejandra volvió a meterse en el pasillo. Fue peor aún. Sólo veía a gente contra mí y sentía golpes. Me quedé parada a la izquierda del túnel y la gente no paraba de empujar. Yo no conseguía ver por qué no nos dejaban avanzar. Estábamos atrapados como ratas. ABC En unos 4 metros cuadrados había treinta personas o más, como lonchas de carne. Me quedé inmovilizada contra la pared. Una chica a mi lado no paraba de gritar: ¡Me voy a morir! Aquello era una locura. Estaba tan aprisionada contra la pared, que no pisaba el suelo, tenía los pies en el aire. Para colmo, había pegado a mí un chaval disfrazado de hamburguesa, que gritaba: ¡Por favor, me estoy asfixiando! Entre tanta histeria, había también momentos de cordura y solidaridad. Alejandra explica que los chicos se ponían detrás de las niñas que estaba contra la pared, para protegerlas y aliviar la falta de aire. ¡Hay niñas muertas! Encima, a los 20 minutos de estar así, empezó a entrar humo. Creí que me iba a morir quemada o asfixiada, no sabía que eran petardos. Los de los chalecos reflectantes chillaban: ¡Para atrás! ¡Que hay niñas muertas! ¡Y yo ni siquiera tenía los pies en el suelo! Sentí cómo mi cuerpo se iba apagando, como sueño, porque no me llegaba el oxígeno. Pensé que, si me desmayaba, iba a morir pisoteada sola en una fiesta y contra la pared. Éramos como animales. En situaciones así te surge el instinto animal: sólo pensaba en respirar, sobrevivir como fuese, y te da igual el resto de la gente confiesa. Entonces, el azar quiso que entre la montonera viese a un chico de Pozuelo, donde ella vive, al que acompañaba otro joven alto. Tiraron de mí y me quitaron de la pared. Otro chaval, con un ataque de ansiedad, me tiró del pelo. Mucha gente se quitaba la ropa. Yo me quedé en tirantes. Lo perdí todo, menos el móvil. Oía gritar: ¡Mi amiga se muere! Alejandra terminó subida en lo alto de una de las puertas de emergencia. Literalmente. Desde ahí arriba vi cómo sacaban a una de las niñas. Me quería morir. Estábamos destinados a la muerte. A los diez minutos, un vigilante tiró de mí y me volvió a lanzar dentro de la pista La gente que disfrutaba del Dj ni se había enterado. Hasta un portero me dijo: ¿Te han pegado? Lo que se encontró fuera fue gente sin zapatos, llorando, con cortes, la ropa rota, y la piel y los pelos arrancados. Estuvo 15 minutos en shock, hasta que oyó: ¡Pum! Era una chica. Estaba verde. Creo que se le había caído a un vigilante Alejandra acabó con cervicalgia, dorsalgia postraumática, contusiones, aplastamiento del tórax... Sigue con ansiolíticos y somníferos, yendo al psiquiatra. Si alguien se me echa encima, me desquicio. Me sentía en peligro constante. No he vuelto a ir a una macrofiesta y ni a una discoteca. En los centros comerciales me echaba a llorar y he llegado, en pleno atasco, a sentir agobio escuchando los pitidos, salir del coche, sentarme en el arcén y llamar a mi padre Hay que depurar responsabilidades. Quiero ver a gente encerrada y que pague por lo que ocurrió sentencia. Es una de las 43 lesionadas Quiero ver a gente encerrada y pagando por lo que ocurrió. Hay que depurar responsabilidades IGNACIO GIL