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42 ESPAÑA DOMINGO, 27 DE OCTUBRE DE 2013 abc. es españa ABC Los padres de Asunta, imputados por asesinato, se adaptan a la vida en prisión; él mantiene entereza absoluta Basterra levanta pesas y Porto limpia el comedor CRUZ MORCILLO MADRID R osario Porto espera a que acaben sus más de cincuenta compañeras (asesinas, ladronas, mulas el almuerzo y se enfunda los guantes. No está acostumbrada y le disgusta hacer de asistenta. Considera que es un exceso y un trabajo muy duro: le han asignado la limpieza del comedor del módulo de mujeres de Teixeiro. Tres veces al día (desayuno, comida y cena) debe cumplir con su encomienda, además de arreglar su celda como todas. Son las reglas de la cárcel y hay que cumplirlas. Nada de privilegios. Esos solo existen en libertad. Pero la mujer, imputada por el asesinato de su hija Asunta, se adapta. Ha cambiado sus trajes sastre de cuando ejercía la Abogacía y era cónsul honoraria por ropa de trapillo, algunas prendas prestadas por el propio centro, dado que ingresó con lo puesto y no recibe más que la visita de su abogado. En la otra punta de la cárcel, tras el desayuno y en las largas horas de la mañana, su exmarido Alfonso Basterra se entrena sin pausa en el gimnasio del módulo de enfermería, acoplado también a la rutina de los muros, con sus horas de patio y sus nuevos compañeros. No es verdad que esté deprimido. No lo ha detectado el médico ni el psicólogo. Su relación con el resto de presos y con los funcionarios es absolutamente normal detallan fuentes de la investigación. Sin privilegios Porto no disfruta de ningún privilegio en la cárcel, como se ha dicho; el ejemplo es la tarea que se le ha asignado, limpiar tres veces al día Ropa prestada En los primeros días, dadas las circunstancias de su detención, el centro penitenciario tuvo que prestar ropa a la interna, que no recibe visitas de amigos ni familiares Protocolo antisuicidios Basterra tiene aplicado el protocolo de prevención de suicidios, como su exmujer, aunque no parece necesitarlo dado su buen estado anímico No se comunican Porto y Basterra no se comunican en prisión; no tienen derecho, dado que están divorciados legalmente Posicionamientos Los investigadores sospechan que dejaron los teléfonos en sus casas de forma deliberada para sembrar dudas Los padres de Asunta, en una imagen de archivo De asesina a una más Ella lo pasó mal los primeros días, se la veía rota y llorosa, sentía miedo en ese entorno hostil en el que fue recibida al grito de asesina y entre un coro de insultos. Ahora se ha recompuesto; el resto la trata con la deferencia o indiferencia habitual entre rejas. Es disciplinada y no quiere conflictos en prisión, pero cada vez está más rota y desconfiada apunta su abogado a quien hasta ahora se le han denegado todos los recursos presentados y se ve obligado a construir su defensa con una imputación por asesinato a ciegas, debido al secreto de las actuaciones. Porto ni se ha hecho amiga de asesinas condenadas, como se ha contado, ni disfruta de ningún privilegio. No la ha visitado el fiscal ni el juez de vigilancia penitenciaria; tampoco la ha recibido el director de Teixeiro, aunque es una pretensión que tiene como tantos internos y un derecho al que puede recurrir mediante una instancia. Esta semana salió a la luz una carta redactada supuestamente por dos presas que denunciaban el trato ventajoso dispensado a Porto. Una argentina, que ya solo dormía en prisión, pero ha vuelto a segundo grado tras dejar de asistir a un curso obligatorio, y una ecuatoriana son las autoras de la misiva. Ninguna es presa sombra de la madre de Asunta, pero creyeron ver una oportunidad de mejorar sus condiciones o adquirir un minuto de fama a través de esa misiva plagada de falsedades. Porto y su exmarido no se han visto en prisión, sí en sus comparecencias ante el juez José Antonio Vázquez Taín y en el último registro de la finca de Teo, ordenado por este, en busca de un par de evidencias que se pasaron por alto las veces anteriores. El comportamiento de Basterra en la cárcel ha sido monocorde. Si está en la enfermería es porque este es el módulo (un calco del resto) donde en la prisión coruñesa de Teixeiro se destina a los internos masculinos a quienes se aplica el protocolo de prevención de suicidios. El control es más fácil. Es la única razón. Cierto que ha causado sorpresa la entereza del padre, pero el protocolo se le seguirá aplicando (a ambos) dadas las características de los hechos que se les imputan. Cada uno comparte chabolo con un interno de confianza de la prisión, reos con delitos menores, a quienes sustituyen otros cuando por ejemplo los de cabecera salen para recibir visitas de sus parientes o abogados. Los padres llevan entre rejas una vida normal, con las especificidades que esa normalidad encierra cuando se está privado de libertad. Ambos reciben las visitas de sus abogados, no de amigos ni parientes. Las del letrado José Luis Gutiérrez Aranguren a Porto son frecuentes y extensas. En una de ellas, Porto pidió al abogado que recogiera las cenizas de su hija de la funeraria, un encargo que Aranguren y una amiga de Rosario llevaron a cabo el jueves. No necesitamos teléfonos Las defensas recurrieron a la Audiencia de La Coruña para que se levante el secreto del sumario, pero les fue denegado. El juez instructor está a la espera de recibir esta semana resultados pendientes que se consideran imprescindibles y a partir de ahí decidirá si pone fin al secreto de las actuaciones. Uno de esos informes se refiere al posicionamiento de los teléfonos de los padres. Sus móviles no les sitúan en el escenario donde apareció el cádaver de la pequeña, pero los investigadores sospechan que dejaron los teléfonos en sus casas de forma deliberada. Una sospecha que se extiende también a la mancha de semen hallada en la sudadera de la pequeña. En este caso no necesitamos los teléfonos para situarlos donde sabemos que estuvieron señalan fuentes de la investigación.