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80 MADRID Caso Madrid Arena Un año después Contra lo dicho por Flores Fiscal y acusaciones niegan que miles de chicos se colaran en el recinto desde el botellón exterior Minutos después, vuelve a cerrarse esa rampa y se reabre la entrada principal de público. Esta operación se repite tres veces. Van llegando las tres de la mañana, Steve Aoki va a empezar su actuación y el grueso del público quiere entrar en el Arena. Por eso, los organizadores no tienen otra idea mejor que meter a cientos de jóvenes por la entrada de los camiones al muelle, que les lleva directamente a una pista saturadísima, sin pasar por ninguna entreplanta que los redistribuya de manera más racional. Lo mismo ocurre por otra entrada no preparada para ello, el llamado muelle mónico. La tragedia está servida. La muerte llega a la fiesta. DOMINGO, 27 DE OCTUBRE DE 2013 abc. es madrid ABC ABC HABLA CON UNA pabellón Satélite del Arena, que la empresa utilizó como almacén- oficina, pese a no estar dentro del alquiler. El joven, de 19 años, especificó que no existía ningún control sobre bolsos ni mochilas y que sabía que se habían metido petardos, bebidas alcohólicas y bengalas Tampoco solicitaban el DNI y entraron muchos menores Belén Langdon, otra de las fallecidas, tenía 17 años. Hay un punto esencial en el que la Fiscalía y las acusaciones no se ponen de acuerdo con la defensa de Flores, por razones evidentes: si hubo causa- efecto entre el botellón y la tragedia. El promotor llegó a declarar en sede judicial que entre 2.000 y 4.000 personas asaltaron el pabellón desde el exterior, colándose de manera indiscriminada. Para Flores es una manera de explicar el exceso de aforo. Para los abogados de las víctimas, la principal razón por la que hay que imputar a la cúpula de la Policía Municipal es por la falta de previsión en el dispositivo y por la escasez de agentes desplegados, amén de la pieza separada por una supuesta falsedad documental de la minuta de esa noche; pero la Fiscalía, ciñéndose a las imágenes de las cámaras de videovigilancia, mantiene que no hubo tal entrada en tropel. La muchísima gente de más que había dentro del Madrid Arena se debe sola y exclusivamente a la venta excesiva de entradas por parte del organizador. No he vuelto a una discoteca y sigo en el psiquiatra ALEJANDRA LOZANO. ESTUDIANTE, 19 AÑOS Nos metieron por una rampa, como si fuéramos burros. Estábamos destinados a la muerte relata CARLOS HIDALGO MADRID Baja a la enfermería El agobio entre los chavales de la pista crece por segundos. Demasiada gente. No pueden apenas moverse. Entre ellos están las fallecidas. Deciden salir por el único vomitorio que ven abierto, justo en la parte opuesta al escenario. De los tres que hay en ese flanco, es el del centro. Pero la gente se agolpa. Más y más gente. Muchos con disfraces, es Halloween. Rocío, Katia, Cristina, Teresa y Belén son de las primeras del pelotón. Sigue saliendo gente de la pista. Empujan. Cada vez más. También en sentido contrario. Caen al suelo. Y, sobre ellas, más y más chavales. Son las 3.35 de la madrugada del Día de Difuntos. Al otro lado del epicentro de la muerte, miles de jóvenes bailan al son de Steve Aoki. Miguel Ángel Flores disfruta del concierto en la zona VIP, arriba del todo. Todo era normal diría horas después a la Policía. Hasta que a las 4 de la madrugada, suena su teléfono móvil. Es su director general, Santiago Rojo: Miguel Ángel, baja a la enfermería Rocío y Katia murieron en ese botiquín Una sobre la única camilla. La otra en el suelo, según el jefe de guardia del Samur esa noche, Antonio Sanjuán. Cristina pereció en la ambulancia, camino del Hospital Clínico. Era un código 9, lista para donar sus órganos. A Belén la mantuvieron con vida hasta que dos días después su padre pudo aterrizar desde Brasil. Teresa aguantó 29 días. Enseguida, un tsunami político que se llevó por delante a cuatro concejales y desbarató Madridec. Pero la hora del remedio ya había pasado. Una ratonera Numerosos testimonios confirman otro aspecto resaltado por el amigo de Rocío Oña: las puertas de emergencia estaban cerradas. También, como quedó claro durante la posterior inspección ocular de la comisión judicial, los vomitorios de la planta cero del pabellón, donde tuvo lugar el suceso, estaban cerrados o taponados por barras de venta de bebidas, a excepción de dos, entre ellos el de la avalancha. Este es el panorama a la una y media de la madrugada, según el informe de la Policía Científica resultante del análisis de las cámaras de videovigilancia. La afluencia de gente en el vestíbulo de entrada se incrementa rápidamente. Son las 1.07 horas del 1 de noviembre A la una y media, dice el informe, la pista está abarrotada de gente. A las dos se produce el primer movimiento peligroso. Alguien da la orden de que se retiren las vallas que dan acceso directo desde la explanada exterior del pabellón al muelle de carga. n el vomitorio del Madrid Arena volví a nacer Alejandra Lozano tiene 19 años y la madrugada de Halloween de 2012 pasó cerca de una hora atrapada entre la montonera de gente y la pared de la ratonera donde murieron cinco chicas. Pese a todo, me siento afortunada. Poca gente murió allí para lo que ocurrió nos cuenta cuando, un año después, aún sufre las secuelas de la tragedia. Siento rabia e impotencia. Quiero ver a gente encerrada y que pague por lo que pasó dice, sin apenas atisbo de rencor en su voz, pero con contundencia, a la vez que muestra todo su apoyo a las familias de las cinco niñas muertas. Sabe que estuvo a punto de ser una de ellas. Estuve a punto de no ir porque unos días antes había estado enferma del estómago. Pero como era el cumpleaños de una amiga, fui. Me tomé sólo una botella de Aquarius, y, según me dijo luego el médico, esa fue una de las cosas que me salvó recuerda. Alejandra fue una de las muchas personas que, hasta el inicio de la actuación del Dj Steve Aoki, permaneció en el parking exterior del recinto. E Eras como un títere No estaba como siempre, sino mucho más lleno. En el camino entre el parking y la valla de entrada ya había cola y cuando entramos en el recinto había más gente. Decidimos ir al interior a las 3.05. Cuando llegamos al lugar donde supuestamente nos debían cachear, sólo nos cogió la entrada un chico que tenía chaleco reflectante No les devolvió el resguardo del tique, así que una amiga que los coleccionaba se lo pidió al portero, que le espetó: ¡No, niña, entra! Vi que dejaban las entradas debajo del mostrador, pero apiladas. Sospecho que las debían de revender, aunque no lo vi. Lo que sí presencié era cómo gente que estaba en el exterior de la valla pedía entradas Deja una cosa clara: no hubo avalan- Una de las 16.841 entradas vendidas para la fiesta mortal